Volvio a ponerse el puro en la boca y me la miro.

– Sigue hinchada -dije-; de orgullo, seguramente. Le di mas fuerte de lo que debia. Al menos es lo que dice la mano.

– Tonterias. Apenas lo ha rozado. Es tan grande como usted. Si llega a meter el hombro tambien, seguro que le rompe la mandibula, pero tranquilicese, se lo tenia merecido, aunque quien iba a imaginarse que vendria tan bien presentado para regalo. Un punetazo verdaderamente bonito, eso fue lo que lo tumbo, amigo mio. Deberia entrenarse. Para boxear, quiero decir. Un tipo como usted tendria verdaderas posibilidades, con el entrenador adecuado, claro esta. Tal vez yo. Hasta podria sacarse algun dinero.

– Gracias, pero no, muchas gracias. El dinero echaria a perder la diversion. En lo que hace a dar punetazos, soy aficionado estricto y quiero seguir siendolo. Por otra parte, mientras anden los nazis por aqui, siempre sere subcampeon.

– Entendido. -Sonrio-. No parece que se la haya fracturado, pero puede que le duela un par de dias. -Me devolvio la mano.

– ?Donde vive Solly ultimamente?

– Vivia aqui -dijo, avergonzado-, en un par de habitaciones que hay encima del gimnasio, pero, cuando se quedo sin esto, tambien se quedo sin casa. Lo ultimo que supe de el es que vivia en una tienda de campana en el bosque de Grunewald, con unos cuantos judios mas que lo habian perdido todo con los nazis, pero eso fue hace seis o nueve meses, conque puede que ya no este alli. -Se encogio de hombros-. Pero, claro, ?donde iba a ir? En este pais, la verdad, no hay asistencia social para judios y ahora el Ejercito de Salvacion es casi tan nefasto como las SA.

Asenti y le devolvi la bolsa de hielo.

– Gracias, mister.

– Si lo ve, dele recuerdos de mi parte, de parte de Buckow, como la ciudad, pero mas feo.

15

Encontre a Mistress Charalambides enfrente de KaDaWe, mirando fijamente una nueva lavadora Bosch de gas con rodillos de escurrir incorporados. No era la clase de mujer que pudiese imaginarme usando una lavadora. Seguramente pensaria que era un fonografo: se parecia mucho a un fonografo.

– La verdad es que, cuando falla la razon, los punos son muy utiles -dije.

Me miro un momento a los ojos, en el reflejo del escaparate, y enseguida volvio a ensimismarse con la lavadora.

– A lo mejor deberiamos comprarsela al tipo ese del gimnasio, para que se lave la boca -dije a modo de debil desagravio.

Tenia los labios apretados, como si quisiera impedir que se le saliesen los pensamientos por la boca. Me puse de espaldas al escaparate, encendi un cigarrillo y me quede mirando Wittenbergplatz.

– Antes esto era un sitio civilizado, la gente siempre se comportaba con amabilidad y educacion o, al menos, casi siempre; pero la gentuza como ese tipo me recuerda que Berlin no es mas que una idea que tuvo un eslavo polabio en una cienaga.

Me saque el cigarrillo de la boca y mire el cielo azul. Hacia un dia precioso.

– Parece imposible que haga un dia tan bonito. Goethe tenia su teoria sobre el motivo de que el cielo fuese azul. No creia en la de Newton, que la luz es una mezcla de colores: pensaba que tenia que ver con la interaccion de la luz blanca y su opuesta, la oscuridad. -Di una fuerte calada-. Alemania esta muy oscura, ?verdad? Quiza por eso este el cielo tan azul. Puede que por eso digan que este tiempo es hitleriano, por lo oscuro que es.

Me rei yo solo, pero estaba diciendo tonterias.

– La verdad es que deberia usted ver el bosque de Grunewald en esta epoca del ano; esta precioso en otono. Podriamos ir ahora. Por otra parte, creo que le seria muy util para el articulo. Al parecer, el Turco se ha ido alli a vivir, como muchos otros judios, segun me han dicho. O son naturalistas curtidos o los nazis piensan construir alli otro gueto… o las dos cosas, tal vez. Mire, si le apetece hacer de naturalista un rato, a mi tambien.

– ?Es que tiene que tomarselo todo a risa, Gunther?

Tire el cigarrillo.

– Solo lo que no tiene ninguna gracia, Mistress Charalambides. Por desgracia, es lo que mas abunda en la actualidad. Vera, es que me preocupa que, si no bromeo, me confundan con un nazi, porque, digame: ?alguna vez ha oido contar un chiste a Hitler? Pues yo tampoco. Si contase alguno, puede que me cayese mejor.

Siguio mirando fijamente la lavadora. Por lo visto, todavia no estaba preparada para sonreir.

– Lo provoco usted -dijo, y sacudio la cabeza-. No me gustan las peleas, Herr Gunther, soy pacifista.

– Estamos en Alemania, Mistress Charalambides. La pelea es la forma de diplomacia que preferimos, eso lo sabe todo el mundo, pero resulta que tambien yo soy pacifista. A decir verdad, lo unico que pretendia era poner la otra mejilla, como dice la Biblia, y, en fin, ya vio lo que paso. Consegui darle dos veces antes de que me pusiese la mano encima. Despues, ya no me quedaba mas remedio que seguir. Al menos, segun la Biblia: dad al Cesar lo que es del Cesar. Eso tambien lo dice, conque obedeci y se lo di: su merecido. ?Dios! A nadie le gusta la violencia menos que a mi.

Intentaba mantener los labios apretados, pero no lo consiguio.

– Por otra parte -anadi-, no me diga que no le entraron ganas de sacudirle usted tambien.

Rompio a reir.

– Si, es verdad. Era un cabron y me alegro de que le diese, ?de acuerdo? Pero, ?no es peligroso? Es decir, podria acarrearle problemas y no quisiera que fuese por culpa mia.

– Le aseguro que para eso no la necesito, Mistress Charalambides. Se hacerlo muy bien yo solo.

– No me cabe la menor duda.

Sonrio de verdad y me tomo la mano herida. No estaba exactamente encogida, pero seguia congelada.

– Esta helado -dijo.

– Pues tendria que ver al otro tipo.

– Prefiero ver Grunewald.

– Con mucho gusto, Mistress Charalambides.

Volvimos al coche y nos fuimos en direccion oeste por Kurfurstendamm.

– Mistress Charalambides… -dije al cabo de uno o dos minutos.

– Es un escritor grecoamericano famoso, mucho mas que yo, al menos en los Estados Unidos, aunque aqui, no tanto. Escribe mucho mejor que yo, o eso dice el.

– Hableme de el.

– ?De Nick? Le he dicho que es escritor y no hay nada mas que saber de el, salvo sus ideas politicas, quiza. Es izquierdista, bastante activo. En estos momentos esta en Hollywood intentando escribir un guion, pero reniega hasta del ultimo minuto que pasa alli. No es que no le guste el cine, pero aborrece estar fuera de Nueva York. Alli fue donde nos conocimos, hace unos seis anos. Desde entonces, hemos pasado tres anos buenos y tres malos, parecido a la profecia de Jose al faraon, pero ni los buenos ni los malos han sido consecutivos. En estos momentos, vivimos un ano malo. Es que Nick bebe.

– El hombre siempre debe tener alguna aficion. La mia son los trenes de juguete.

– Es mas que eso, me temo; lo ha convertido en una profesion; incluso escribe sobre ello. Se pasa un ano bebiendo y, al siguiente, lo deja. Probablemente piense usted que exagero, pero no es asi. Puede dejarlo el primero de enero y volver a empezar en Nochevieja. No se como, pero tiene fuerza de voluntad para resistir exactamente trescientos sesenta y cinco dias bebiendo o sin beber.

– ?Por que?

– Por demostrar que puede… por hacer la vida mas interesante… por fastidiar. Nick es enrevesado, las cosas que hace nunca tienen una explicacion sencilla; menos aun, las mas sencillas de la vida.

– Es decir, ahora bebe.

– No, ahora es abstemio, por eso estamos pasando un ano malo. Da la casualidad de que a mi me gusta tomar algo de vez en cuando, pero no soporto hacerlo sola. Ademas, cuando esta sobrio es un pelmazo y cuando bebe es absolutamente encantador. Ese es uno de los motivos de mi viaje a Europa: quiero tomarme un trago en

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