no hablar de la mujer de la que te estas enamorando.

16

Devolvimos la lancha y regresamos al coche. Partimos en direccion este y entramos en Berlin, en calles llenas de gente silenciosa que probablemente no querian saber nada los unos de los otros. Nunca habia sido una ciudad muy cordial. La hospitalidad no es una caracteristica destacable de los berlineses, pero ahora parecia Hamelin sin ninos. Todavia quedaban las ratas, claro.

Hombres respetables, con sombrero de fieltro bien cepillado y cuello de tirilla, volvian rapidamente a casa despues de pasar un dia respetable mas procurando no ver a los gamberros que se empenaban en plantar sus sucias botas en los mejores muebles del pais. Los cobradores de los autobuses sacaban como podian medio cuerpo fuera de la plataforma para evitar la menor posibilidad de conversacion con los pasajeros. En esa epoca nadie queria manifestar su opinion. Eso no lo especificaba en las guias Baedeker.

En la parada de taxis de la esquina de Leibnizstrasse, los conductores cerraban la capota de cuadros de sus vehiculos: senal inequivoca de que la temperatura descendia. Sin embargo, el frio todavia no era tanto como para desalentar a un trio de hombres de las SA, que, con gran valentia, no cejaba en su vigilante boicot a una joyeria de propiedad judia que habia cerca de la sinagoga de Fasanenstrasse.

«?Alemanes, defendeos! ?No compreis en comercios judios! ?Consumid solo productos alemanes!»

Con sus botas marrones de cuero, sus cinturones cruzados marrones de cuero y sus caras marrones de cuero, iluminados por el neon verde de Kurfurstendamm, los tres nazis parecian reptiles prehistoricos, peligrosos como cocodrilos hambrientos que se hubieran escapado del acuario del parque zoologico.

Note frio en la sangre, yo tambien. Como si necesitase un trago.

– ?Esta enfadado? -me pregunto ella.

– ?Enfadado?

– A modo de protesta silenciosa.

– Es la unica forma segura de protestar, con los tiempos que corren. De todos modos, se arregla con un trago.

– A mi tampoco me vendria mal.

– Pero en el Adlon no, ?de acuerdo? Si vamos alli, seguro que me encargan algo. -Al acercarnos al cruce con Joachimstaler Strasse, senale con el dedo-: Alli. El bar Cockatoo.

– ?Una de sus guaridas predilectas, Gunther?

– No, la de otra persona, con la que deberia usted hablar para lo del articulo.

– ?Ah! ?Quien?

– Zingaro Trollmann.

– Es verdad, me acuerdo. El Turco dijo que era el portero del Cockatoo, ?no? El que lucho con Eric Seelig.

– Por lo que dijo, no estaba seguro al cien por cien de que Seelig fuese nuestro Fritz. Quiza Trollmann nos lo pueda confirmar. Cuando pasas un rato en el ring con un tipo que quiere pegarte, supongo que llegas a conocerle la cara perfectamente.

– ?Es gitano y por eso lo llaman Zingaro o es como el Turco de Solly Mayer?

– Para su desgracia, es gitano de verdad. Lo cierto es que los nazis no solo desprecian a los judios: a los gitanos tambien, y a los afeminados, a los testigos de Jehova, a los comunistas, por descontado, y no nos olvidemos de los rojos. Hasta el momento, son quienes se han llevado la peor parte, quiero decir, que todavia no se de nadie a quien hayan ejecutado por ser judio.

Pense en contarle lo que me habia dicho Otto Trettin del hacha que cae de Plotzensee, pero preferi dejarlo correr. Puesto que iba a tener que hablarle de Zingaro Trollmann, supuse que no podria soportar mas que una historia triste por velada. La verdad es que no habia historia mas triste que la de Zingaro Trollmann.

Llegabamos antes que la clientela principal del Cockatoo; asi pues, «Rukelie», como llamaban a Trollmann sus companeros de trabajo, no habia llegado todavia. A las siete de la tarde, nadie causaba problemas, ni siquiera yo.

Una parte del Cockatoo estaba ambientada como un bar de la Polinesia francesa, pero en general todo eran envolventes sillones de terciopelo, papel aterciopelado en las paredes y luces rojas, como en cualquier otra parte de Berlin. Se decia que la barra, azul y dorada, era la mas larga de la ciudad, pero estaba claro que lo decian quienes no tenian cinta metrica o creian que Tipperary estaba muy lejos. El techo parecia glaseado, como una tarta de boda. Tenia un cabaret soso, una pista de baile y una pequena orquesta que, a pesar de lo mal que consideraban los nazis la musica decadente, se las arreglaba para tocar jazz como si, en vez de haberselo inventado hombres negros, fuese cosa de un organista de iglesia de Brandeburgo. Como las bailarinas desnudas estaban estrictamente prohibidas en todos los clubs, la atraccion del Cockatoo consistia en poner en cada mesa una percha con un loro, aunque solo servia para recordar a todo el mundo otra gran ventaja de las bailarinas: no se cagaban encima del plato de nadie. Con la salvedad de Anita Berber, eso si.

Mientras yo bebia schnapps, Mistress Charalambides tomaba Martini a sorbitos, como una geisha el te, y sin que se le notasen mas los efectos, conque no tarde en pensar que el talento para escribir no era lo unico que tenia en comun con su marido. Tomaba su bebida como los dioses su dosis diaria de ambrosia.

– A ver, cuenteme algo de Zingaro Trollmann -dijo, al tiempo que sacaba su libreta y su lapicero de periodista.

– Al contrario que el Turco, que es tan turco como yo, Trollmann es gitano autentico, un sinti, que es un subgrupo romano, pero no me pregunte mas, porque no soy Bruno Malinowski. Cuando todavia eramos una republica, todos los periodicos armaban mucho revuelo con Trollmann porque era gitano y, como ademas era bien parecido, por no hablar de su excelente categoria en el ring, no tardo mucho en triunfar. Los promotores nunca se cansaban del chaval. -Me encogi de hombros-. No creo que tenga ni veintisiete anos. El caso es que a mediados del ano pasado se iba a presentar al titulo aleman de los semipesados y, a falta de mejores candidatos, combatiria con Adolf Witt por el titulo vacante aqui, en Berlin.

»Huelga decir que los nazis esperaban que se impusiera la superioridad aria y Witt machacase a su contrincante de raza inferior. Ese fue uno de los motivos por los que le permitieron pelear, aunque no por ello se olvidaron de untar a los jueces, desde luego, pero no contaron con el publico, que se quedo tan impresionado con su entrega y su exhibicion de dominio total, que, cuando los jueces proclamaron vencedor a Witt, se armo tal pitote que tuvieron que revocar la decision y darle el titulo a el. El chaval lloraba de contento, pero, por desgracia para el, la alegria duro poco.

»Seis dias despues, la Federacion Alemana de Boxeo lo despojo del titulo y de la licencia so pretexto de que no era digno de llevar el cinturon debido a su estilo de golpear y apartarse y por haber hecho una cosa tan poco digna de hombres como llorar.

Mistress Charalambides habia llenado ya varias paginas de la libreta de taquigrafia pulcramente escrita. Dio un sorbito a su copa y sacudio la cabeza.

– ?Se lo quitaron porque lloro?

– Pero todavia falta lo peor -dije-. Una historia tipicamente alemana. Como supondras, le mandan amenazas de muerte en cartas escritas con tinta envenenada, le meten zurullos en el buzon… En fin, de todo. Su mujer y sus hijos estan asustados. La cosa se pone tan fea que obliga a su mujer a pedir el divorcio y a cambiarse el apellido, para que los chicos y ella puedan vivir en paz. Pero todavia no lo han derrotado, cree que puede salir de apuros a punetazos. A reganadientes, la Federacion le dio permiso para combatir otra vez, con dos condiciones: la primera, que no utilizase su estilo de golpear y apartarse, que es la clave de su gran categoria de luchador. Es decir, era rapido y no habia forma de encajarle un guantazo. Y la segunda, que el contrincante del primer combate fuese Gustav Eder, un tipo que pesaba mucho mas.

– Querian humillarlo -dijo ella.

– Lo que querian era matarlo en la lona -dije-. El combate fue en julio de 1933, en la fabrica de cerveza Bock, aqui en Berlin. Con la intencion de ridiculizar las restricciones raciales, Trollmann se presento hecho una caricatura de hombre ario, cubierto de harina y con el pelo tenido de rubio.

Вы читаете Si Los Muertos No Resucitan
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату