Pero ella seguia escribiendo. El lapicero corria por la hoja de la libreta haciendo un ruido como un murmullo insistente.

Trollmann sonrio y siguio hablando.

– Zak era socio del mismo club deportivo obrero que yo, el Sparta, en Hannover. Pobre Zak. Tengo en casa una coleccion de todos los boxeadores del Sparta; bueno, de los que luchabamos, vaya. Zak esta justo delante de mi. Pobre hombre. Era buen tio y muy buen luchador; se entregaba por completo. De todos modos, nunca nos enfrentamos. No me habria gustado pelear contra el. No por miedo, entiendame, aunque era muy contundente, sino porque era un buen tipo de verdad. Lo entrenaba su tio Joey y tenia posibilidades de ir a las Olimpiadas, hasta que lo echaron de la Federacion y del Sparta. -Suspiro y sacudio la cabeza otra vez-. Conque el pobre Zak ha muerto. ?Que pena!

– Entonces, ?no era profesional? -dije.

– ?Que diferencia hay? -pregunto Mistress Charalambides.

Solte un grunido, pero Trollmann, con paciencia, como si se dirigiese a una nina, se lo explico. Tenia una forma de ser agradable y cordial. De no ser por el recuerdo de haberlo visto en combate, me habria costado mucho creer que hubiera sido boxeador profesional alguna vez.

– Zak queria una medalla antes de hacerse profesional -dijo- y la podria haber ganado si no hubiese sido judio, lo cual es ironico, si eso significa lo que me imagino.

– ?Que se imagina que significa? -le pregunto.

– Pues cuando no es lo mismo lo que uno cree que le va a pasar a otro y lo que en realidad le pasa despues.

– Encaja perfectamente en este caso -dijo ella.

– Como Zak Deutsch, que no pudo representar a Alemania en las Olimpiadas por ser judio, pero termino de peon de la construccion en Pichelsberg, en las obras del nuevo estadio, aunque oficialmente no podia trabajar alli. Es que en la construccion de la ciudad olimpica solo pueden trabajar alemanes arios. Eso tengo entendido, vaya. Y eso es lo que queria decir con «ironico», porque hay muchos judios trabajando en las obras de Pichelsberg. Yo tambien tendria que haber ido a trabajar alli, pero encontre esto otro. Es que tienen tanta prisa por terminar el estadio cuanto antes, que no pueden prescindir de ningun hombre sano, sea judio o gentil. Eso tengo entendido, vaya.

– Esto empieza a tener sentido -dije.

– Tiene usted una idea rara de lo que es el sentido, Herr Gunther. -Esbozo su enorme sonrisa dentuda-. A mi me parece cosa de locos.

– Y a mi -murmuro Mistress Charalambides.

– Quiero decir, que empiezo a entender algunas cosas -dije-, pero tienes razon, Rukelie, es cosa de locos. - Encendi un cigarrillo-. Vi muchas estupideces en la guerra: hombres que morian sin motivo, vidas desperdiciadas sin ton ni son y, despues de la guerra, otras cuantas estupideces mas. Pero este asunto de los judios y los gitanos es una locura. ?De que otra forma se puede explicar lo inexplicable?

– He pensado un poco en eso -dijo Trollmann-; bueno, mucho y, por lo que he visto en el deporte del boxeo, he llegado a una conclusion: a veces, si quieres ganar un combate a costa de lo que sea, odiar al otro ayuda. -Se encogio de hombros-. Gitanos, judios, homosexuales y comunistas. Los nazis necesitan alguien a quien odiar, simplemente.

– Supongo que tienes razon -dije-, pero me preocupa que haya otra guerra, me preocupa lo que les pueda pasar a todos esos pobres desgraciados que no gustan a los nazis.

17

Me pase casi todo el trayecto hasta el Adlon pensando en lo que habiamos descubierto. Zingaro Trollmann me habia prometido que me mandaria la foto del club Sparta, pero estaba seguro de que habia reconocido perfectamente al muerto de Muhlendamm Lock y de que la informacion que me habia dado sobre Isaac Deutsch era veraz: que habia trabajado de peon en las obras del estadio olimpico. Decir una cosa y hacer otra, tipico de los nazis. De todos modos, Pichelsberg quedaba a bastante distancia de Muhlendamm, en la otra punta de la ciudad, pero nada de lo que acababa de descubrir justificaba la muerte de Deutsch en agua salada.

– ?Cuanto habla usted, Gunther!

– Estaba pensando, Mistress Charalambides. ?Que opinion tendra usted de nosotros! Parecemos el unico pueblo del mundo que se empena en estar a la altura de la peor impresion que tienen de nosotros los demas.

– Por favor, apeemos el tratamiento. Charalambides es un apellido larguisimo incluso en Alemania.

– No se si podre, ahora que me ha contratado usted. Diez marcos al dia exigen cierta dosis de cortesia profesional.

– No puedes seguir llamandome Mistress Charalambides si vas a besarme.

– ?Voy a besarla?

– Lo que dijiste esta manana sobre Isaac Newton me hace pensar que si.

– ?Ah! ?Que fue?

– Newton formulo tres leyes para clasificar las relaciones entre dos cuerpos. Si nos hubiera conocido a ti y a mi, creo que habria anadido otra, Gunther. Vas a besarme como dos y dos son cuatro. De eso no hay duda.

– ?Quiere decir que se puede demostrar matematicamente y todo eso?

– Se han escrito muchas paginas sobre el tema: impulsos, desequilibrio entre fuerzas, reacciones iguales y opuestas… Entre los dos hay casi ecuaciones suficientes para llenar una sabana.

– En tal caso, de nada vale que me resista a las leyes universales del movimiento, Noreen.

– De nada en absoluto. Al contrario, lo mejor seria que te dejases llevar por el impulso ahora mismo, antes de que se descoyunte el universo entero por tu culpa.

Pare el coche, puse el freno de mano y me acerque. Ella volvio la cara un momento.

– Hermann-Goering Strasse -dijo-. ?Antes no se llamaba de otra forma?

– Budapester Strasse.

– Me gusta mas. Quiero guardar el recuerdo de la primera vez que me besaste, pero sin Hermann Goering por el medio.

Se volvio expectante hacia mi y la bese con fuerza. Su aliento sabia a tabaco y licor helado, a lapiz de labios y a una cosa especial del interior de sus bragas, mas rica que pan recien cocido con mantequilla ligeramente salada. Note en las mejillas el roce de sus pestanas, como diminutos colibries y, al cabo de un minuto mas o menos, empezo a respirar como una medium cuando quiere comunicarse con el mundo de los espiritus. A lo mejor era eso, ademas. Ansioso por poseerla de cuerpo entero, meti la mano izquierda por debajo de su abrigo de pieles y la deslice desde el muslo hasta el torso con insistencia, como si quisiera generar electricidad estatica. Noreen Charalambides no era la unica que sabia de fisica. Se le resbalo el bolso del regazo y cayo al suelo con un golpe seco. Abri los ojos y me separe de su boca.

– De modo que la fuerza de la gravedad todavia funciona -di-je-. Tal como tengo la cabeza, habia empezado a dudarlo. Al fin y al cabo, se puede decir que Newton sabia un par de cosas,.

– No lo sabia todo. Apuesto a que no sabia besar a las chicas co-mo tu.

– Porque nunca conocio a una como tu, Noreen. De lo contrario, podria haber hecho algo util con su vida. Por ejemplo, esto.

La bese otra vez, pero puse la espalda tambien en ello, como si de verdad quisiera hacer lo que estaba haciendo. Y puede que asi fuera. Hacia mucho tiempo que no me enamoraba tanto de una mujer. Eche una mirada por la ventanilla y el rotulo de la calle me recordo lo que habia pensado la primera vez que hable con ella en el hotel, en el apartamento de Hedda Adlon: que era una vieja amiga de mi jefa y que antes me iria a la cama con Hermann Goering que ponerle un dedo encima. Tal como iban las cosas, el primer ministro prusiano iba a llevarse una sorpresa de tamano Hermann.

Ahora tenia su lengua en mi boca, ademas del corazon y los recelos que intentaba tragarme. Estaba perdiendo el control, sobre todo el de la mano izquierda, que se habia metido por debajo del vestido y estaba haciendose amiga de la liga y el frio muslo que rodeaba. Ella no hizo ningun movimiento para detener la muneca

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