continuacion me pregunto si lo habia empujado yo por la borda y, al parecer, le hizo mucha gracia. Le dije que a mi no, ninguna, y le pregunte si creia que habia alguna posibilidad de que el senor Martin siguiera con vida. Entonces contesto: «Sinceramente, espero que no». A partir de entonces, procure no encontrarme mas con el.

– ?Que sabes exactamente de Max Reles?

– No mucho, solo lo que me contaba mientras jugabamos. Me dijo que se dedicaba a los negocios de la manera en que lo dicen los hombres cuando quieren dar a entender que su trabajo no es muy interesante. Habla aleman muy bien, desde luego, y algo de hungaro, creo. Me dijo que iba a Zurich, asi es que no esperaba volver a encontrarmelo y menos aun aqui. Volvi a verlo hara una semana, en la biblioteca. Tome una copa con el por pura educacion. Al parecer, lleva ya un tiempo en Berlin.

– En efecto.

– Me crees, ?verdad?

Lo pregunto de una manera que me hizo sospechar que podia estar mintiendo. Claro que… soy asi. Otros prefieren creer en la olla de oro del final del arco iris, pero yo soy de los que piensan que la vigilan cuatro polis en un coche.

– No pensaras que me lo he inventado, ?verdad?

– En absoluto -dije, aunque me pregunte que motivos tendria un hombre para cargarse a otro por una mujer que solo era companera de juego de cartas-. Por lo que me has contado, creo que tu conclusion es muy razonable.

– Te parece que deberia haberselo dicho al capitan del barco, ?verdad? O a la policia de Hamburgo.

– Sin verdaderas pruebas que lo corroborasen, Reles se habria limitado a negarlo y te habria hecho quedar como una idiota. Por otra parte, tampoco al ahogado le habria servido de nada.

– De todas maneras, me considero un poco responsable de lo que sucedio.

Rodo por la cama para alcanzar el cenicero de la mesilla de noche y apago su cigarrillo. Rode yo a continuacion y tarde una o dos horas en alcanzarla. La cama era muy grande. Empece a besarle las nalgas, despues la rabadilla y a continuacion los hombros. Estaba a punto de clavarle los colmillos en el cuello, cuando me fije en el libro que habia al lado del cenicero. Era el que habia escrito Hitler.

Ella se dio cuenta.

– Lo estoy leyendo.

– ?Por que?

– Es un libro importante, pero no soy nazi por leerlo, del mismo modo que leer a Marx no me convierte en comunista, aunque casualmente considere que lo soy. ?Te sorprende?

– ?Que te consideres comunista? No especialmente. En estos tiempos, lo son los mejores. George Bernard Shaw y hasta Trots-ky, tengo entendido. Yo prefiero considerarme socialdemocrata, pero, como en este pais la democracia ya no existe, seria una ingenuidad.

– Me alegro de que seas democrata, de que todavia le des importancia. Lo cierto es que, si hubieras sido nazi, no me habria acostado contigo, Gunther.

– Puede que les tuviera un poco mas de simpatia, como tantos otros, si fuese yo el mandamas, en vez de Hitler.

– He solicitado una entrevista con el, por eso estoy leyendo su libro, aunque no creo que me la conceda. Lo mas seguro es que tenga que conformarme con el ministro de Deportes. He quedado con el manana por la tarde.

– No se te ocurrira hablar de nuestro amigo Zak Deutsch, ?verdad, Noreen? Ni de mi, ahora que lo pienso.

– No, por supuesto que no. Dime una cosa. ?Crees que se lo cargo alguien?

– Puede que si y puede que no. Lo sabremos con mas seguridad cuando hayamos hablado con Stefan Blitz. Es el geologo que te dije. Espero que nos aclare como puede ahogarse uno en agua salada en el centro de Berlin. Una cosa es caerse al oceano Atlantico frente a la costa irlandesa y otra muy distinta aparecer ahogado en un canal de la ciudad.

Hasta la primavera de 1934, Stefan Blitz habia sido profesor de geologia en la Universidad Federico Guillermo de Berlin. Lo conocia porque habia ayudado alguna vez a la KRIPO a identificar barro de los zapatos de sospechosos de homicidio o de los de las victimas. Vivia en el suroeste de Berlin, en Zehlendorf, en una urbanizacion nueva que se llamaba La Cabana del Tio Tom, por una taberna de las inmediaciones y una tienda del metropolitano que, a su vez, se llamaban asi por el libro de Harriet Beecher Stowe. A Noreen le intrigo.

– Es increible -dijo-. En los Estados Unidos, nadie se habria atrevido a poner ese nombre a una urbanizacion, no fueran a pensar que las casas eran aptas solo para negros.

Aparque frente a un edificio de apartamentos de cuatro pisos tan grande como una manzana entera de la ciudad. La lisa y moderna fachada se curvaba levemente y estaba moteada de ventanas empotradas -como nichos- de diferentes tamanos y en diferentes niveles. Parecia una cara despues de un ataque de viruela. En Berlin habia centenares, puede que millares, de viviendas Weimar como aquellas, todas tan elegantes como paquetes de Persil. No obstante, aunque los nazis despreciaban el modernismo, tenian mas en comun con sus arquitectos, judios en su mayoria, de lo que pudieran pensar. Tanto el nazismo como el modernismo eran producto de lo inhumano y, cada vez que miraba un edificio de esos, de cemento gris y todos iguales, enseguida me lo imaginaba habitado por un destacamento ordenado y homogeneo de grises guardias de asalto, como ratas en una caja.

En cambio, por dentro era otra cosa… al menos, el apartamento de Stefan Blitz. En contraste con el modernismo cuidadosamente planeado de la fachada, sus muebles eran viejos, de caoba, la tapiceria se deshilachaba, los adornos guillerminos estaban desportillados, los manteles eran de hule, los libros formaban torres de Eiffel y las estanterias estaban consagradas a piedras y minerales cortados en secciones.

El propio Blitz estaba tan deshilachado como la tapiceria de sus muebles, igual que cualquier otro judio a quien se le hubiese prohibido su forma de ganarse la vida: tan flaco como una maqueta sacada del desvan de un pintor, malviviendo a duras penas. Era un hombre hospitalario, amable y generoso y supo demostrar una manera de ser diametralmente opuesta a las del horrible judio avaro que tanto caricaturizaba la prensa nazi. A pesar de todo, era lo que parecia: una sanguijuela en el hervidero de Damasco. Nos ofrecio te, cafe, Coca-Cola, alcohol, algo de comer, una silla mas comoda, chocolatinas y sus ultimos cigarrillos, hasta que por fin, despues de rechazarlo todo, llegamos al motivo de la visita.

– ?Es posible que un hombre se ahogue en agua marina en el centro de Berlin? -pregunte.

– Doy por supuesto que has eliminado la posibilidad de una piscina; de lo contrario, no habrias venido. Los banos del Jardin del Almirante de Alexanderplatz son de agua salada. Yo me banaba alli, antes de que nos lo prohibieran.

– La victima es un judio -dije- y, en efecto, creo que por eso mismo he eliminado la posibilidad.

– ?Por que, si no te importa que te lo pregunte, se molesta un gentil en investigar la muerte de un judio en Alemania?

– La idea es mia -dijo Noreen.

Le conto que el boicot estadounidense a las Olimpiadas habia fracasado, que tenia esperanzas de que un periodico pudiera remediarlo y que ella tambien era judia.

– Supongo que el triunfo del boicot de los Estados Unidos significaria algo -dijo Blitz-, aunque tengo mis dudas. Con boicot o sin el, no va a ser tan facil desbancar a los nazis. Ahora tienen el poder y no piensan renunciar a el. Se hundira el Reichstag antes de que convoquen otras elecciones; se de lo que hablo, creame. Lo han construido sobre pilares porque, entre el edificio y el Museo Viejo, hay muchas zonas cenagosas.

Noreen encendio el neon de su sonrisa. Parecio que el apartamento se calentara con su encanto, como si se hubiese encendido de pronto la vacia chimenea. Prendio un cigarrillo que saco de una cajita de oro y se la ofrecio a Blitz; este cogio uno y se lo puso en la oreja como si fuera un lapicero.

– Es posible que alguien se ahogue en agua marina en Berlin, pregunta este hombre -dijo Blitz-. Hace dos mil seiscientos millones de anos, todo esto era un mar antiguo: el Zechstein. La propia ciudad se fundo sobre un archipielago que emergio en un valle fluvial durante la ultima glaciacion. El substrato es practicamente arena y sal. Mucha sal del mar de Zechstein. La sal formo varias islas en la superficie de la tierra y algunas bolsas profundas de agua por toda la ciudad y sus contornos.

– ?Bolsas de agua marina? -pregunto Noreen.

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