– Si, si. En mi opinion, en Berlin hay unos cuantos lugares en los que no se deberia excavar. Esas bolsas pueden destruirse con facilidad, con consecuencias potencialmente desastrosas.

– ?Podria ocurrir algo asi en Pichelsberg?

– Podria ocurrir casi en cualquier parte de Berlin -dijo Blitz-. Si alguien actuase precipitadamente, sin hacer los estudios geologicos previos adecuados -como perforaciones y esa clase de cosas-, no solo se tragaria las manidas mentiras que la nueva Alemania obliga a tragar, sino tambien una considerable cantidad de agua salada. -Sonrio con cautela, como quien juega a las cartas sin conocer bien las reglas.

– ?En Pichelsberg tambien? -insisti.

Blitz se encogio de hombros.

– ?Pichelsberg? ?A que viene tanto interes por Pichelsberg? Soy geologo, no urbanista, Herr Gunther.

– Vamos, Stefan, sabes por que lo pregunto.

– Si, y no me gusta. Tengo muchos problemas, no me hace falta anadir Pichelsberg. ?Adonde quieres ir a parar exactamente con todo esto? Has hablado de un ahogado, judio, segun tu, y de un articulo para un periodico. Perdoname, pero me parece que con un judio muerto ya hay bastante.

– Doctor Blitz -dijo Noreen-, le prometo que no le atribuire nada de lo que diga. No dare citas textuales suyas, no hablare de La Cabana del Tio Tom, no dire siquiera que entreviste a un geologo.

Blitz se quito el cigarrillo de la oreja y se quedo mirandolo como si fuese el centro de una piedra blanca. Cuando lo encendio, se le vio la satisfaccion en la cara y en la voz.

– Cigarrillos americanos. Estoy tan acostumbrado a fumar tabaco malo que se me habia olvidado lo rico que es. -Asintio pensativamente-. Quiza deberia intentar irme a America. Por desgracia, se muy bien que la vida en Alemania no consiste en la libertad y la busqueda de la felicidad; al menos, si eres judio.

Noreen vacio la pitillera en la mesa.

– Por favor -dijo-, quedeselos. Tengo mas en el hotel.

– Si esta usted segura… -dijo el.

Noreen asintio y se arropo el pecho con el abrigo de marta cibelina.

– Una buena constructora -dijo con cautela- primero haria una perforacion, no se pondria a cavar directamente. ?Lo entiende? La glaciacion dejo tras de si un verdadero substrato mixto que podria hacer la construccion impredecible en Berlin, sobre todo en una zona como Pichelsberg. ?Responde eso a su pregunta?

– ?Es posible que lo ignoren quienes estan levantando el estadio olimpico? -pregunto ella.

Blitz se encogio de hombros.

– ?Quien ha hablado de las Olimpiadas? No se absolutamente nada de eso ni quiero saberlo, se lo aseguro. Nos dicen que no son para judios y yo soy el primero en alegrarse. -El apartamento estaba helado, pero el se seco un poco de sudor de la frente con un panuelo andrajoso-. Mire, si no le importa, creo que ya he hablado bastante.

– Una pregunta mas -dije- y nos vamos.

Blitz se quedo mirando al techo un momento, como pidiendo paciencia a su hacedor. Cuando se llevo el cigarrillo a los cuarteados labios otra vez, la mano le temblaba.

– ?Hay oro en los substratos de Berlin?

– Oro, si, oro, pero trazas nada mas. Creeme, Bernie, no te vas a hacer rico buscando oro en Berlin. -Solto una risita-. A menos que se lo quites a quienes lo tienen. Te lo dice un judio, o sea que es tan seguro como si lo tuvieras en el banco. Ni siquiera los nazis son tan idiotas como para buscar oro en Berlin.

No nos quedamos mucho tiempo mas. Los dos sabiamos que habiamos alterado a Blitz y, a la vista de lo que habia dicho, no me extranaba que se mostrase circunspecto y nervioso. Los nazis se habrian tomado muy a mal lo que habia insinuado con total seguridad sobre la construccion de Pichelsberg. No le ofrecimos dinero al marchar; no lo habria aceptado, pero, cuando nos dio la espalda para acompanarnos a la puerta, Noreen le dejo un billete debajo de la cafetera.

En el coche, Noreen suspiro profundamente y sacudio la cabeza.

– Esta ciudad empieza a deprimirme -dijo-. Dime que no se acostumbra uno.

– Yo no. Hace muy poco que me he hecho a la idea de que perdimos la guerra. Todo el mundo echa la culpa a los judios, pero a mi siempre me parecio que fue por la Marina. Ellos nos metieron en la guerra y nos obligaron a abandonar con su motin. De no haber sido por la Marina, es posible que hubiesemos seguido luchando hasta conseguir una paz honorable.

– Parece que lo lamentes.

– Solo lamento que firmasen el armisticio quienes no debian. Tenia que haberlo firmado el ejercito, no los politicos, que dejaron al ejercito al margen, por eso estamos como estamos. ?Lo entiendes?

– La verdad es que no.

– ?No? Bueno, pues la mitad del problema es eso, que nadie lo entiende y los alemanes, menos que nadie. Muchas mananas me despierto pensando que los dos ultimos anos me los he imaginado, sobre todo las ultimas veinticuatro horas. ?Que le encuentra una mujer como tu a un hombre como yo?

Me agarro la mano izquierda y me la apreto.

– ?Un hombre como tu! ?Como si hubiese mas de uno! No lo hay. Lo he buscado en toda clase de sitios, incluida la cama en la que dormimos. Anoche me preguntaba como estaria por la manana. Bien, ahora ya lo se.

– ?Y como estas?

– Asustada.

– ?De que?

– De como estoy, por supuesto. Como si condujeras el coche tu.

– Es que lo estoy conduciendo yo. -Di un volantazo para demostrarlo.

– En mi casa, nunca me lleva nadie a ninguna parte. Me gusta conducir, prefiero decidir yo cuando empezar y cuando pararme. Sin embargo, contigo no me importa. No me importaria ir y volver a la China contigo al volante.

– ?La China? Me conformaria con que te quedases una temporada en Berlin.

– Entonces, ?que es lo que me frena?

– Nick Charalambides, quiza, y el articulo del periodico. Y puede que tambien esto otro: que, en mi modesta opinion, a Isaac Deutsch no se lo cargo nadie, sino que murio accidentalmente, no lo ahogaron, se ahogo el solo sin ayuda de nadie aqui mismo, en el centro de Berlin. Comprendo que la historia no es tan buena, si no hay homicidio, pero, ?que puedo hacerle yo?

– ?Que mierda!

– Exacto.

Me acorde brevemente de la decepcion de Richard Bomer, cuando descubrimos que Isaac Deutsch era judio. Ahora, la decepcionada era Noreen, porque al pobre hombre no se lo habian cargado. ?Que asco de vida!

– ?Estas seguro?

– Me parece que la cosa fue asi: cuando los nazis truncaron la carrera de boxeador de Isaac Deutsch, su tio y el buscaron empleo en las obras olimpicas, aunque la politica oficial exija que en la construccion se de empleo solamente a los arios. Puesto que hay tanto que hacer antes de la inauguracion de los Juegos en 1936, alguien decide que es mejor limar asperezas, pero no solo con respecto al origen racial de los peones, sino tambien con la seguridad, sospecho. Es probable que Isaac Deutsch estuviera en una excavacion subterranea y rompiese una de esas bolsas de agua de las que nos ha hablado Blitz. Sufrio un accidente y se ahogo, pero nadie se dio cuenta de que era agua marina. Alguien tuvo la idea de que era mejor que encontraran el cadaver lejos de Pichelsberg, por si algun poli entrometido empezaba a hacer preguntas sobre peones judios ilegales. Y, asi, el cadaver termino flotando en un canal de agua dulce en la otra punta de Berlin.

Noreen registro la vacia pitillera buscando algo fumable.

– ?Mierda! -repitio.

Le ofreci mis cigarrillos.

– Noreen, tengo que reconocer con gran pesar que esta pequena investigacion ha concluido. Nada me gustaria mas que alargar la situacion y seguir paseandote por Berlin, pero prefiero ser sincero, sobre todo porque, entre unas cosas y otras, ando un poco falto de practica en ese terreno.

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