por eso es tan importante el boicot, porque no celebrarlas aqui seria el golpe mas grave que pudiera sufrir el prestigio nazi en la propia Alemania, por no hablar de que seria la forma mas eficaz de demostrar a la juventud alemana lo que opina el resto del mundo de la doctrina nazi. Eso es mas importante que si unos cuantos judios pueden o no alimentar a su familia, ?no estas de acuerdo?
– Tal vez, pero, si vamos a Pichelsberg en busca de respuestas sobre Isaac Deutsch, puede que tengamos que preguntarselo a los mismos que lo echaron al canal. Es posible que no les guste nada que se escriba sobre ellos, aunque sea en un periodico neoyorquino. Buscar a Joey Deutsch podria volverse tan peligroso como husmear en los asuntos de Max Reles.
– Eres detective y ex policia. Diria que ese trabajo siempre conlleva cierta dosis de peligro.
– Cierta dosis, si, pero eso no me hace invulnerable a las balas. Por otra parte, cuando estes en Nueva York recogiendo el premio Pulitzer al mejor reportaje, yo seguire aqui, o eso espero, al menos, porque podria aparecer flotando en el canal tan facilmente como Isaac Deutsch.
– Si es cuestion de dinero…
– Teniendo en cuenta lo de anoche, te aseguro que no. Aunque hay que reconocer que siempre es una respuesta convincente.
– La pasta habla, ?eh, Gunther?
– A veces parece imposible hacerla callar. Soy detective de hotel porque no me queda mas remedio, Noreen, no porque me guste. Estoy en la ruina, encanto. Cuando me fui de la KRIPO quedaron atras un salario razonable y una pension, por no hablar de lo que mi padre llamaba «buenas perspectivas». No me veo ascendiendo a director de hotel, ?tu si?
Noreen sonrio.
– De la clase de hotel en la que me gustaria estar, no.
– Exactamente.
– ?Que te parecen veinte marcos al dia?
– Generoso. Muy generoso, pero no van por ahi los tiros.
– El premio Pulitzer no da para tanto, ?sabes?
– No pretendo sacar tajada, solo un prestamo. Un prestamo financiero, con intereses. Lo que no prestan los bancos por la Depresion, ni siquiera entre ellos. No seria logico pedir a los Adlon que invirtiesen en la presentacion de mi renuncia.
– ?Para hacer que?
– Esto mismo. Ser detective privado, desde luego. Es lo unico que se hacer. Supongo que unos quinientos marcos me permitirian instalarme por cuenta propia.
– ?Que garantias tendria de que vivirias para devolvermelos?
– Eso seria un gran incentivo, por descontado. No quisiera perder la vida ni que perdieses tu dinero por ello, claro. Lo cierto es que seguramente podria devolverte la inversion con un veinte por ciento de interes.
– Evidentemente, has dado un par de vueltas al asunto.
– Desde que los nazis subieron al poder. En esta ciudad suceden a diario escenas como la que acabamos de ver frente al ayuntamiento y, lejos de mejorar, las cosas se van a poner mucho peor. Es mucha la gente (judios, gitanos, francmasones, comunistas, homosexuales, testigos de Jehova) que se ha hecho a la idea de que no puede acudir a la policia a contar sus problemas. Por eso tendran que llamar a otras puertas, cosa favorable a mis intereses.
– ?Porque terminarias sacando provecho del regimen nazi?
– Siempre es una posibilidad. Al mismo tiempo, tambien cabe que termine ayudando a alguien mas que a mi mismo, en realidad.
– ?Sabes lo que me gusta de ti, Gunther?
– No me vendria mal un recordatorio.
– La capacidad que tienes para hacer que Copernico y Kepler parezcan poco practicos y miopes, pero sin dejar de ser un personaje romantico.
– ?Eso significa que no he dejado de parecerte atractivo?
– No lo se. Preguntamelo despues, cuando se me haya olvidado que no solo soy tu jefa, sino tambien tu banquero.
– ?Eso significa que me vas a dar el prestamo?
Noreen sonrio.
– ?Por que no? Pero con una condicion: no se lo digas jamas a Hedda.
– Sera un secreto entre tu y yo.
– Uno de los dos que tenemos, me parece.
– ?Te das cuenta de que tendras que volver a acostarte conmigo? -dije-. Para garantizar mi silencio.
– Claro. En realidad, como banquero tuyo que soy, ya estaba frotandome las manos solo de pensar en los intereses.
19
Deje a Noreen en el Ministerio del Interior, porque tenia la entrevista con Von Tschammer und Osten, y volvi al hotel, pero pase de largo y segui en direccion oeste. Ahora que no estaba ella, queria husmear un poco por los aledanos de las obras olimpicas de Pichelsberg a solas. Lo cierto era que no tenia mas que un par de botas de goma y, ademas, preferia fisgonear sin llamar la atencion, lo cual habria sido practicamente imposible con Noreen del brazo. Llamaba la atencion como un nudista tocando el trombon.
El hipodromo de Pichelsberg se encontraba en el extremo norte del Grunewald, con el estadio -construido segun un diseno de Otto March e inaugurado en 1913- en el centro y rodeado por las pistas de carreras y de ciclismo. Al norte habia una piscina. Eran las instalaciones que se habian construido para las canceladas Olimpiadas de Berlin de 1916. En las gradas, con capacidad para casi cuarenta mil personas, habia estatuas, como la de la diosa de la victoria y un grupo de Neptuno, pero ya no estaban. No habia nada. Lo habian tirado todo, hipodromo, estadio y piscina incluidos, y en su lugar se abria un terraplen enorme: una montana inmensa de tierra, que habian retirado para excavar un pozo de forma aproximadamente circular, donde supuse que levantarian el estadio nuevo. Aunque no parecia posible, como suele pasar con las suposiciones. Faltaban menos de dos anos para el comienzo de los Juegos Olimpicos y todavia no habian colocado ni un ladrillo. Al contrario, habian derribado un estadio en buen uso, construido pocos anos antes, para hacer sitio a la batalla de Verdun tal como se la imagino D. W. Griffith. Al salir del coche, casi esperaba encontrarme con el frente frances, el nuestro, y fuertes explosiones de obuses en el aire.
Por un momento, volvi a llevar uniforme y a ponerme malo de miedo, al recordar de repente aquel desierto de color arena del pasado. Entonces me entro el temblor, como si acabase de despertar de la misma pesadilla que siempre se me repetia y que consistia en encontrarme alli de nuevo…
