lugarteniente. Para ser un pueblo tan inteligente, a veces pareceis muy tontos. -Echo un vistazo a su libreta de periodista-. El director de la Oficina de Deportes no dice mas que sandeces.

– Por eso le dieron el puesto, encanto. -Encendi un cigarrillo.

Paso unas paginas de taquigrafia sacudiendo la cabeza.

– Escucha esto. El caso es que dijo muchas cosas que me parecieron desquiciadas, pero esta se lleva la palma. Le pregunte sobre la promesa de Hitler de que el proceso de seleccion del equipo olimpico aleman cumpliria los estatutos internacionales, que no habria discriminacion por razones de raza y color, y me dijo, cito literalmente: «Los estatutos se cumplen, al menos en principio. Tecnicamente, no se ha excluido a nadie por esos motivos». Fijate ahora, Bernie, es lo mejor de todo: «Cuando llegue el momento de los juegos, seguramente los judios habran dejado de ser ciudadanos alemanes o, al menos, ciudadanos de primera clase. Es posible que se los tolere como huespedes y, ante la agitacion internacional que ha surgido a su favor, incluso podria suceder que, en el ultimo momento, el gobierno acceda a reservarles una pequena representacion en el equipo, si bien en las modalidades deportivas en las que Alemania solo tiene posibilidades remotas de ganar, como el ajedrez y el croquet. Porque, innegablemente, la cuestion sigue siendo que, en determinados deportes, una victoria germanojudia nos plantearia un dilema politico, por no decir filosofico».

– ?Eso dijo?

Solo habia fumado la mitad, pero se me habia atravesado algo en la garganta, como si me hubiese tragado la pequena calavera de plata que llevaba el lugarteniente en su negra gorra.

– Que deprimente, ?verdad?

– Si tienes la impresion de que soy un tipo duro, has de saber que no lo soy. Agradezco que me avisen cuando me van a sacudir en el estomago.

– Hay mas. Von Tschammer und Osten dijo que se prohibira expresamente la practica de cualquier deporte a todas las organizaciones juveniles catolicas y protestantes, como se les ha prohibido a las judias. Tal como lo plantean, la gente va a tener que elegir entre la religion y el deporte. La cuestion es que cualquier entrenamiento deportivo se hara exclusivamente bajo los auspicios de los nazis. Llego a afirmar que el nazismo esta librando una guerra cultural contra la Iglesia.

– ?De verdad?

– Ni los atletas catolicos ni los protestantes que no se inscriban en clubs deportivos nazis tendran posibilidades de representar a Alemania.

Me encogi de hombros.

– Que hagan lo que quieran. ?A quien le importa un punado de idiotas corriendo por una pista?

– No lo entiendes, Gunther. Han purgado la policia y ahora estan haciendo lo mismo con el deporte. Si lo consiguen, no habra aspecto de la sociedad alemana que se libre de su autoridad. Se preferira a los nazis en todos los campos de la sociedad alemana. Si quieres seguir adelante con tu vida, tendras que hacerte nazi.

Noreen sonreia y me fastidio. Sabia por que lo hacia. Estaba satisfecha porque consideraba que tenia una exclusiva para el articulo, pero aun asi me fastidiaba que sonriese. Para mi, todo eso era algo mas que un simple articulo, era mi pais.

– Eres tu quien no lo entiende -dije-. ?Crees que el lugarteniente de las SS se puso a hablar contigo por casualidad? ?Te parece que solo estaba pasando el rato? -Me rei-. La Gestapo se ha fijado en tu tarjeta, encanto. ?Por que, si no, iba a contarte que queria ingresar en ella? Es probable que te siguieran hasta aqui, despues de la entrevista con el director de Deportes.

– ?Bah! Eso son tonterias, Bernie.

– ?En serio?

– Lo mas probable es que el lugarteniente Seetzen tuviera la mision de conquistarte y averiguar la clase de persona que eres, con quien te relacionas… y ahora ya saben que estas conmigo. -Eche un vistazo al cafe-. Seguramente, en estos momentos nos estan vigilando. Puede que el camarero sea uno de ellos, o aquel hombre que lee el periodico. Podria ser cualquiera. Asi es como actuan.

Noreen trago saliva nerviosamente y encendio otro cigarrillo. Sus maravillosos ojos azules se movieron con inquietud, se fijo en el camarero y en el hombre del periodico, por si veia alguna senal de que nos estuviesen espiando.

– ?Lo crees de verdad?

Parecia que empezaba a convencerse; habria podido sonreir y decirle que le estaba tomando el pelo, solo que tambien me convenci a mi mismo. ?Por que no iba la Gestapo a seguir a una periodista americana que acababa de entrevistar al director de Deportes? Tenia mucho sentido. Es lo que habria hecho yo, si hubiera sido de los suyos. Pense entonces que deberia haberlo visto venir.

– Ahora saben quien eres -dije- y quien soy yo.

– Te he puesto en peligro, ?verdad?

– Como dijiste esta manana, este trabajo siempre conlleva cierta dosis de peligro.

– Lo siento.

– Olvidalo, aunque, en realidad, quiza sea mejor que no, despues de todo. Me gusta crearte un poco de culpabilidad; asi puedo chantajearte a costa de tu limpida conciencia, encanto. Por otra parte, supe que me traerias problemas desde el momento en que te vi, pero resulta que asi es como me gustan las mujeres: grandes guardabarros, carroceria reluciente, mucho cromo y un motor muy potente, como el del coche de Hedda, que te planta en Polonia nada mas pisar el pedal del acelerador. Si me interesase acostarme con bibliotecarias, iria en autobus.

– De todos modos, no he pensado mas que en mi articulo, sin tener en cuenta las consecuencias que podria acarrearte a ti. Es increible que haya sido tan imbecil como para atraer sobre ti la atencion de la Gestapo.

– Es posible que no te lo haya dicho antes, pero hace un tiempo que me tienen en el punto de mira, concretamente, desde que deje el cuerpo de policia. Se me ocurren varios motivos validos para que la Gestapo o la KRIPO, que para el caso es lo mismo, me arrestasen, si quisieran, pero me preocupan mas los que no se me han ocurrido todavia.

20

Noreen queria pasar la noche conmigo en mi apartamento, pero no me veia capaz de llevarla a una madriguera que no tenia mas que una habitacion, una cocina enana y un cuarto de bano mas reducido aun. Llamarlo apartamento era como decir que un grano de mostaza es una verdura. En Berlin los habia mas escuetos todavia, pero casi siempre los ocupaban antes las familias de ratones.

Me cohibia ensenarle las condiciones en que vivia, pero confesarle que tenia una octava parte de herencia judia me daba verdadera verguenza. Me habia desconcertado, es cierto, descubrir que me habian denunciado a la Gestapo por tener lo que llamaban mezcla de sangre, pero no renegaba de ser quien era. ?Como iba a hacerlo? Me parecia una insignificancia. Lo que me avergonzaba era haber pedido a Emil Linthe que borrase del registro oficial la sangre que me relacionaba con Noreen, aunque fuese remotamente. ?Como iba a contarselo? Y guardandome mi secreto, pase con ella otra noche maravillosa en su suite del Adlon.

Tumbado entre sus muslos, solo dormi un poco. Teniamos mejores cosas que hacer. Por la manana temprano, cuando sali vilmente de su habitacion, solo le dije que iba a casa y que nos veriamos mas tarde, pero no dije nada de coger el suburbano en direccion a Grunewald y Schildhorn.

Tenia en el despacho algo de ropa de recambio y, tan pronto como me hube cambiado, sali a la negra madrugada y me fui andando a la estacion de Potsdamer. Unos cuarenta y cinco minutos mas tarde, subia por los escalones hacia el monumento de Schildhorn con otros muchos hombres, de apariencia judia en su mayoria: pelo castano, ojos melancolicos, orejas de murcielago y unas napias que obligaban a pensar si, para poder formar parte de su pueblo elegido, Dios habria puesto la condicion de tener una nariz que nadie habria querido tener voluntariamente. Podia generalizar tanto porque sabia con certeza que la sangre comun de esos hombres era probablemente mucho mas pura que la mia. A la luz de la luna, uno o dos me miraron inquisitivamente, como preguntandose que tendrian los nazis en contra de un tipo fornido, rubio, con los ojos azules y la nariz como el pulgar de un panadero. No me extrano. Entre aquella compania tan particular, destacaba tanto como Ramses II.

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