– ?Quieres que te diga lo que pienso? -dijo-. Creo que fuiste poli y que sigues siendolo. Un agente secreto, de la Gestapo. No he visto a nadie en mi vida que se parezca menos a un empleado de hotel, amigo mio. Apuesto a que no es mas que una tapadera para poder espiar a la gente y, lo que es mas importante, a nosotros.
– Es la verdad, te lo aseguro. Se que tu no mataste a Deutsch, fue un accidente. Eso se veia claramente en la autopsia. Veras, no pudo ahogarse en el canal porque tenia los pulmones llenos de agua marina. Eso fue lo primero que hizo sospechar a la pasma.
– ?Le hicieron la autopsia? -pregunto el hombre cuadrado, la escultura viviente-. O sea, ?que lo rajaron de arriba abajo?
– Pues claro que le hicieron la autopsia, so imbecil. Lo manda la ley. ?Donde te crees que estamos? ?En el Congo Belga? Cuando aparece un cadaver, hay que investigarlo todo, al muerto y las circunstancias.
– Pero despues lo enterrarian como es debido, ?no?
Gruni de dolor y sacudi la cabeza.
– Los entierros son para los Otto Normal -dije-, no para cadaveres sin identificar. No se ha hecho la identificacion, al menos formalmente. Nadie lo ha reclamado. Yo solo he investigado el caso porque la mujer Ami queria saber cosas sobre el. La pasma no sabe una mierda. Por lo que yo se, el cadaver fue a parar al hospital Charite, a las aulas de anatomia, para que jueguen con el los chicos de los forceps y los bisturies.
– O sea, ?los estudiantes de medicina?
– ?No van a ser los de economia politica, desgraciado! ?Pues claro que los de medicina!
Empezaba a comprender que al hombre de la barbilla de marmol le afectaba mucho el tema. Sin embargo, como el dolor que me daba la estufa me soltaba la lengua, segui hablando sin la menor consideracion.
– Ahora lo habran partido en lonchas y se habran hecho una sopa de rabo de buey con su pene. Casi seguro que el craneo servira de cenicero a algun estudiante. ?Que te importa a ti, Hermann? Tu tiraste al pobre desgraciado al canal como un cubo de basura de un restaurante.
El hombre cuadrado sacudio la cabeza con estremecimiento.
– Pense que, al menos, le darian un entierro digno.
– Ya lo he dicho: los entierros dignos son para los ciudadanos, no para los desechos flotantes. Me da la impresion de que la unica persona que ha intentado tratar a Isaac Deutsch con respeto ha sido mi cliente.
Intente separarme de la estufa retorciendome, pero no sirvio de nada. Empezaba a parecerme a Jan Hus.
– Tu cliente -dijo Eric Goerz con todo el desprecio, como un gran inquisidor. Se puso a zurrarme otra vez. La correa de perro silbaba en el aire como un mayal. Parecia yo una alfombra del Adlon llena de polvo-. Cuentanos… exactamente… quien demonios… eres…
– Basta -dijo el hombre cuadrado. Tenia una mandibula que parecia arrancada de un trozo de marmol.
No vi lo que sucedio a continuacion. Estaba muy ocupado apretando el menton contra el pecho, con los ojos cerrados, intentando deshacerme del dolor de los correazos. Solo se que la paliza termino de repente y Goerz cayo al suelo delante de mi, sangrando por un lado de la boca. Levante la cabeza a tiempo de ver a Mandibula de Marmol esquivar limpiamente un fuerte gancho del chofer de Goerz antes de levantarlo en el aire de un punetazo que se elevo desde abajo volando como un ascensor expres. El chofer se derrumbo como una torre de piezas de construccion, cosa que me satisfizo tanto como si la hubiese tirado yo.
Mandibula de Marmol respiro hondo y se puso a desatarme.
– Lo lamento -dije.
– ?El que?
– Todo lo que he dicho sobre Isaac, tu sobrino. -Me deshice de las cuerdas y aparte la espalda de la estufa-. He acertado, ?verdad? Eres Joey, el tio de Isaac.
Asintio y me ayudo a ponerme de pie.
– Tienes la espalda de la chaqueta completamente quemada -di-jo-. No te veo la carne, pero no estara muy mal. De lo contrario, lo habrias olido.
– Una idea consoladora. Por cierto, gracias por ayudarme.
Me apoye de su inmenso hombro y, dolorosamente, me enderece.
– Hace tiempo que se lo habia ganado -dijo Joey.
– Mucho me temo que todo lo que he dicho es cierto, pero lamento que hayas tenido que enterarte asi.
Joey Deutsch sacudio la cabeza.
– Lo sospechaba -dijo-. Goerz me habia dicho otra cosa, claro, pero creo que, en mi fuero interno, yo sabia muy bien que era mentira. Preferi creerle, por Isaac. Supongo que, para asimilarlo, tenia que oirselo contar a otra persona.
Eric Goerz giro lentamente sobre su estomago y gruno.
– ?Menudo gancho tienes, Joey! -dije.
– Vamos, te llevo a casa. -Vacilo-. ?Puedes andar solo?
– Si.
Joey se agacho a mirar al chofer, que seguia inconsciente, y le saco unas llaves del bolsillo del chaleco.
– Vamos a coger el coche de Eric -dijo-, para que a este par de cabrones no se les ocurra seguirnos.
Goerz volvio a grunir y, lentamente, se puso en posicion fetal. Por un momento pense que sufria una contraccion de alguna clase, pero enseguida me acorde de lo que me habia dicho Blask, el capataz, acerca del revolver que llevaba sujeto al tobillo, solo que ya no estaba sujeto, sino que lo tenia en la mano.
– ?Cuidado! -grite, al tiempo que daba una patada a Goerz en la cabeza.
La patada iba para la mano, pero al levantar el pie, perdi el control y me volvi a caer al suelo.
La pistola se disparo sin hacer dano a nadie, solo rompio un cristal de la ventana.
Arrastrandome, me acerque a mirar a Goerz. No queria la muerte de otro hombre sobre mi conciencia. El estaba inconsciente, pero, por suerte para mi y sobre todo para el, respiraba. Recogi mi carnet de identidad del suelo, adonde lo habia tirado con rabia unos minutos antes, y la pistola tambien. Era una Bayard semiautomatica de 6.35 milimetros.
– Tabaco frances, pistola francesa… -dije-; es logico, supongo. -Puse el seguro al arma y senale hacia la puerta-. ?Crees que habra alguien mas ahi fuera? -pregunte a Joey.
– O sea, ?como yo? No, eramos solo esos dos, los tres camioneros y, lamento decirlo, yo. Cuando Isaac se mato me pusieron en nomina, por contar con alguien musculoso, dijeron, pero seguro que fue por asegurarse de que no abriera la boca.
Mientras Joey me ayudaba a llegar a la puerta, pude echarle un buen vistazo: parecia tan judio como yo. Tenia la cabeza igual que un melon de grande, y las sienes canosas, pero la coronilla rubia y tan rizada como un abrigo de astracan. Su inmensa cara era de color rojo palido, como la panceta vieja, y tenia la nariz rota, afilada y respingona y los ojos castanos. Las cejas eran practicamente invisibles, como los dientes de su boca abierta. No se por que, pero me recordo a un nino de pecho del tamano de un hombre.
Bajamos y supe que estabamos en el Alberto el Oso. No se veia al propietario por ninguna parte y no pregunte. Fuera, el aire fresco de la manana me reanimo un poco. Subi al asiento del copiloto del Hanomag y Deutsch casi se carga el cambio de marcha, pero nos saco de alli rapidamente. Conducia muy mal y por poco se estrella contra un abrevadero que habia en la esquina.
Resulto que no vivia lejos de mi casa, en la parte suroriental de la ciudad. Dejamos lo que quedaba del Hanomag en el aparcamiento del cementerio de Baruther Strasse. Joey queria llevarme al hospital, pero le dije que seguramente me recuperaria.
– ?Y tu, que? -le pregunte.
– ?Yo? Estoy bien. No te preocupes por mi, hijo.
– Te he costado el puesto de trabajo.
Joey sacudio la cabeza.
– Nunca debi aceptarlo.
Nos di fuego a los dos.
– ?Quieres que hablemos un poco de ello?
– ?A que te refieres?
– A mi amiga Ami. Noreen Charalambides. Es la que esta escribiendo sobre Isaac. Me imagino que le gustaria hablar contigo, para que le cuentes tu version de lo que le paso a tu sobrino.
Joey gruno sin mucho entusiasmo.
