Se me acerco, me miro los tobillos, me desato la soga a la que estaban sujetos los tres bloques de cemento y la ato con fuerza a los torneados tobillos de Dora.

– No se por que pone esa cara, Gunther. No voy a matarlo. Desde luego, la culpa de que ella haya muerto es suya.

– ?Por que cree que puede permitirse perdonarme la vida? -le pregunte, procurando contener el pavor que me producia la posibilidad de que, a pesar de lo que habia dicho yo a modo de amenaza y de lo que habia contestado el, finalmente me matase.

– ?Quiere decir que es lo que le impedira mandar la carta a la Gestapo a pesar de todo, si consigue salir vivo de esta?

Asenti.

Solto su risita sadica y tiro con fuerza del nudo que ataba los tobillos de Dora a los bloques de cemento.

– Una pregunta muy buena, Gunther, y se la voy a contestar en cuanto mande a esta senorita al viaje mas largo e importante de su vida. Eso se lo aseguro.

Los bloques de cemento estaban sujetos con la cuerda como la plomada de los pescadores. Grunendo energicamente, los transporto de uno en uno hasta el costado del barco, abrio una compuerta de la barandilla y los fue empujando de uno en uno con la suela del zapato hacia el otro lado. El peso de los bloques tiro del cuerpo de Dora, le dio la vuelta y empezo a arrastrarlo hacia el costado.

Seguramente fue la sensacion de que la movian lo que la hizo volver en si. Primero gimio, despues tomo aire sonoramente, levantando los pechos como dos carpitas de circo de color malva. Al mismo tiempo, estiro un brazo, se puso boca abajo, levanto un poco lo que quedaba de cabeza y hablo. Me hablo a mi.

– Gunther. Ayudame.

A Max Reles le hizo gracia la sorpresa y se rio; empezo a sacar el automatico para pegarle otro tiro antes de que los tres bloques la arrastraran hasta el otro lado de la compuerta, pero cuando termino de quitar el seguro ya era tarde. Lo que queria decirme se perdio en un grito, cuando entendio lo que estaba sucediendo. Al segundo siguiente, cayo por el costado del barco.

Cerre los ojos. No podia hacer nada por ayudarla. Se oyeron dos aparatosos chapuzones seguidos. La boca que gritaba se lleno de agua y se hizo un silencio horrisono.

– ?Dios! -dijo Reles, mirando al agua-. ?Lo ha visto? Habria jurado que la puta estaba muerta. Es decir, usted me vio darle con el pie, claro. Le habria metido otro tiro, para ahorrarle eso. Si hubiera tenido tiempo… ?Dios! - Sacudio la cabeza y solto aire nerviosamente-. ?Que le parece?

Volvio a poner el seguro a la pistola y la encajo en el acollador. Saco una petaca del abrigo y tomo un largo trago antes de ofrecermela.

– ?Otra de lo mismo, para la resaca?

Negue con un movimiento de cabeza.

– No, claro. Es lo malo de la intoxicacion etilica. No soportara ni el olor del schnapps durante una buena temporada, por no hablar de beberlo.

– Cabron.

– ?Yo? La ha matado usted, Gunther. Y a el tambien. Desde el momento en que dijo lo que dijo, no me dejo alternativa. Tenian que morir. Me habrian puesto encima de un barril con los pantalones bajados y me habrian follado desde ahora hasta Navidad y yo no habria podido evitarlo. -Tomo otro trago-. Por otra parte, usted… Se exactamente que le impedira hacerme eso mismo. ?Se le ocurre el motivo?

Suspire.

– ?Sinceramente? No.

Solto una risita y me entraron ganas de matarlo.

– Entonces, considerese afortunado de que este yo aqui para contarselo, gilipollas. Noreen Charalambides. Ahi lo tiene. Se enamoro de usted y sigue enamorada. -Fruncio el ceno y sacudio la cabeza-. Solo Dios sabra por que. Porque es usted un perdedor, Gunther. Un liberal en un pais lleno de nazis. Si eso no lo convierte en perdedor, fijese en el agujero de la suela de su zapato de mierda. Porque, vamos a ver, ?como pudo semejante mujer enamorarse de un imbecil irremediable que tiene los zapatos agujereados?

»Y lo que es igual de importante -prosiguio-, usted esta enamorado de ella. No vale la pena negarlo. Vera, estuvimos charlando un rato ella y yo, antes de que volviera a los Estados Unidos, y me conto lo que sentian el uno por el otro. Debo decir que me decepciono mucho, porque en el barco de Nueva York surgio algo entre nosotros. ?Se lo conto?

– No.

– Ahora no importa. Lo unico importante es que a usted le importa Noreen lo suficiente para evitar que la maten, porque pasaria lo siguiente: en cuanto bajemos de este barco, voy a mandar un telegrama a mi hermano pequeno, que vive en Nueva York. En realidad, es solo hermano de padre, pero la sangre es la sangre, ?verdad? Lo llaman Kid Twist, Chico Retorcido, porque eso es lo que es, el muy jodido. Bien, por eso y porque le gusta retorcer el cuello a los tipos que no le caen bien… hasta romperselo. Eso fue antes de aprender lo que mejor sabe hacer, con un picahielo. El caso es que le gusta matar gente, resumiendo. Yo lo hago porque es necesario, como ahora, pero a el le gusta ese trabajo.

»Bien, ?y que le voy a decir en el telegrama, el que le voy a mandar? Le voy a decir lo siguiente: que si me pasa algo mientras este en Alemania, si me detiene la Gestapo o cualquier otro percance, que busque a Mistress Charalambides y la mate. Con ese nombre, creame, no sera dificil dar con ella. Puede violarla tambien, si le apetece un poco, que le apetecera, y si esta de humor, que suele estarlo.

Sonrio.

– Considerelo mi denuncia, si le parece, aunque, al contrario que la suya, Gunther, no tiene nada que ver con que ella sea judia. De todos modos, estoy seguro de que entiende a grandes rasgos lo que quiero decir. Yo lo dejo en paz a usted por la carta que ha escrito al Negociado de Asuntos Judios de la Gestapo. Usted me deja en paz a mi por el telegrama que voy a mandar a mi hermano en cuanto vuelva a mi suite. Los dos estamos en jaque, igual que en el ajedrez, cuando la cosa queda en tablas. Mi poliza de seguros contrarresta la suya. ?Que me dice?

De pronto me acometieron las nauseas. Me incline hacia un lado y vomite otra vez.

– Me lo tomo como un si -dijo Reles-, porque, reconozcamoslo, ?que otra cosa podemos hacer? Me complace pensar que leo los pensamientos de los demas como un periodico, Gunther. Durante la Ley Seca era mas facil. Los tipos con los que me relacionaba consideraban las cosas blancas o negras y casi siempre sabias con quien tratabas solo con mirarlos a los ojos. Despues, cuando derogaron la Ley Volstead, mi organizacion tuvo que diversificarse, buscar otros intereses. Gunther, practicamente fui yo quien monto las organizaciones obreras y sindicales en los Estados Unidos. Sin embargo, en general, esos tipos no se dejan leer el pensamiento tan facilmente. Los de los negocios, quiero decir, ya sabe. Fue muy dificil averiguar que hostias querian, porque, al contrario que los de la priva, no lo sabian ni ellos mismos. Casi nadie sabe lo que quiere, he ahi el problema.

»Por otra parte esta usted, amigo mio, que tiene algo de cada uno. Usted cree que ve las cosas o blancas o negras, cree que sabe lo que quiere, pero en realidad no es asi. Cuando lo conoci, lo tome por un ex poli bobo cualquiera que queria hacer pasta rapida. Supongo que algunas veces se ve a si mismo de esa forma, pero usted no se acaba ahi y eso tambien debio de verlo Noreen: algo mas, algo complicado. Fuera lo que fuese, esa mujer no era de las que se enamoran de un tipo que no se enamore de ella de la misma forma. -Se encogio de hombros-. Lo que hubo entre ella y yo fue por puro aburrimiento. Con usted, fue autentico.

Reles hablaba con calma, incluso razonablemente y, oyendolo hablar, me parecio muy dificil creer que acabase de matar a dos personas. Puede que hubiera discutido con el, si me hubiese encontrado mejor, pero tal como tenia el estomago y con lo que habia hablado ya, estaba bastante agotado. Solo queria dormir y seguir durmiendo mucho tiempo. Y acaso vomitar otro poco, cada vez que el cuerpo me lo pidiese. Al menos asi sabria que estaba vivo.

– Segun mis calculos -dijo-, solo queda una cuestion.

– Espero que no sea de las que se arreglan con ese Colt.

– Directamente, no. Es decir, podria hacerme ese favor, pero es usted muy quisquilloso. Al menos, ahora. Me gustaria verlo dentro de diez anos, a ver si sigue igual.

– Si se refiere a que no estoy dispuesto a matar a sangre fria, en efecto, soy quisquilloso. Aunque, tratandose de usted, podria hacer una excepcion. Al menos, mientras no haya mandado el telegrama.

– Precisamente por eso voy a dejarlo aqui hasta que me haya dado tiempo a mandarselo a Abe desde el hotel Palace de Potsdam. Por cierto, es un hotel agradable. Tambien tengo una suite alli, para cuando voy a Potsdam.

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