– ?Taxi, senor? ?Taxi?

Lo despedi con un movimiento de la mano y, a la puerta del bar, cedi el paso a Noreen.

– Solo puedo tomar algo rapido y me voy. He quedado dentro de quince minutos. En la fabrica de puros. Cuestion de negocios. Puede que me salga trabajo, por eso no puedo faltar.

– Si lo prefieres asi… Al fin y al cabo, no ha sido mas que media vida.

2

La barra era de caoba, del tamano de un velodromo; detras se veia un mural bastante mugriento de un barco antiguo entrando en el puerto de La Habana. Podria haber sido un barco de esclavos, pero mas probablemente fuese uno de tantos cargamentos de marineros o turistas estadounidenses, como los que atestaban El Floridita en ese momento, casi todos recien desembarcados del crucero atracado en la bahia, junto al destructor. Dentro del local, un trio de musicos se preparaba para tocar. Buscamos una mesa y rapidamente, antes de que el camarero dejase de oirnos, pedi algo de beber.

Noreen se entretuvo en mirar lo que habia comprado yo.

– Conque Montaigne, ?eh? ?Impresionante!

Me hablo en aleman, dispuesta, probablemente, a hacerme alguna pregunta comprometida sin peligro de que nos oyeran y nos entendieran.

– No tanto. Todavia no lo he leido.

– ?Que es esto? ?Hobby Centre? ?Tienes hijos?

– No; es para mi. -Sonrio y yo me encogi de hombros-. Me gustan los trenes electricos. Me gusta que den vueltas y vueltas, como un pensamiento aislado, sencillo e inocente en mi cabeza. Es una forma de olvidar otros pensamientos que tengo.

– Ya se. Eres como la institutriz de Otra vuelta de tuerca.

– ?Ah! ?Si?

– Es una novela de Henry James.

– No lo sabia. Y bien, ?tu has tenido hijos?

– Una hija. Dinah. Acaba de terminar los estudios.

Llego el camarero y nos puso las bebidas delante limpiamente, como un gran maestro de ajedrez enrocandose. Cuando se hubo ido, Noreen dijo:

– ?Que ha pasado, Carlos? ?Te buscan o algo asi?

– Es largo de contar. -Brindamos en silencio.

– Me lo imagino.

Eche una mirada al reloj.

– Demasiado, para contartelo ahora. Otra vez sera. ?Y tu? ?Que haces en Cuba? Lo ultimo que supe de ti fue que te habian hecho pasar por el HUAC, ese tribunal de pega de Actividades Antiamericanas. ?Cuando fue?

– En mayo de 1952. Me acusaron de comunista, estaba en la lista negra de varios estudios de cine de Hollywood -agito su bebida con una pajita- y por eso he venido aqui. Un buen amigo mio que vive en Cuba se entero de que me habian sometido a la farsa del HUAC y me invito a pasar una temporada en su casa.

– Un amigo que vale la pena.

– Es Ernest Hemingway.

– Vaya, un amigo de quien he oido hablar.

– Por cierto, este bar es uno de los que mas le gustan.

– ?Y el y tu…?

– No. Esta casado. De todos modos, ahora mismo no esta en la isla. Se ha ido a Africa. Asuntos de matar… a si mismo, principalmente.

– ?Tambien es comunista?

– ?No, por Dios! No es nada politico. Lo que le interesa a el es la gente, no las ideologias.

– Muy sabio.

– Pero no lo demuestra.

La banda empezo a tocar y me queje. Lo hacia de una manera que mareaba, balanceandose de un lado a otro. Uno de ellos tocaba una flauta de brujo, otro golpeaba un monotono cencerro que inspiraba lastima por las vacas. Las melodias cantadas sonaban a silbato de tren de mercancias. La chica aullaba solos y tocaba la guitarra. Todavia no habia visto una guitarra sin que me entrasen ganas de clavar un clavo con ella en un trozo de madera… o en la cabeza del idiota que la tocaba.

– Bueno, no tengo mas remedio que marcharme -dije.

– ?Que pasa? ?No te gusta la musica?

– Desde que estoy en Cuba, no. -Termine mi bebida y volvi a mirar el reloj-. Oye -dije-, no voy a tardar mas de una hora. ?Por que no quedamos para comer?

– No puedo, debo volver. Esta noche tengo invitados a cenar y necesito llevar unas cuantas cosas al cocinero. Me encantaria que vinieses, si puedes.

– De acuerdo, acepto.

– Es en Finca Vigia, en San Francisco de Paula. -Abrio el bolso, saco una libreta y escribio la direccion y el numero de telefono-. ?Por que no vienes un poco antes? Sobre las cinco, por ejemplo, antes de que lleguen los demas invitados, y asi nos ponemos al dia.

– Con mucho gusto. -Cogi la libreta y anote mi direccion y numero de telefono-. Toma -dije-, por si todavia piensas que voy a huir de ti.

– Me alegro de volver a verte, Gunther.

– Yo tambien, Noreen.

Al llegar a la puerta del bar, mire atras, al publico del Floridita. Nadie prestaba atencion a la banda, ni lo fingia siquiera. Al menos, mientras hubiera tanto que beber. El barman hacia daiquiris como si fueran la oferta del dia, de doce en doce. Por lo que habia oido y leido sobre Ernest Hemingway, asi le gustaban a el, de doce en doce.

3

Compre unos petit robustos en la tienda de la fabrica de puros y me los lleve al fumadero, donde unos cuantos hombres, Robert Freeman entre ellos, habitaban en un mundo casi infernal de volutas de humo, cerillas encendidas y brillantes brasas de tabaco. El olor de ese salon me recordaba indefectiblemente a la biblioteca del hotel Adlon y casi veia a Louis Adlon delante de mi con uno de sus Upmann predilectos entre los dedos, enguantados de blanco.

Freeman era un tipo ancho y directo que parecia mas sudamericano que britanico. Hablaba espanol bien, para ser ingles -mas o menos como yo-, aunque no era de extranar, teniendo en cuenta la historia de su familia: su bisabuelo, James Freeman, habia empezado a vender puros cubanos en 1839. Escucho amablemente mi propuesta y despues me conto sus propios planes de expansion del negocio familiar:

– Tenia una fabrica de puros en Jamaica hasta hace poco, pero la produccion alli es muy variable, como los propios jamaicanos; por eso la he vendido y he preferido concentrarme en la venta de habanos en Gran Bretana. Quiero comprar un par de empresas mas, que me daran aproximadamente el veinte por ciento del mercado britanico. Sin embargo, el aleman… No se. ?Existe un mercado aleman? Dimelo tu, muchacho.

Le conte que Alemania era miembro de la Comunidad Europea del Carbon y del Acero y que gracias a la beneficiosa reforma del sistema monetario de 1948, habia experimentado el mayor crecimiento de la historia de los paises europeos. Le hable del aumento del treinta y cinco por ciento de la produccion industrial y de la subida de la agricola, que habia superado los limites de la epoca anterior a la guerra. Es increible la cantidad de informacion real que se encuentra hoy en la prensa alemana.

– La cuestion no es si puede uno permitirse el intento de hacerse con una cuota del mercado aleman, sino si

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