Casi todas las mujeres tienen un regulador de vulnerabilidad que pueden manejar a voluntad y que con los hombres funciona como la miel con las moscas. Noreen habia puesto el suyo en marcha. Primero, la contencion en la voz y despues, un suspiro rasgado. Funcionaba, si, y eso que solo lo habia puesto al nivel tres o al cuatro, pero todavia tenia el deposito lleno de lo que hace parecer debil al sexo debil. Al momento siguiente, abatio los hombros y se dio la vuelta.
– No te vayas -dijo-. Por favor, no te vayas.
Nivel cinco.
Me quede en el escalon mirando el puro y, despues, al largo y sinuoso sendero que llevaba hasta la carretera principal de San Francisco de Paula. Finca Vigia. Casa oteadora. Un buen nombre, porque, a la izquierda del edificio principal, habia algo parecido a una torre, donde alguien podia sentarse a escribir un libro en una habitacion del piso mas alto, contemplar el mundo desde arriba y tener la sensacion de ser un dios o algo parecido. Seguramente por eso algunas personas se convertian en escritores. Se acerco un gato gris y se froto contra mis espinillas, como si tambien el quisiera convencerme de que me quedase. Por otra parte, puede que solo pretendiera desprenderse, a costa de mis mejores pantalones, de un monton de pelos que le sobraban. Al lado de mi coche habia otro, sentado como un muelle tieso, listo para impedirme marchar, si acaso su colega felino no lo conseguia. Finca Vigia. Algo me decia que vigilase por mi cuenta y me largase de alli. Que, si me quedaba, podia terminar sin voluntad propia, como un personaje de una novela escrita por un estupido. Que uno de ellos -Noreen o Hemingway- podria obligarme a hacer algo que no quisiera.
– De acuerdo.
Me salio una voz de animal en la oscuridad… o de orisha del bosque, del mundo de la santeria.
Tire el puro y volvi a entrar. Noreen salio a mi encuentro a mitad de camino, detalle generoso por su parte, y nos abrazamos carinosamente. Todavia me gustaba notar su cuerpo entre mis brazos: me recordo todo lo que se supone que debia recordarme. Nivel seis. Seguia sabiendo ablandarme, de eso no cabia duda. Apoyo la cabeza en mi hombro, pero con la cara vuelta hacia el otro lado, y me dejo inhalar su belleza un ratito. No nos besamos. Todavia no era el momento, solo estabamos en el nivel seis y ella tenia la cara vuelta hacia el otro lado. Un momento despues, se separo y volvio a sentarse.
– Dijiste que Dinah salia con mala gente o algo asi -le recorde- y que por eso me habias pedido que viniese.
– Siento haberme expresado tan mal. No es propio de mi. Al fin y al cabo, se supone que las palabras se me dan bien, pero es que necesito que me ayudes… con Dinah.
– Hace mucho que no se nada de jovencitas de diecinueve anos, Noreen. E incluso cuando sabia algo, seguro que estaba completamente equivocado. No sabria que hacer, aparte de darle una azotaina.
– Me pregunto si funcionaria -dijo ella.
– No creo que sirviera de mucho. Aunque, claro, siempre es posible que me guste, lo cual seria otro motivo para mandarla directamente a Rhode Island. Sin embargo, estoy de acuerdo contigo. El club Barracuda no es sitio para una chica de diecinueve anos, aunque los hay mucho peores en La Habana.
– ?Bah! Ha estado en todos, te lo aseguro. El teatro Shanghai, el cabaret Kursaal, el hotel Chic… Son solo unos pocos que se, por las cajas de cerillas que he encontrado en su habitacion. Puede que haya ido a sitios peores.
– No, no los hay peores, ni siquiera en La Habana. -Cogi mi vaso de la mesa de cristal y puse el contenido a salvo en mi boca-. Pues si, lleva una vida salvaje. Como todos los jovenes de ahora, si las peliculas no mienten, pero al menos no se dedican a apalear a los judios. De todos modos, sigo sin saber que hacer con ella.
Noreen cogio el Old Forester y me relleno el vaso.
– Bueno, a lo mejor se nos ocurre algo entre los dos, como en los viejos tiempos, ?te acuerdas? En Berlin. Si las cosas hubieran sido de otra forma, tal vez nosotros no habriamos hecho lo que hicimos. Si hubiera llegado a escribir aquel articulo, quizas hubiesemos evitado las Olimpiadas de Hitler.
– Me alegro de que no lo escribieras, porque podrias estar muerta.
Asintio.
– Aquella temporada, formamos un buen equipo de investigacion, Gunther. Tu eras mi Galahad, mi caballero celestial.
– Claro. Me acuerdo de la carta que me escribiste. Me gustaria decirte que todavia la conservo, pero los americanos me reorganizaron los archivos cuando bombardearon Berlin. ?Quieres que te aconseje sobre Dinah? Ponle un candado en la puerta del dormitorio y dale el toque de queda a las nueve en punto. En Viena funciono muy bien, cuando las cuatro potencias aliadas se hicieron cargo de la ciudad. Tambien puedes plantearte no prestarle el coche cada vez que te lo pida. Yo en su lugar, con esos tacones que llevaba, lo pensaria dos veces antes de ponerme a andar diez kilometros hasta el centro de La Habana.
– Me gustaria verlo.
– ?A mi con tacones? Claro. Soy un habitual del club Palette, aunque alli me conocen mejor por Rita. ?Sabes una cosa? No esta tan mal que los hijos desobedezcan a sus padres con cierta frecuencia. Sobre todo si tenemos en cuenta los errores que cometen los mayores. En especial con hijos tan evidentemente mayores como Dinah.
– Quizas entiendas el problema -dijo- si te lo cuento todo.
– Intentalo, aunque ya no soy detective, Noreen.
– Pero lo has sido, ?verdad? -Sonrio con astucia-. Empezaste gracias a mi, como detective privado. ?Tengo que recordartelo?
– Asi lo ves tu, ?no?
Fruncio los labios con disgusto.
– Desde luego, no era mi intencion verlo de ninguna manera, como dices tu. Nada mas lejos, pero soy madre y me estoy quedando sin recursos en este asunto.
– Te mandare un cheque, incluidos los intereses.
– ?Ay, basta ya, haz el favor! No quiero que me des dinero, tengo de sobra, pero al menos podrias callarte un rato y tener la amabilidad de escucharme, antes de abrir fuego con dos canones. Creo que eso al menos me lo debes. Es justo, ?no te parece?
– De acuerdo. No te prometo que vaya a oir algo, pero te escucho.
Noreen sacudio la cabeza.
– ?Sabes una cosa, Gunther? Me asombra que hayas sobrevivido a la guerra. Acabamos de reencontrarnos y ya tengo ganas de pegarte un tiro. -Se rio burlonamente-. Debes andarte con mucho cuidado, lo sabes. En esta casa hay mas pistolas que entre los milicianos cubanos. Algunas noches, me siento aqui con Hem y el se pone una escopeta en el regazo para disparar a los pajaros de los arboles.
– Debe de poner en peligro a los gatos.
– No solo a los malditos gatos -sacudio la cabeza sin dejar de reirse-, ?tambien a la gente!
– Mi cabeza quedaria muy bien en tu cuarto de bano.
– ?Que idea tan horrible! ?Me estarias mirando cada vez que me banase!
– Estaba pensando en tu hija.
– Ya basta. -Noreen se levanto bruscamente-. ?Maldito seas! ?Fuera! -dijo-. ?Largate de una puta vez!
Volvi a salir de la casa.
– Espera -me solto-. Espera, por favor.
Espere.
– ?Como puedes ser tan animal?
– Supongo que no estoy acostumbrado a la sociedad humana -dije.
– Escucha, por favor. Podrias ayudarla, creo que eres la unica persona que puede. Mas de lo que te imaginas. La verdad es que no se a quien mas podria pedirselo.
– ?Se ha metido en un lio?
– No, no exactamente, al menos de momento. Veras, sale con un hombre mucho mayor que ella. Me preocupa que pueda terminar como… como Gloria Grahame en aquella pelicula, Los sobornados, ya sabes, cuando aquel cabron perverso le tira cafe hirviendo a la cara.
– No la he visto. La ultima pelicula que vi fue Peter Pan.
Nos volvimos los dos al ver aparecer un Oldsmobile blanco por la entrada. Tenia visera de proteccion solar y ruedas blancas y hacia un ruido como el autobus de Santiago.
