– He vuelto aqui por Mantilla y El Calvario. Alli tambien estaban preparando un despliegue.

No dije nada de la partida de armas que habia encontrado. Me parecio mejor olvidarlo todo. De momento.

– Parece que quieren pescar a alguien esta noche -comento.

– Lo cierto es que la red estaba llena -dije-, pero me dio la impresion de que querian hacer algo mas que pescar peces. Matarlos a tiros en un tonel, a lo mejor. Vi dos al lado de la carretera; estaban mas muertos que un par de caballas ahumadas.

– Supongo que eso son las tragedias individuales -dijo-. Por supuesto, un par de muertos no es nada, en comparacion con el gobierno de autenticos tiranos, como Stalin y Mao Tse-tung.

– Piense usted lo que quiera. Yo no he venido a convencer a nadie, solo a salvar esa estupida cabeza suya.

– Si, por supuesto, lo siento. -Fruncio los labios un momento y luego se los mordio con tanta fuerza que debio de hacerse dano-. Por lo general no se molestan en llegar tan al sur de la capital.

Noreen salio de la casa y bajo las escaleras. Llevaba un vaso en la mano y no estaba vacio. No parecia borracha, ni siquiera se le notaba al hablar. Sin embargo, como probablemente yo si lo estaba, esas observaciones no valian nada.

– ?Que ocurre? -me pregunto-. ?Has cambiado de opinion y prefieres quedarte? -dijo con un matiz de sarcasmo.

– Exacto -dije-, he vuelto por si alguien tenia un ejemplar de sobra del Manifiesto comunista.

– Podias haber dicho algo antes de marcharte -replico inflexiblemente.

– Es curioso, pero pense que a nadie le importaria.

– Entonces, ?por que has vuelto?

– Los militares estan montando controles por los alrededores -le dijo Lopez-. Tu amigo ha tenido la amabilidad de volver a avisarme.

– ?Para que los montan? -le pregunto ella-. Por aqui no hay objetivos que los rebeldes quieran atacar, ?no es cierto?

Lopez no contesto.

– Lo que quiere decir -replique- es que depende de lo que se entienda por objetivo. Al volver hacia aqui, vi un cartel de una central electrica, que podria ser un objetivo para los rebeldes. Al fin y al cabo, para hacer la revolucion, hace falta mucho mas que asesinar a los representantes del gobierno y esconder alijos de armas. Los cortes de suministro electrico desmoralizan mucho a la poblacion en general, el pueblo empieza a pensar que el gobierno ha perdido el control y, ademas, son mucho mas seguros que atacar a una guarnicion militar. ?No es asi, Lopez?

Lopez parecia perplejo.

– No lo entiendo. No simpatiza en absoluto con nuestra causa, pero se ha arriesgado a volver solo para avisarme. ?Por que?

– La linea telefonica no funciona -dije-; de lo contrario, habria llamado.

Lopez sonrio y sacudio la cabeza.

– Sigo sin entenderlo.

Me encogi de hombros.

– Es cierto, no me gusta el comunismo, pero a veces vale la pena ayudar al perdedor, como Braddock contra Baer, en 1935. Por otra parte, me parecio que los avergonzaria a todos si yo, un burgues reaccionario y apologista del fascismo, volvia aqui a sacarles a ustedes, bolcheviques, las castanas del fuego.

Noreen sacudio la cabeza y sonrio.

– Viniendo de ti, es tan malintencionado que me lo creo.

Sonrei y le dedique una leve inclinacion de cabeza.

– Sabia que entenderias el lado gracioso.

– Cabron.

– Ya sabe que puede ponerse en peligro, si vuelve a pasar por el control -dijo Lopez-. Es posible que se acuerden de usted y aten cabos. Ni los militares son tan estupidos como para no saber atarlos.

– Fredo tiene razon -dijo Noreen-. Seria arriesgado que volvieras a La Habana esta noche, Gunther. Mas vale que pases la noche aqui.

– No quiero causarte molestias -dije.

– No es ninguna molestia -dijo-. Voy a decir a Ramon que te prepare una cama.

Dio media vuelta y se marcho canturreando para si, al tiempo que espantaba a un gato y dejaba el vaso vacio en la galeria, al pasar.

Lopez se quedo mas tiempo que yo mirando el trasero que se alejaba. Me dio tiempo a observar como la miraba: con ojos de admirador y, seguramente, tambien con boca, porque se relamio los labios sin dejar de mirarla, lo cual me hizo pensar si el terreno comun entre ellos no seria solo politico, sino tambien sexual. Con la idea de que me contase algo de lo que sentia por ella, le dije:

– Es toda una mujer, ?verdad?

– Si -dijo, como ausente-, desde luego. -Sonrio y a continuacion anadio-: Una escritora maravillosa.

– Lo que le miraba yo no era el fondo editorial, precisamente.

Lopez solto una risita.

– Todavia no estoy dispuesto a pensar lo peor de usted, a pesar de lo que acaba de decir Noreen.

– ?Ha dicho algo? -replique encogiendome de hombros-. No estaba escuchando, cuando me insulto.

– Lo que quiero decir es que le estoy muy agradecido, amigo mio. Gracias, sinceramente. Sin duda, esta noche me ha salvado la vida. -Saco la cartera del asiento del Oldsmobile-. Si me hubieran pillado con esto, me habrian matado, se lo aseguro.

– ?No le pasara nada, de camino a casa?

– No, sin esto, no. A fin de cuentas, soy abogado. Un abogado respetable, por lo demas, a pesar de lo que opine usted de mi. En serio, tengo muchos clientes ricos y famosos en La Habana, Noreen entre otros. He redactado su testamento y tambien el de Ernest Hemingway. Fue el quien nos presento. Si alguna vez necesita un buen abogado, yo le representaria encantado, senor.

– Gracias, lo tendre en cuenta.

– Cuenteme. Soy curioso.

– ?En Cuba? Puede ser perjudicial.

– El panfleto que le di, ?no se lo encontraron en el control?

– Lo habia tirado entre la maleza del final de la entrada -dije-. Como ya le he dicho, no me interesa la politica de aqui.

– Veo que Noreen acierta con respecto a usted, senor Hausner: tiene un gran instinto de supervivencia.

– ?Ha vuelto a hablar de mi?

– Solo un poco. Aunque la escena anterior demuestre lo contrario, tiene muy buena opinion de usted.

Me eche a reir.

– Puede que fuera cierto hace veinte anos. En aquel momento, ella queria algo.

– Se infravalora usted -dijo-. Y mucho.

– Hacia un tiempo que no me lo decian.

Echo una mirada a la cartera que tenia entre los brazos.

– ?Podria… podria aprovecharme de su amabilidad y su valentia una vez mas?

– Intentelo.

– ?Tendria usted la bondad de llevar esta cartera a mi despacho? Esta en el edificio Bacardi.

– Lo conozco. Voy de vez en cuando al cafe que hay alli.

– ?A usted tambien le gusta?

– Tiene el mejor cafe de La Habana.

– Puesto que es extranjero, no correra gran peligro, si me la lleva, aunque puede que sea un poco arriesgado.

– Ha hablado usted con claridad, a pesar de todo. De acuerdo, se la llevare, senor Lopez.

– Por favor, tuteemonos.

– De acuerdo.

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