– Eh, no te preocupes por eso, hombre. Esa mierda no tiene por que preocuparnos a ti y a mi. En esta isla hay mas alias que un archivo entero del FBI. Si alguna vez tienes problemas con los militares por culpa del pasaporte, el visado o cualquier cosa de esas, no tienes mas que decirlo, que yo te lo arreglo.

– De acuerdo. Gracias.

– Como iba diciendo, es curioso que hayas aparecido de repente. Veras, si me he metido en el negocio de los hoteles aqui, en La Habana, ha sido por el Adlon. Me encantaba aquel hotel. Queria abrir uno tan selecto como el Adlon en Habana Vieja, no en Vedado, como Lansky y todos esos que tan buenas agarraderas tienen. Siempre me ha dado la sensacion de que Hedda habria elegido este lugar, ?no te parece?

– Puede, ?por que no? Yo no era mas que el guripa de la casa, ?que voy a saber? Pero Hedda siempre decia que un buen hotel es como un coche. El aspecto exterior no tiene ni la mitad de importancia que el funcionamiento: lo verdaderamente importante es que pueda ir a mucha velocidad, que los frenos respondan bien y que sea comodo. Todo lo demas son gilipolleces.

– Y tenia razon, desde luego -dijo Reles-. ?Dios, que bien me vendria ahora un poco de su experiencia europea! Quiero hacerme con la mejor clientela, ?sabes? Senadores y diplomaticos. Intento dirigir un hotel de calidad y un casino limpio. La verdad es que no hay ninguna necesidad de hacer trampas. Las apuestas siempre estan a favor de la casa y entra dinero a espuertas. Es asi de sencillo. Casi. Tambien es verdad que, en una ciudad como esta, hay que tener cuidado con los tiburones y los estafadores, por no hablar de los maricas y los que se visten de mujer, a menos que vayan del brazo de una persona importante. Esa clase de vicio se la dejo a los cubanos. Son una pandilla de degenerados. Esos tios son capaces de chulear hasta a su madre por cinco billetes. Y, creeme, porque tengo motivos para saberlo. En esta ciudad, la carne con sabor a moka me sale ya por las orejas.

»Por otra parte -prosiguio-, a esta gente nunca se la puede subestimar. No les cuesta nada meterte una bala en la cabeza, si tienen buenas agarraderas, o ponerte una granada en el retrete, si se trata de politica. En mi caso, tengo que andar con cuatro ojos, de lo contrario, no tardarian nada en freirme. Y ahi es donde entras tu, Gunther.

– ?Yo? No se como, Max.

– Vamos a comer y te lo cuento.

Subimos al atico en el ascensor y alli nos encontramos con Waxey. Visto de cerca, tenia cara de luchador mexicano, de los que suelen llevar antifaz. Pensandolo bien, todo el parecia un luchador mexicano. Tenia unos hombros como dos peninsulas de Yucatan. No dijo una palabra. Se limito a cachearme con unas manos como las del tio de las ovejas negras de Esau.

El atico era moderno y tan comodo como una nave espacial. Nos sentamos a una mesa de cristal y comimos sin dejar de mirarnos los zapatos el uno al otro. Los mios eran cubanos y no estaban muy limpios, los de mi anfitrion brillaban mas que campanas y cantaban con la misma fuerza. Me sorprendio que la comida fuera kosher o, al menos, judia, porque nos la sirvio una mujer alta y atractiva que era negra. Claro, que a lo mejor se habia convertido al judaismo, como Sammy Davis Jr. Cocinaba bien.

– Cuanto mayor me hago, mas me gusta la cocina judia -dijo Max-. Sera porque me recuerda a la infancia, a lo que comian todos los ninos, menos yo, porque la puta de mi madre se fugo con un sastre y Abe y yo no volvimos a verla nunca mas.

A la hora del cafe, Max volvio a encender el puro que habia dejado a medias y yo saque uno de su humidificador, que era del tamano de un cementerio.

– Bien, voy a contarte por que me puedes ayudar, Gunther. Porque no eres judio, ya ves.

Lo deje pasar. En esa epoca, ya no parecia que valiese la pena recordar una cuarta parte de sangre judia.

– Ni italiano ni cubano. Ni siquiera estadounidense. Y no me debes absolutamente nada. Joder, Gunther, no me aprecias ni para eso.

No lo contradije. Ya eramos mayorcitos. Pero tampoco le di la razon. Veinte anos era mucho tiempo para olvidar muchas cosas, pero tenia mas motivos para no apreciarlo de los que podia el imaginarse o recordar.

– Y todo eso te hace independiente, una cualidad muy valiosa en La Habana, porque significa que no debes vasallaje a nadie. Aun asi, todo eso no serviria de nada si fueses potchka, pero resulta que tampoco lo eres, sino que eres mensch, un tio legal, y la pura verdad es que me vendria muy bien un mensch con experiencia en grandes hoteles, por no hablar de los anos que pasaste en la policia de Berlin. ?Por que? Porque necesito que me ayudes: quiero que las cosas funcionen bien aqui, ya ves. Quiero que desempenes la funcion de director general del hotel y del casino: una persona de confianza, que no me juegue malas pasadas, que no se ande con rodeos y vaya directo al grano. ?Quien, mejor que tu?

– Mira, Max, me halagas, no creas que no, pero es que en estos momentos no necesito empleo.

– No te lo tomes como un empleo. No lo es. Aqui no tienes que cumplir un horario. Es una ocupacion. Todos necesitamos una ocupacion, ?verdad? Un sitio al que ir a diario: unos dias, mas tiempo y otros, menos. Eso es bueno, porque, entonces, los cabrones de mis empleados estaran siempre pendientes de si vienes o no. Mira, parezco un noodge y no me hace ninguna gracia, pero me harias un favor si anduvieras por aqui. Un favor muy grande. Por eso estoy dispuesto a pagarte un monton de dolares. ?Que te parece veinte mil al ano? Apuesto a que nunca ganaste tanto en el Adlon. Mas coche, despacho, secretaria que cruce mucho las piernas y no lleve bragas… Lo que quieras.

– No se, Max. Si lo hago, tendria que ser a mi manera, sin rodeos o nada.

– ?No te he dicho que es eso exactamente lo que necesito? En este negocio no hay mas metodo que ir al grano.

– En serio: sin interferencias. Solo te rendiria cuentas a ti y a nadie mas.

– Adjudicado.

– ?Que tendria que hacer? Ponme un ejemplo.

– Una de las primeras cosas de las que quiero que te encargues es de la contratacion y los despidos. Quiero que despidas a un jefe del casino. Es marica; no quiero empleados maricas en el hotel. Tambien quiero que hagas las entrevistas de las solicitudes que se presenten para trabajar en el hotel y en el casino. Tienes buen olfato para eso, Gunther. Un cabron cinico como tu sabe asegurarse de que contratemos a gente honrada y normal, cosa que no siempre es facil, porque a veces te echan el humo en los ojos. Por ejemplo, pago los salarios mas altos, mejores que los de cualquier hotel de la ciudad. Por eso quieren trabajar aqui casi todas las chicas (y sobre todo contrato chicas, porque es lo que quieren ver los clientes), pero, claro, estan dispuestas a hacer cualquier cosa por un puesto de trabajo. Me refiero a cualquier cosa de verdad, pero eso no siempre es bueno para mi. No soy mas que un ser humano y, en estos momentos de mi vida, no me hace ninguna falta toda esa cantidad de tentaciones mayusculas. Se acabo el andar follando a diestro y siniestro. ?Sabes por que? Porque voy a casarme con Dinah, ya ves.

– Enhorabuena.

– Gracias.

– ?Lo sabe ella?

– ?Pues claro, petardo! La chica bebe los vientos por mi y yo por ella. Si, si, ya se lo que vas a decir: que podria ser su padre. No empieces otra vez con lo de las canas y la dentadura postiza, como anoche, porque te aseguro que va en serio. Voy a casarme con ella y despues voy a poner en movimiento todos mis contactos con el negocio del espectaculo, para ayudarla a convertirse en estrella de cine.

– ?Y Brown?

– ?Brown? ?Que es eso?

– Es la universidad a la que quiere mandarla Noreen.

Reles hizo una mueca.

– Eso es lo que quiere Noreen para si misma, no para su hija. Dinah quiere ser artista de cine. Ya se la he presentado a Sinatra, a George Raft, a Nat King Cole… ?Te ha dicho Noreen que la chica sabe cantar?

– No.

– Con su talento y mis contactos, puede llegar donde quiera.

– ?A ser feliz tambien?

Reles se estremecio.

– Si, tambien. Maldita sea, Gunther, ?que cabronazo recalcitrante llegas a ser! ?Por que?

– He practicado mucho, puede que mas que tu, que ya es decir. No voy a hacerte un resumen completo del

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