melodrama, Max, pero, cuando termino la guerra, habia visto y hecho unas cuantas cosas que habrian matado a Jiminy Cricket de un ataque cardiaco. Me salieron dos corazas mas sobre la conciencia con la que vine a la vida, como los callos de los pies. Despues pase dos anos con los sovieticos, de invitado en una residencia de descanso para prisioneros de guerra alemanes agotados. Me ensenaron mucho sobre hospitalidad, es decir, sobre lo que no es la hospitalidad. Cuando me escape, mate a dos y fue un placer como nunca lo habia sido para mi. Tomatelo como quieras. Despues monte mi propio hotel, hasta que fallecio mi mujer en un manicomio. Pero yo no servia para eso, lo mismo que si hubiese montado un colegio de senoritas en Suiza para rematar la educacion de jovenes inglesas. Ahora que lo digo, ojala lo hubiese montado. Habria rematado a unas cuantas para siempre. Buenos modales, cortesia alemana, encanto, hospitalidad… Me quedo corto de todas esas cosas, Max. A mi lado, hasta el peor cabron se siente satisfecho de si mismo. Cuando me conocen, vuelven a casa, leen la Biblia y dan gracias a Dios porque no son yo. Asi que, dime, ?por que te parezco apto para ese trabajo?
– ?Quieres que te diga la verdad? -Se encogio de hombros-. Hace muchos anos… el barco del lago Tegel… ?te acuerdas?
– ?Como iba a olvidarlo!
– Aquel dia te dije que me caias bien, Gunther, y que habia pensado en ofrecerte trabajo, pero que de nada me serviria un hombre honrado.
– Me acuerdo. Aquello se me grabo a fuego en los ojos.
– Bueno, pues ahora si que me sirve de algo. Es asi de sencillo, companero. Necesito a un hombre integro, ni mas ni menos.
Un hombre integro, dijo. Un mensch. Yo lo dudaba. ?Habria proporcionado un mensch a Max Reles los medios para hacer callar a Othman Weinberger, destruyendole la carrera y seguramente tambien la vida? A fin de cuentas, fui yo quien soplo al estadounidense el talon de Aquiles de Weinberger: que el don nadie de la Gestapo de Wurzburgo era falsamente sospechoso de ser judio. Y tambien fui yo quien le hablo de Emil Linthe, el falsificador, y le dijo que ese hombre sabia abrirse paso hasta las oficinas del registro publico e inyectar una transfusion judia a un hombre como Weinberger tan facilmente como a mi una aria. En mi descargo, podia argumentar que todo habia sido por proteger a Noreen Charalambides del criminal del hermano de Max, pero, ?que integridad le quedaba a uno, despues de una cosa asi? ?Un mensch? No, yo podia ser cualquier cosa menos eso.
– De acuerdo -dije-, acepto el trabajo.
– ?De verdad? -dijo Max Reles, como asombrado. Me miro fijamente un momento-. Vaya, ahora me ha picado la curiosidad. ?Que es lo que te ha convencido?
– Puede que nos parezcamos mas de lo que creo. Puede que haya sido porque me he acordado de tu hermano y de lo que podria hacerme con un picahielo, si te dijese que no. ?Que tal esta el chico?
– Muerto.
– Lo siento.
– No lo sientas. Traiciono a unos amigos mios por salvar el pellejo. Mando a seis tios a la silla electrica, entre ellos, a un antiguo companero mio de la escuela. Sin embargo, era un pajaro que no sabia volar. En noviembre de 1951, estaba a punto de identificar a un pez gordo, cuando lo empujaron por una ventana alta del hotel Half Moon, de Coney Island.
– ?Sabes quien fue?
– En aquel momento estaba en proteccion de testigos, conque si, desde luego. Un dia me vengare de esos tipos. Al fin y al cabo, la sangre es la sangre y nadie dio ni pidio permiso. De todos modos, ahora mismo seria malo para el negocio.
– Siento haber preguntado.
Reles asintio sombriamente.
– Y te agradeceria que no volvieras a hacerlo nunca mas.
– Ya se me ha olvidado la pregunta. A los alemanes se nos da muy bien. Llevamos nueve anos intentando olvidar que una vez existio un tal Adolf Hitler. Creeme, si lo puedes olvidar a el, puedes olvidar cualquier cosa.
Reles solto un grunido.
– Hay un nombre que no he olvidado -dije-. Avery Brundage. ?Que seria de el?
– ?Avery? Nos distanciamos bastante cuando se metio en el Primer Comite Americano por la no intervencion de los Estados Unidos en la guerra, en vez de seguir intentando expulsar a los judios de Chicago de los clubs de campo. De todos modos, ese cabron escurridizo ha sabido cuidarse. Amaso una fortuna de millones de dolares. Su constructora edifico un terreno considerable de la costa de oro de Chicago: Lake Shore Drive. Incluso iba a presentar su candidatura al gobierno de Illinois, pero ciertos elementos de Chicago le dijeron que se limitase a la administracion deportiva. Ahora podria decirse que nos hacemos la competencia. Es propietario del hotel La Salle de Chicago, el Cosmopolitan de Denver y el Hollywood Plaza de California, ademas de una buena porcion de Nevada. -Reles asintio-. ?Cuanto lo ha mimado la vida! Lo acaban de elegir presidente del Comite Olimpico Internacional.
– Supongo que te forraste en 1936.
– Desde luego, pero Avery tambien. Despues de las Olimpiadas, consiguio el contrato de los nazis para la construccion de la nueva embajada alemana en Washington. Fue la recompensa que le dio el Fuhrer en agradecimiento por haber parado el boicot. Debio de sacar muchos millones, pero yo no vi un centimo. -Sonrio-. Pero todo eso fue hace mucho tiempo. Desde entonces, lo mejor que me ha pasado ha sido Dinah. Esa chica es un demonio.
– Como su madre.
– Quiere probarlo todo.
– Supongo que fuiste tu quien la llevo al teatro Shanghai.
– No lo habria hecho -dijo Reles-. No la habria llevado alli, pero insistio y esa chica consigue lo que quiere. Tiene un temperamento endemoniado.
– ?Y que tal el espectaculo?
– ?Tu que crees? -Se encogio de hombros-. A decir verdad, me parece que no le impresiono mucho. Esa chiquilla esta dispuesta a verlo todo. Ahora quiere que la lleve a un fumadero de opio.
– ?Opio?
– Deberias probarlo tu tambien alguna vez. Es estupendo para no engordar.
Se dio unas palmadas en la tripa y, a decir verdad, parecia mas delgado que en Berlin, que yo recordase.
– En Cuchillo hay un garito en el que se pueden fumar unas pipas y olvidarlo todo, incluso a Hitler.
– En tal caso, a lo mejor hasta lo pruebo.
– Me alegro de que te hayas subido al barco, Gunther. Oye, ven manana por la noche y te presento a algunos de los muchachos. Estaran todos. Los miercoles por la noche es mi velada de cartas. ?Juegas a las cartas?
– No, solo al backgammon.
– ?Backgammon? Eso es dados de maricones, ?no?
– En realidad, no.
– Era una broma, hombre. Tenia un amigo muy aficionado a ese juego. ?Se te da bien?
– Depende de los dados.
– Ahora que lo pienso, Garcia juega al backgammon. Jose Orozco Garcia. El cochambroso ese que es dueno del Shanghai. Siempre anda a la caza de una partida. -Sonrio-. ?Dios! Me encantaria que machacases a ese cabron seboso. ?Quieres que te arregle una partida con el? ?Manana por la noche, quiza? Tendra que ser temprano, porque le gusta ir a echar un vistazo al teatro despues de las once. Bueno, no es mal plan: partida con el a las ocho, te dejas caer por aqui a eso de las once menos cuarto, conoces a los muchachos… y puede que salgas con un poco de pasta extra en el bolsillo.
– Suena bien, un poco de pasta extra siempre viene bien.
– Ahora que lo dices…
Me llevo a su despacho. Habia un moderno escritorio de madera de teca con el sobre blancuzco y unas sillas de cuero que parecian de barco deportivo de pesca.
Saco un sobre de un cajon y me lo entrego.
– Hay mil pesos -dijo-, para que veas que la oferta va en serio.
