– Que pregunta tan tonta, en esta casa. En la torre hay un armario con armas suficientes para empezar otra revolucion, pero si, da la casualidad de que mi madre tiene pistola propia. Se la regalo Ernest. Supongo que le parecio bien prestarsela.

– ?Crees que seria capaz?

– No se. Supongo que por eso se lo acabo de contar a usted. No lo se, de verdad. Ernest y ella hablaban mucho del suicidio, sin parar. Ademas, no sabe por que prefiero ir con Max, en vez de quedarme haciendo el vago aqui.

– ?Cuando vuelve Hemingway, exactamente?

– En julio, creo. Ya estaria de vuelta, pero sigue hospitalizado en Nairobi.

– Seguro que se le enfrento alguna fiera.

– No, fue un accidente de avion o un incendio en la selva… o puede que las dos cosas. El caso es que estuvo muy mal una temporada.

– ?Que pasa cuando vuelve? ?Tu madre y el mantienen relaciones?

– ?No, por Dios! Ernest esta casado con Mary. Aunque no creo que eso sea un impedimento. Por otra parte, me parece que se ve con otro. Noreen, quiero decir. Bueno, el caso es que ha comprado una casa en Marianao y, por lo visto, nos vamos a ir a vivir alli dentro de uno o dos meses.

Saco un paquete de tabaco, encendio un cigarrillo y echo el humo hacia el suelo, lejos de mi.

– Voy a casarme con el. Nada ni nadie me lo podra impedir.

– Menos tu madre, si se pega un tiro. Hay gente que se suicida por menos.

Dinah hizo un mohin como el que podria haber hecho yo cuando me dijo que su madre se veia con otro.

– ?Y usted que opina? -pregunto-. De Max y yo, quiero decir.

– ?Serviria de algo que te lo dijera?

Sacudio la cabeza.

– ?Y de que hablo con el?

– Me ha ofrecido trabajo.

– ?Va a aceptarlo?

– No se. Le he dicho que si, pero me da reparo trabajar con un gangster.

– ?Eso es lo que opina de el?

– Ya te he dicho que mi opinion no tiene importancia. Lo unico que me ha ofrecido es un empleo, encanto. No me ha propuesto matrimonio. Si no me gusta trabajar con el, lo dejo y tan amigos. Sin embargo, no se por que romantica razon, me parece que lo que siente el por ti es distinto. A cualquier hombre le pasaria lo mismo.

– No se me esta insinuando, ?verdad?

– Si quisiera, estaria en la piscina.

– Max va a lanzarme al estrellato.

– Eso tenia entendido. ?Por eso vas a casarte con el?

– Pues la verdad es que no. -Se sonrojo levemente y la voz le sono un poco malhumorada-. Da la casualidad de que nos queremos.

Ahora fui yo quien puso mala cara.

– ?Que pasa, Gunther? ?No se ha enamorado nunca?

– Desde luego que si. De tu madre, por ejemplo, aunque fue hace veinte anos. En aquellos tiempos, todavia podia decir a una mujer con toda la sinceridad del mundo que estaba enamorado de ella. Ahora, eso son solo palabras. A mi edad, ya no se trata de amor. Uno no puede convencerse de que lo es. No lo es en absoluto. Siempre es otra cosa.

– ?Le parece que solo quiere casarse conmigo por el sexo? ?Es eso?

– No. Es mas complicado. Se trata de querer ser joven otra vez. Por eso muchos hombres mayores se casan con chicas mucho mas jovenes, porque creen que la juventud se contagia, pero nada mas lejos de la realidad. Por el contrario, lo que si que se contagia es la vejez. Quiero decir que, con el tiempo, es seguro que tambien tu la contraeras. -Me encogi de hombros-. Insisto, encanto, lo que yo piense no tiene importancia. No soy mas que un haragan que una vez se enamoro de tu madre.

– No creas que eres socio de un club tan exclusivo.

– No lo creo. Tu madre es una mujer muy bella. Seguro que todo lo que tienes lo has heredado de ella. - Asenti-. Eso que has dicho antes, lo de suicidarse… Voy a ir a verla antes de marcharme.

Me aleje rapidamente de alli y entre en la casa antes de soltar una barbaridad, que era lo que tenia ganas de hacer.

Las puertas de cristal de la parte de atras estaban abiertas y solo montaba guardia un antilope, conque entre y eche un vistazo en el dormitorio de Noreen. Esta durmiendo desnuda encima de la sabana de arriba y me quede mirandola un minuto de reloj. Dos mujeres desnudas en una sola tarde… Era como ir a Casa Marina, salvo por un detalle: acababa de darme cuenta de que habia vuelto a enamorarme de Noreen. Puede que mis sentimientos por ella no hubiesen cambiado nunca, pero los habia enterrado tan hondo que se me habia olvidado donde. No se, pero, a pesar de lo que le habia dicho a Dinah, si Noreen hubiese estado despierta, le habria arrojado a la cara un monton de sentimientos, entre ellos, unos cuantos sinceros de verdad.

Tenia los muslos completamente separados y, por cortesia, aparte de alli la vista; fue entonces cuando vi la pistola en las estanterias, al lado de unas fotografias y de un frasco con una rana en formol. La rana parecia comun y corriente, pero el revolver no. Aunque lo hubiese inventado y fabricado el belga que le dio su nombre, el Nagant habia sido el arma auxiliar reglamentaria de los oficiales rusos del Ejercito Rojo y la NKVD. Un arma pesada e inesperada en esa casa.

La cogi por la curiosidad de haberla reconocido. Tenia una estrella roja incrustada en la culata, cosa que corroboraba su origen sin sombra de duda.

– Esa es su pistola -dijo Dinah.

Mire alrededor mientras Dinah entraba en la habitacion y tapaba a su madre con la sabana.

– No es precisamente un arma femenina -dije.

– Digamelo a mi.

Se fue al cuarto de bano.

– Dejo mi numero en el escritorio del telefono -le dije desde fuera-. Llamame, si te parece que de verdad puede ponerse en peligro. A cualquier hora.

Me abotone la chaqueta y sali del dormitorio. Vi fugazmente a Dinah sentada en el retrete y, al oir el ruido de la orina, pase rapidamente al estudio.

– No creo que lo dijera en serio -replico Dinah-, como tantas otras cosas.

– Eso lo hacemos todos.

Habia un escritorio de madera con tres cajones, repleto de grabados de animales, cartuchos de diferentes tamanos y balas de rifle, puestas de pie como pintalabios letales. Busque papel y boligrafo y escribi mi numero de telefono en cifras grandes para que se viese bien. Y no como a mi. Despues, me marche.

Volvi a casa y pase el resto del dia y la mitad de la noche en mi pequeno taller. Trabaje pensando en Noreen, en Max Reles y en Dinah. No me llamo nadie por telefono, pero eso no tenia nada de particular.

9

El Barrio Chino de La Habana era el mayor de Latinoamerica y, como se estaba celebrando el Ano Nuevo Chino, las calles laterales de Zanja y Cuchillo estaban adornadas con farolillos de papel; proliferaban los mercadillos al aire libre y las comparsas de la danza del leon. En el cruce de Amistad con Dragones habia un portalon del tamano de la Ciudad Prohibida que, a la caida de la noche, se convertiria en el centro de una tremenda descarga de fuegos artificiales, el momento cumbre de las fiestas.

A Yara le gustaba toda clase de desfiles ruidosos; por ese motivo, excepcionalmente, habia optado por salir con ella por la tarde. En las calles del Barrio Chino abundaban las lavanderias, las casas de comida, los fumaderos de opio y los burdeles, pero sobre todo hervian de gente, chinos en su mayoria; tantos, que uno se preguntaba donde se habian escondido hasta entonces.

Compre a Yara algunas fruslerias -fruta y golosinas- que le encantaron. A cambio, en los puestos de medicina

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