Su nueva conciencia le decia que tenia que haber alguien que la dejara entrar. Su vieja conciencia, que no podia ser alguien a quien quisiera. Ni siquiera que le gustara. Gosta encajaba en ambas descripciones.
Se levanto, se seco y se puso unos pantalones y una blusa. Ya en la calle se dio cuenta de que no habia cogido un abrigo. Sin embargo no tenia frio.
Al pie de los edificios altos se detuvo, miro hacia la ventana de Gosta. Estaba en casa. Siempre estaba en casa.
No habia pensado en eso. Solo se habia hecho a la idea de que iba a buscar lo que necesitaba. Pero puede que Gosta quisiera vivir.
El pensamiento se freno, desaparecio. Se puso la mano en el corazon. Latia cinco veces por minuto y ella sabia que tenia que cuidar su corazon. Que habia algo en eso de… las estacas afiladas.
Cogio el ascensor hasta el penultimo piso, llamo. Cuando Gosta abrio la puerta y vio a Virginia, sus ojos se abrieron de una manera que parecia espanto.
Gosta dijo:
– Pero… ?eres tu?
– Si. ?Puedo…?
Hizo un movimiento hacia el interior del apartamento. No lo entendia. Pero intuitivamente supo que necesitaba una invitacion, si no… si no… pasaria algo. Gosta asintio, reculo un paso.
– Se bienvenida.
Entro y Gosta volvio a cerrar la puerta, la miro con los ojos llorosos. Estaba sin afeitar, la piel fofa del cuello ennegrecida por la barba grisacea de dos dias. La pestilencia del apartamento peor de lo que recordaba, mas nitida.
El viejo cerebro se cerro. El hambre tomo la iniciativa. Virginia puso las manos en los hombros de Gosta, vio sus manos ponerse en los hombros de Gosta. Sin oponer resistencia. La vieja Virginia estaba ahora acurrucada en algun lugar lejano de su cabeza, sin control.
La boca dijo:
– ?Quieres ayudarme con una cosa? Quedate quieto.
Ella oyo algo. Una voz.
– ?Virginia! ?Hola! Como me alegro de que…
Lacke se echo hacia atras cuando Virginia volvio la cabeza hacia el.
Tenia los ojos vacios. Como si alguien le hubiera clavado agujas en ellos y hubiera absorbido lo que Virginia era y solo hubiera dejado la mirada inexpresiva de un modelo anatomico:
Virginia lo miro fijamente durante un segundo, luego solto a Gosta y se volvio hacia la puerta; asio el picaporte: estaba cerrada. Descorrio la cerradura, pero Lacke la cogio y la aparto.
– No vas a ninguna parte antes de que…
Virginia se revolvia en sus brazos y le golpeo con el codo en la boca, el labio se le revento contra los dientes. El le sujetaba con fuerza por los brazos, apretando la mejilla contra la espalda de ella.
– Ginja, joder. Tengo que hablar contigo. He estado tan preocupado. Tranquilizate, ?que te pasa?
Ella dio un tiron hacia la puerta, pero Lacke, que la sujetaba con fuerza, la arrastro hacia el cuarto de estar. Se esforzaba por hablarle tranquilo, con calma, como a un animal asustado, mientras la arrastraba delante de el.
– Ahora nos va a poner Gosta un cubata y nos sentamos tranquilamente y hablamos de ello, porque yo… yo te voy a ayudar. Sea lo que sea, ?vale?
– No, Lacke, no.
– Si, Ginja, si.
Gosta entro como pudo en el cuarto de estar, le sirvio un cubata a Virginia en el vaso de Lacke. Lacke hizo entrar a Virginia, la solto y se coloco en el vano de la puerta, con las manos en las jambas, como un portero. Se chupo un poco de sangre que tenia en el labio inferior.
Virginia se encontraba en el centro del cuarto, tensa. Miraba a su alrededor como si buscara la manera de huir. Sus ojos se fijaron en la ventana.
– No, Ginja.
Lacke estaba preparado para correr hacia ella, cogerla de nuevo si intentaba alguna tonteria.
Oyo un ruido como cuando uno rompe un huevo en una sarten caliente.
Otro mas, igual. Otro.
La habitacion se lleno de bufidos cada vez mas fuertes, agitacion.
Todos los gatos del cuarto se habian levantado, estaban con los lomos arqueados y las colas tiesas mirando a Virginia. Hasta Miriam se levanto torpemente con la tripa arrastrando, echo las orejas hacia atras y mostro los dientes.
Del dormitorio, de la cocina, llegaron mas gatos.
Gosta habia dejado de echar ginebra; se quedo con la botella en la mano mirando a sus gatos con los ojos como platos. La agitacion planeaba ahora como una nube de electricidad dentro del cuarto, aumentando. Lacke se vio obligado a gritar para hacerse oir por encima de los maullidos.
– Gosta, ?que hacen?
Este meneo la cabeza, hizo un gesto estirando el brazo y se le salio un poco de ginebra de la botella.
– No lo se… Nunca he…
Un gato negro pequeno dio un salto sobre la pierna de Virginia, le clavo las unas y la mordio. Gosta dejo la botella sobre la mesa con un golpe y dijo:
– ?Fuera, Titania, fuera!
Virginia se agacho, agarro al gato por el lomo e intento quitarselo de encima. Otros dos aprovecharon la ocasion y le saltaron sobre la espalda y la nuca. Virginia lanzo un grito y se quito el gato de la pierna, le tiro de las patas. El gato volo por la habitacion, se estrello contra el borde de la mesa y cayo a los pies de Gosta. Uno de los que tenia en la espalda se le subio a la cabeza e hizo presa con las unas mientras le mordia en la frente.
Antes de que a Lacke le diera tiempo a llegar, otros tres gatos se le habian echado encima. Maullaban como locos mientras Virginia les arreaba punetazos. Con todo, siguieron aferrados a ella, desgarrandole la carne con sus minusculos dientes.
Lacke metio las manos en la palpitante masa sobre el pecho de
