– Si.

– ?Por que?

– Por si me dices que no.

– Bueno, pues te digo que no. Esto es… no, espabilate. Vete a casa.

La chica estaba sentada tranquilamente en la butaca, pensando. Despues asintio con la cabeza, se levanto y recogio el dinero del suelo, lo guardo en el neceser. Tommy miraba el sitio donde habian estado. Cinco. Mil. Un ruido metalico al abrirse el cerrojo. Tommy se puso boca arriba en el sofa.

– Pero… ?que?…, ?me vas a cortar el cuello?

– No. Solo en la parte interior del codo. Un poco.

– ?Pero que vas a hacer con ello?

– Bebermelo.

– ?Ahora?

– Si.

Tommy se sondeo por dentro y vio esa lamina de la circulacion de la sangre puesta como un papel de calco en la parte interior de su cabeza. Sintio, tal vez por primera vez en su vida, que tenia una circulacion sanguinea. No solo puntos aislados, heridas por donde salen una o dos gotas de sangre, sino un gran arbol que bombeaba lleno de arterias llenas de… ?cuanto seria?… cuatro, cinco litros de sangre.

– ?Que enfermedad es esa?

La chica no dijo nada, estaba al lado de la puerta con el picaporte en la mano, observandole, y las lineas de las arterias y de las venas de su cuerpo, el mapa, adquirieron de pronto el aspecto de una lamina de despiece. Eludio ese pensamiento, penso en cambio: Hazte donante. Veinticinco coronas y un bocadillo de queso. Despues dijo:

– Entonces, dame el dinero.

La chica abrio la cremallera del neceser, volvio a sacar los billetes.

– ?Y si te doy… tres ahora y dos despues?

– Vale, vale. Pero podria sobradamente… echarme encima de ti y quitarte el dinero, ?es que no lo entiendes?

– No. No podrias.

Le extendio tres billetes de mil, sujetos entre los dedos indice y corazon. El miro cada uno de ellos a contraluz, comprobo que eran autenticos. Los enrollo como un cilindro y los cogio con la mano izquierda.

– Bueno. ?Ahora entonces?

La chica dejo los otros dos billetes de mil en la butaca, se sento de rodillas al lado del sofa, saco el paquete de cuchillas del neceser, extrajo una cuchilla.

Ya ha hecho esto antes.

La chica volvio la cuchilla como para ver que lado era el mas afilado. Se lo acerco a la cara. Un leve aviso cuya unica palabra era: Schvittt. Ella dijo:

– No se lo cuentes a nadie.

– ?Que pasa entonces, di?

– No lo cuentes. A nadie.

– No -Tommy miro de reojo hacia su codo estirado, hacia los billetes que habia en la butaca-. ?Y cuanto me vas a sacar?

– Un litro.

– ?Es… mucho?

– Si.

– ?Es tanto que yo…?

– No. No te pasara nada.

– Se renueva otra vez, claro.

– Si.

Tommy asintio. Luego miro fascinado mientras la cuchilla, reluciente como un pequeno espejo, bajaba hasta su piel. Como si le estuviera pasando a otro, en algun otro sitio. Solo vio el juego de lineas. Las mandibulas de la chica, su pelo negro, su propio brazo blanco, el rectangulo de la cuchilla que apartaba el ralo vello del brazo y llegaba a su meta; se apoyo un momento sobre la vena hinchada, algo mas oscura que la piel de alrededor.

Presiono hacia abajo, suave, suave. Una esquina se hundio en la piel sin romperla. Luego:

Schvittt

Una sacudida hacia atras y Tommy resoplo, apreto la otra mano, en la que tenia los billetes, con mas fuerza. Dentro de su cabeza, los dientes retumbaron al apretar y rechinar unos contra otros. Aparecio la sangre, salia a borbotones.

El tintineo cuando la cuchilla cayo al suelo y la chica cogio su brazo con las dos manos, apretando sus labios contra el pliegue del codo.

Tommy volvio la cabeza, no sintio mas que sus calidos labios, la lengua batiendo contra su piel y de nuevo vio el mapa interior de su cuerpo, los canales por los que corria la sangre, agitandose contra… la hendidura.

Sale de mi.

Si. El dolor iba aumentando. El brazo empezaba a paralizarse, ya no sentia los labios, solo la succion, como se… absorbia de el, como…

Sale.

Se asusto. Queria dejarlo. Dolia demasiado. Los ojos se le llenaron de lagrimas, abrio la boca para decir algo, para… no pudo. No habia palabras que pudieran… Doblo el brazo que tenia libre sobre la boca, apretando la mano cerrada contra los labios. Sintio el cilindro de papel que sobresalia. Lo mordio.

21.17, domingo por la tarde, explanada de Angby.

Un hombre es observado fuera de un salon de peluqueria. Esta con la cara y las manos apoyadas contra el escaparate. Parece muy borracho. La policia llega al lugar quince minutos mas tarde. El hombre ya lo ha abandonado. Los cristales de la ventana no presentan ningun dano, solo restos de barro y tierra. En el escaparate iluminado unas cuantas fotos de jovenes, modelos de peluqueria.

– ?Estas dormido?

– No.

Un soplo de perfume y de frio cuando su madre entro en la habitacion de Oskar y se sento al borde de la cama.

– ?Te lo has pasado bien?

– Si, claro.

– ?Que has hecho?

– Nada especial.

– He visto los periodicos. En la mesa de la cocina.

– Mmm.

Oskar se tapo mas con el edredon, hizo como que bostezaba.

– ?Tienes sueno?

– Mmm.

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату