Verdad y mentira. Estaba cansado, tan cansado que le zumbaba la cabeza. Queria solamente envolverse en el edredon, cerrar la entrada y no salir hasta que… hasta que… pero sueno, no. Y… ?podria dormir ahora que estaba contagiado?

Oyo que su madre le preguntaba algo acerca de su padre, y dijo «bien» sin saber a que estaba respondiendo. Se quedaron en silencio. Despues su madre suspiro, profundamente.

– Pero pequeno, ?que te pasa? ?Puedo hacer algo?

– No.

– ?Que es lo que te pasa?

Oskar hundio la cabeza en la almohada, respirando de tal manera que la nariz, la boca y los labios se le llenaron de aire caliente. No podia soportarlo. Demasiado dificil. Tenia que contarselo a alguien. Con la cabeza en la almohada dijo:

– … yotoyagiado…

– ?Que has dicho?

Oskar levanto la cabeza de la almohada.

– Estoy contagiado.

La mano de su madre le acaricio el pelo, la nuca, siguio hacia abajo y el edredon se deslizo un poco.

– Como que conta… pero… si tienes la ropa puesta.

– Si, es que…

– A ver que te miro. ?Tienes calor? -puso su fria mejilla en la frente de su hijo-. Tienes fiebre. Ven. Tienes que quitarte la ropa y acostarte como es debido -Se levanto de la cama sacudiendo con cuidado a Oskar en el hombro-: Vamos.

Ella respiro con mas fuerza, se le ocurrio algo. Dijo en otro tono:

– ?Te has vestido en condiciones cuando has estado en casa de papa?

– Si, claro. No es eso.

– ?Te has puesto el gorro?

– Sii. No es eso.

– Entonces, ?que es?

Oskar volvio a apoyar la cabeza en la almohada, se abrazo a ella y dijo:

– … ooyasermpiro…

– Oskar, ?que dices?

– Me voy a convertir en vampiro.

Pausa. El sonido calmado del abrigo de su madre cuando esta se cruzo de brazos.

– Oskar. Ahora te levantas. Te quitas la ropa. Y te metes en la cama.

– Me voy a convertir en un vampiro.

La respiracion de su madre. Evidentemente, enfadada.

– Manana voy a ser yo la que coja y tire todos esos libros que lees.

El edredon de Oskar desaparecio. Se levanto, se quito la ropa despacio; evito mirar a su madre. Se volvio a meter en la cama y ella le coloco bien el edredon.

– ?Quieres algo?

Oskar nego con la cabeza.

– ?Tomamos la temperatura…?

Oskar meneo la cabeza con mas fuerza. Entonces miro a su madre. Ella estaba inclinada sobre la cama, con las manos sobre las rodillas. Los ojos observadores, preocupados.

– ?Quieres algo?

– No. Bueno, si.

– ?Que es?

– No, no era nada.

– Pero dilo.

– ?Me puedes… contar un cuento?

Un vislumbre de diferentes sentimientos cruzo el rostro de su madre: tristeza, alegria, inquietud, una sonrisa forzada, una arruga de preocupacion. Todo en unos segundos. Luego dijo:

– Yo… no me se ningun cuento. Pero… puedo leerte uno si quieres. Si tenemos algun libro…

Su mirada volo hacia la estanteria que habia al lado de la cabeza de Oskar.

– No, no hace falta.

– Pero si lo hago encantada.

– No. No quiero.

– ?Por que no? Si acabas de decir…

– Si, pero… no. No quiero.

– ?Te… canto algo?

– ?No!

Su madre se mordio los labios, ofendida. Despues decidio no estarlo, puesto que Oskar estaba enfermo:

– Tal vez pueda inventarme algo si eso…

– No, esta bien. Ahora quiero dormir.

Su madre acabo dandole las buenas noches, salio de la habitacion. Oskar permanecio acostado con los ojos abiertos mirando hacia la ventana. Trataba de notar si se estaba… convirtiendo. No sabia lo que tenia que notar. Eli. ?Como fue en realidad cuando el se… convirtio?

Separarse de todo.

Abandonar. Madre, padre, la escuela… Jonny, Tomas… Estar con Eli. Siempre.

Oyo como se encendia la tele en el cuarto de estar, se bajaba enseguida el volumen. El ruido suave de la tetera en la cocina. El fuego de la cocina que se enciende, el tintineo de copas y tazas. Armarios que se abren.

Los sonidos habituales. Los habia oido cientos de veces. Y se puso triste.

Las heridas se habian curado. De los aranazos solo quedaban en el cuerpo de Virginia lineas blancas, en algunos sitios restos de costras que aun no se habian desprendido. Lacke le acariciaba la mano, sujeta al cuerpo por un cinturon de cuero, y una costra mas se desmigo bajo sus dedos.

Virginia habia opuesto resistencia. Una resistencia violenta cuando recupero la consciencia y comprendio lo que estaba a punto de suceder. Se arranco la sonda para la transfusion de sangre, grito y pataleo.

Lacke no tuvo fuerzas para ver como peleaban con ella, que estaba como transformada. Bajo a la cafeteria y se tomo un cafe. Despues otro y otro mas. Cuando iba a servirse el cuarto, la cajera le recordo cansada que solo estaba incluida una taza extra. Lacke le habia contestado que estaba sin blanca, y se sentia tan mal como si se fuera a morir al dia siguiente, y que si no

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату