?Por que? ?Por que aquello… de la cabeza?

El contagio. No debia alcanzar al sistema nervioso. Habia que cerrar el cuerpo. Era todo lo que habia conseguido saber. No lo habia entendido. Ahora si.

Los pasos se volvieron mas rapidos, las voces mas bajas. Subieron por las escaleras. Hakan se sento de nuevo, observo los rasgos de la cara muerta y con la boca abierta. ?Habria sido posible que aquel cuerpo se levantara y se sacudiera las hojas si no hubiera sido… cerrado?

Solto una carcajada estrepitosa que revoloteo como un gorjeo de pajaros bajo el techo del puente. Se llevo la mano a la boca y apreto con tanta fuerza que se hizo dano. La imagen del cadaver levantandose de entre el monton de hojas y con movimientos somnolientos quitandose las hojas muertas de la chaqueta.

?Que iba a hacer con el cuerpo?

Unos ochenta kilos de musculos, grasa y huesos que habia que ocultar. Moler. Picar. Enterrar. Quemar.

El crematorio.

Claro. Llevar el cuerpo hasta alli, meterse dentro y quemarlo a escondidas. O simplemente dejarlo a las puertas como un bebe abandonado, esperar a que tuvieran tantas ganas de hacer fuego que pasaran de llamar a la policia.

No. No habia mas que una alternativa. El camino del parque, a la derecha, bajaba por el bosque hasta el hospital. Hasta el agua.

Embutio el jersey ensangrentado en la cazadora del cadaver, se echo la bolsa al hombro y coloco las manos bajo la cabeza y la espalda del muerto. Se levanto haciendo equilibrios. La cabeza del cadaver cayo hacia atras en un angulo imposible y las mandibulas se le cerraron con un chasquido.

?Cuanto habria hasta el agua? Algunos cientos de metros, quiza. ?Y si llegaba alguien? Que fuera lo que tuviera que ser. En ese caso, se acabo. En cierto modo estaria bien.

Pero no llego nadie y ya abajo, en la orilla, trepo sudando la gota gorda por el tronco de uno de los sauces llorones que se inclinaban sobre el agua, casi paralelo a la superficie. Con dos trozos de cuerda habia atado dos piedras grandes a los pies del cadaver.

Con otro mas largo hizo una lazada alrededor del pecho del muerto, lo arrastro sobre el agua todo lo lejos que pudo y solto la cuerda.

Se quedo un rato en el tronco del arbol con los pies colgando a un palmo del agua, mirando la negra superficie rota por las burbujas, cada vez mas escasas.

Lo habia hecho.

A pesar del frio, el sudor le escocia en los ojos y le dolian todos los musculos del cuerpo tras el esfuerzo, pero lo habia hecho. Justo bajo sus pies estaba el cuerpo muerto, oculto para el mundo. Habia dejado de existir. Las burbujas ya no subian y no habia nada… nadaque indicara que el cadaver estaba alli abajo.

En la superficie del agua se reflejaban algunas estrellas.

Segunda Parte

Ultraje

… y se dirigieron hacia tierras donde Martin

nunca habia estado,

lejos de Tyska Botten

y de Blackeberg, donde estaba el limite del mundo conocido.

Hjalmar Soderberg, La infancia de Martin Bircks

Pero aquel cuyo corazon una ninfa del bosque robo

nunca jamas lo recuperara.

Suenos a la luz de la luna su alma hilvanara,

amar a una esposa el no podra…

Viktor Rydberg, La ninfa del bosque

El domingo, los periodicos publicaron informacion mas detallada sobre el asesinato de Vallingby. El titular decia: «?FUE VICTIMA DE UNA MUERTE RITUAL?». Fotos del chico, de la hondonada del bosque. El arbol. El asesino de Vallingby no era YA el tema de conversacion en boca de todos. En la hondonada del bosque las flores se habian marchitado y las velas se habian apagado. La cinta rojiblanca de la policia habia desaparecido, y las huellas que hubieran podido encontrar estaban a salvo.

El articulo del domingo puso de nuevo en marcha la discusion. El epiteto «ritual» llevaba implicito que estaba llamado a ocurrir de nuevo, ?o no? Un ritual es precisamente algo que se repite.

Todos los que alguna vez habian pasado por ese camino, o cerca, tenian algo que contar: lo desagradable que era esa zona del bosque. O lo tranquila y bonita que resultaba. Nadie habria podido imaginar algo asi.

Todos los que habian conocido al chico, aunque fuera de lejos, contaban lo bueno que parecia y lo malvado que debia ser el asesino. Se utilizaba de buena gana el caso como ejemplo de otros en que estaria justificada la pena de muerte, aunque uno, en principio, estaba en contra de ella.

Faltaba una cosa. Una foto del asesino. Uno se quedaba mirando la hondonada vacia, la cara sonriente del muchacho. A falta de una imagen de la persona que habia hecho aquello, era como si hubiera ocurrido… solo.

No era suficiente.

El lunes 26 de octubre la policia filtro a la radio y a los periodicos de la manana que habian descubierto el que era el mayor alijo de drogas hallado en Suecia. Habian cogido a cinco libaneses.

Libaneses.

Eso al menos era algo que se podia entender. Cinco kilos de heroina. Y cinco libaneses. Un kilo por libanes.

Para colmo, los libaneses vivian de los seguros sociales suecos

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