mesa y en las sillas. Cinco permanecian echados en la cama en el dormitorio. Algunos otros tenian su sitio preferido en armarios y cajones que habian aprendido a abrir ellos solos.

Desde que Gosta no dejaba salir fuera a los gatos, por presiones de los vecinos, no entraba material genetico nuevo. La mayoria de los gatitos nacian muertos o tenian deformaciones tan graves que morian despues de un par de dias. Mas de la mitad de los veintiocho gatos que vivian en el piso de Gosta tenian algun defecto. Eran ciegos o sordos o les faltaban los dientes o tenian algun problema de movimiento.

El los queria a todos.

Gosta estaba rascando a Giselle detras de la oreja.

– Sii… mi pequena… ?que vamos a hacer? ?No lo sabes? No, yo tampoco. Pero tendremos que hacer algo, ?no? Uno no puede quedarse asi, sin hacer nada. Era Jocke. Yo lo conocia. Y ahora esta muerto. Pero no lo sabe nadie. Porque no han visto lo que yo he visto. ?Lo viste tu?

Gosta agacho la cabeza, susurro:

– Era un nino. Lo vi cuando llegaba por ahi abajo, por el camino. Estuvo esperando a Jocke bajo el puente. El entro… y no volvio a salir. Despues, por la manana, habia desaparecido. Pero esta muerto. Lo se.

»?Que?

»Yo no puedo ir a la policia. Me van a preguntar. Habra un monton de personas y me van a hacer preguntas… por que no he dicho nada. Me van a poner un foco de esos en la cara.

»Ya han pasado tres dias. O cuatro. No se. ?Que dia es hoy? Van a hacer preguntas. No puedo hacerlo.

»Pero algo tendremos que hacer.

»?Que hacemos?

Giselle le miraba. Luego empezo a lamerle la mano.

Cuando Oskar llego a casa desde el bosque, el cuchillo estaba manchado de virutas viejas. Lo lavo bajo el grifo de la cocina y lo seco con una toalla que despues remojo con agua fria, la escurrio y se la puso en la mejilla.

Su madre iba a llegar de un momento a otro. Tenia que salir un rato, necesitaba un poco mas de tiempo -tenia aun el nudo en la garganta, las piernas le escocian-. Busco las llaves en el armario de la cocina, escribio una nota: «Vuelvo enseguida. Oskar». Luego puso el cuchillo en su sitio y bajo al sotano. Abrio la pesada puerta y se deslizo dentro.

Olor a sotano. Le gustaba. Un olor confortable a madera, a cosas viejas y a espacio cerrado. Algo de luz se filtraba por una ventana a ras de la calle y la oscuridad sugeria secretos de sotano, tesoros ocultos.

A su izquierda habia un pasillo alargado que tenia cuatro trasteros. Las paredes y las puertas eran de madera; las puertas, cerradas con candados mas o menos grandes. Una de ellas tenia el candado reforzado; alguien a quien habian robado.

En la pared mas alejada del pasillo ponia «BESO» escrito con rotulador. La S estaba escrita como si fuera una Z, al reves.

Lo mas interesante estaba en el otro extremo: el cuarto de la basura. Alli Oskar habia encontrado un globo terraqueo con su bombilla y todo que ahora estaba en su habitacion, tambien unos cuantos ejemplares viejos de El Increible Hulk. Y mas cosas.

Pero hoy no habia casi nada. Debian de haberlo vaciado recientemente. Unos pocos periodicos, algunas carpetas en las que ponia «ingles» y «sueco». Carpetas ya tenia mas que suficientes. Hacia unos anos habia salvado una caterva de ellas de los contenedores de al lado de la imprenta.

Siguio hasta llegar al sotano del siguiente portal, el de Tommy. Abrio la puerta y entro. Aquel sotano olia diferente: un vago aroma a pintura o a disolvente.

Alli estaba tambien el refugio aereo del edificio. Solo habia entrado en el una vez, hacia tres anos, cuando los chicos mayores organizaron alli un club de boxeo. Una tarde, pudo acompanar a Tommy como espectador. Los chicos se golpeaban unos a otros con los guantes de boxeo puestos y Oskar se asusto un poco. Berridos y sudor, los cuerpos tensos y concentrados, el sonido de los golpes absorbido por las gruesas paredes de cemento. Despues, alguien resulto herido o algo asi y el volante que se giraba para descorrer los cerrojos de la puerta de hierro habia sido bloqueado con cadenas y candado. Se acabo el boxeo.

Oskar encendio la luz y fue hasta el refugio. Si venian los rusos, quitarian el candado.

Si no han perdido la llave.

Estaba frente a la maciza puerta y se le ocurrio este pensamiento: que alguien… algo estaba encerrado alli. Que por eso habia cadenas y candados. Un monstruo.

Escucho. Sonidos lejanos de la calle, de personas que hacian cosas en los pisos de arriba. Le gustaba realmente el sotano. Uno estaba como en un mundo diferente al mismo tiempo que sabia que el otro mundo estaba ahi fuera, arriba, cuando uno lo necesitara. Pero aqui abajo reinaba el silencio y no llegaba nadie a decirle cosas, a hacerle cosas. A mandarle cosas.

Enfrente del refugio estaba el local del Club del Sotano. Territorio prohibido.

No tenian cerradura, por cierto, pero eso no significaba que cualquiera pudiera entrar alli. Aspiro profundamente y abrio la puerta.

No habia gran cosa en aquel trastero. Un sofa viejo y una butaca igual de vieja. Una alfombra en el suelo. Una comoda con la pintura desconchada. Desde la bombilla del pasillo salia un cable conectado de forma clandestina hasta la bombilla pelada que colgaba en el techo. Estaba apagada.

Habia estado aqui un par de veces antes y sabia que para encender la bombilla no habia mas que enroscarla. Pero no se atrevia. La luz que se filtraba por los resquicios de las tablas era mas que suficiente. El corazon le latia cada vez mas deprisa. Si le pillaban aqui le iban a…

?Que? No se. Eso es lo terrible. Pegarme no, pero…

Se puso de rodillas en la alfombra, levanto uno de los cojines del sofa. Debajo habia un par de tubos de pegamento y un rollo de bolsas de plastico, un envase de gas para encendedores. Debajo del cojin de la otra esquina habia revistas porno. Algunos ejemplares viejos de Lektyr y Fib Aktuellt.

Cogio un Lektyr y se acerco un poco hacia la puerta, donde habia mas luz. Todavia de rodillas puso la revista en el suelo delante de el, la hojeo. Sentia la boca seca. La mujer de la foto estaba echada en una hamaca y no llevaba mas que unos zapatos de tacon. Se apretaba los pechos y tenia los labios abultados. Tenia las piernas abiertas y en medio de la mata de pelo entre sus muslos aparecia una franja de carne rosa con una hendidura en el medio.

?Como entra uno ahi?

Conocia la palabra por comentarios que habia oido, pintadas que habia leido. Cono. Agujero.

Labios menores. Pero eso no era un agujero. Solo esa hendidura. Habian tenido educacion sexual en la escuela y sabia que tenia que haber un… tunel desde el cono hacia dentro. ?Pero en que direccion? Todo recto o hacia arriba o… no se podia ver.

Siguio hojeando. Relatos de los propios lectores. Una piscina. Un compartimento en el cuarto de cambiarse de las chicas. Los pezones se pusieron rigidos bajo el traje de bano. La polla golpeaba como un martillo dentro del banador. Ella se agarro a los colgadores y volvio su culito hacia mi, se restrego: «Tomame, tomame ahora».

?Aquello sucedia todo el tiempo, a puerta cerrada, en los sitios donde

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату