– Piedras, palos. Dales mas de lo que en realidad eres capaz. Entonces lo dejaran.
– ?Y si no lo dejan?
– Tienes un cuchillo.
Oskar trago saliva. En ese momento, con la mano de Eli en la suya, con la cara de ella delante, todo parecia muy claro. Pero ?y si empezaban a hacer cosa peores cuando el opusiera resistencia?, ?y si ellos…?
– Si. Pero si ellos…
– Entonces yo te ayudare.
– ?Tu? Pero si eres…
– Puedo, Oskar. Eso… puedo.
Eli apreto la mano de Oskar. El le devolvio el apreton, asintiendo. Pero el apreton de Eli se volvio mas fuerte. Tan fuerte que hacia un poco de dano.
Eli aflojo la mano y el saco el papel que habia escrito en la escuela, aliso los dobleces y se lo dio. Eli levanto las cejas.
– ?Que es?
– Ven, vamos a la luz.
– No, si veo. ?Pero que es?
– El alfabeto Morse.
– Si, si. Claro. Que pasada.
Oskar contesto con una risita. Ella lo habia dicho tan, tan… ?como se dice?… forzada. Aquella palabra como que no pegaba en su boca.
– Pense… asi podemos… hablar mas a traves de la pared.
Eli asintio. Parecia como si estuviera pensando que responder. Luego dijo:
– Es divertido.
– ?Muy divertido?
– Si.
– Eres un poco rara, ?lo sabes?
– ?Soy rara?
– Si. Pero esta bien.
– Entonces tendras que ensenarme lo que tengo que hacer. Para no ser rara.
– Si. ?Quieres ver una cosa? Eli asintio.
Oskar hizo su numero especial. Se sento en el columpio donde habia estado antes, se dio impulso con fuerza. Con cada vuelta, con cada milimetro que ganaba en altura, crecia en su pecho la sensacion de libertad.
Las ventanas iluminadas pasaban ante sus ojos como trazos de colores brillantes y se columpiaba mas y mas alto. No siempre le salia su numero especial, pero ahora lo iba a conseguir porque se sentia ligero como una pluma y casi podia volar.
Cuando el columpio habia llegado ya tan arriba que las cadenas empezaban a aflojarse para volver a dar un tiron, tenso todo el cuerpo. El columpio fue hacia atras una vez mas y, en el punto mas alto de la siguiente vuelta, solto las cadenas e impulso las piernas hacia arriba y hacia delante lo mas fuerte que pudo. Las piernas dieron media vuelta en el aire y aterrizo con los pies, agachandose de manera que el columpio no le diera en la cabeza. Despues se levanto y alzo los brazos. Perfecto.
Eli aplaudio, grito:
– ?Bravo!
Oskar cogio el columpio, que aun se movia, lo paro y se sento. Una vez mas agradecio que la oscuridad ocultara una sonrisa de triunfo que no podia reprimir, aunque le dolia la herida. Eli dejo de aplaudir, pero la sonrisa permanecio.
Las cosas iban a cambiar a partir de ahora. Claro que no se puede matar gente dando cuchilladas a un arbol. Eso ya lo sabia el.
Jueves 29 de Octubre
Hakan estaba sentado en el estrecho pasillo con las rodillas flexionadas de manera que los talones le rozaban el culo y la barbilla quedaba apoyada en las rodillas, escuchando el chapoteo del agua en el cuarto de bano. Los celos eran una serpiente gorda y blanca en su pecho. Se revolvia despacio, limpia como la inocencia e infantilmente clara.
Prescindible. El era… prescindible.
Ayer por la tarde se encontraba echado en su cama con la ventana entreabierta. Oyo como Eli se despedia de ese tal Oskar. Sus voces claras, sus risas. Una… ligereza que el nunca podria conseguir. El era siempre la responsabilidad pesada, la exigencia, el deseo.
Habia creido que su amada era igual. Se habia asomado a los ojos de Eli y habia visto la sabiduria de una persona anciana, y la indiferencia. Al principio eso le asusto. Los ojos de Samuel Beckett en la cara de Audrey Hepburn. Luego le habia dado seguridad.
Era la mejor relacion imaginable. El cuerpo joven y bello que aportaba belleza a su vida al mismo tiempo que le libraba del compromiso. No era el quien decidia. Y no tenia que sentirse culpable por su deseo: su amada era mayor que el. Ninguna nina. Eso creia.
Pero desde que empezo esto con Oskar habia pasado algo. Una… regresion. Eli se comportaba cada vez mas como la nina que parecia; habia empezado a contonear el cuerpo, a utilizar expresiones infantiles, palabras. Queria
Era atractiva, naturalmente. Aquella alegria, esa…
La noche anterior, su amada se habia encerrado en la habitacion de Hakan para pasarse media hora echada en la cama dando golpecitos en la pared. Cuando este pudo entrar de nuevo en el cuarto vio un papel lleno de signos sujeto con celo sobre su cama. El codigo Morse.
Al acostarse, tuvo la tentacion de golpear el mismo un mensaje para Oskar. Algo acerca de lo que Eli realmente
Hakan inclino la cabeza, apoyo la frente en las rodillas. El chapoteo dentro del cuarto de bano habia terminado. Aquello no podia seguir asi. Estaba a punto de explotar. De ganas, de celos.
La cerradura del cuarto de bano se giro y se abrio la puerta. Eli aparecio delante de el totalmente desnuda. Limpia.
– ?Estas aqui sentado?
– Si. Estas muy guapa.
– Gracias.
– ?Puedes darte la vuelta?
– ?Por que?
– Porque… yo quiero.
– Pero yo no. ?Puedes apartarte un poco?
