Jonny y Micke se acercaron. Jonny le dio a Oskar tal latigazo en el muslo que este se doblo de dolor. Micke fue por detras y le inmovilizo los brazos.

No.

Ya no podia tirar. Jonny le propinaba latigazos en las piernas haciendo cimbrear la vara en el aire como Robin Hood en la pelicula; golpeaba de nuevo.

Las piernas de Oskar ardian. Se retorcio en los brazos de Micke, pero no consiguio escapar. Se le llenaron los ojos de lagrimas. Grito. Jonny le sacudio un ultimo latigazo que rozo las piernas de Micke y este grito:

– ?Joder, ten cuidado! -pero sin soltar a su presa.

Una lagrima resbalo por la mejilla de Oskar. ?No era justo! Ya habia recogido las piedras, se habia humillado. ?Por que tenian que seguir haciendole dano?

La piedra, que habia tenido apretada todo el tiempo en la mano, cayo al suelo y el empezo a llorar de veras.

Con voz compasiva dijo Jonny:

– El Cerdo llora.

Jonny parecia satisfecho. Listo por esta vez. Le hizo una sena a Micke para que lo soltara. Oskar se estremecia por el llanto, por el dolor en las piernas. Tenia los ojos arrasados de lagrimas cuando levanto la vista hacia ellos y oyo la voz de Tomas:

– ?Y yo que?

Micke volvio a sujetar los brazos de Oskar y, a traves de la niebla que le cubria los ojos, este vio como Tomas se acercaba a el. Sorbiendose los mocos le rogo:

– Dejalo. Por favor.

Tomas levanto su vara y golpeo. Solo una vez. La cara de Oskar estallo y se retorcio con tanta fuerza que a Micke se le solto -o le solto- y dijo:

– Joder, Tomas. Eso ya es…

Jonny parecia enfadado.

– Ahora ya puedes ir tu a hablar con su madre.

Oskar no oyo que contesto Tomas. Si es que contesto algo.

Sus voces desaparecieron a lo lejos, lo dejaron tirado. La mejilla izquierda le ardia. La arena estaba fria y refrescaba sus piernas abrasadas. Queria poner la mejilla tambien contra la arena, pero comprendio que no debia.

Permanecio tanto tiempo asi que empezo a sentir frio. Entonces se levanto, se toco con cuidado la mejilla. Los dedos se le llenaron de sangre.

Fue a los aseos del patio, se miro en el espejo. Su mejilla estaba hinchada y cubierta de sangre medio reseca. Tomas tenia que haber golpeado con todas sus fuerzas. Se lavo la cara y volvio a mirarse. La herida habia dejado de sangrar, no era profunda. Pero le cruzaba casi toda la mejilla.

Mama. ?Que le voy a decir?

La verdad. Necesitaba consuelo. En una hora, su madre llegaria a casa. Entonces le iba a contar lo que le habian hecho, ella se iba a poner totalmente fuera de si y lo iba a abrazar y abrazar, y el se hundiria en su regazo, en su llanto, y llorarian juntos.

Luego ella llamaria a la madre de Tomas.

Llamaria a la madre de Tomas y discutirian y despues su madre lloraria por lo mala que era la madre de Tomas, y despues… La clase de trabajos manuales.

Habia ocurrido un accidente en la clase de trabajos manuales. No. Entonces puede que llamara al profesor.

Oskar observo la herida en el espejo. ?Como podria haberse hecho algo asi? Se habia caido por la escalera del tobogan. Eso, bien mirado, no se sostenia, pero su madre probablemente querria creerlo. De todos modos iba a sentir lastima y lo iba a consolar. La escalera del tobogan.

Sintio frio en los pantalones. Se los desabrocho y miro. Los calzoncillos estaban totalmente mojados. Saco su bola del pis y la enjuago. Estaba a punto de volver a colocarla en los calzoncillos mojados, pero se detuvo mirandose en el espejo.

Oskar. Este es… Oooskar.

Levanto la bola del pis aclarada, se la puso en la nariz. Como una nariz de payaso. La bola amarilla y la herida roja de la mejilla. Abrio desmesuradamente los ojos, intentando parecer un loco. Si. Parecia bastante desagradable. Hablo con el payaso del espejo:

– Se acabo. Ya es suficiente. ?Lo oyes? Ya basta.

El payaso no contesto.

– No voy a aceptar esto. Ni una vez mas, ?lo oyes? La voz de Oskar retumbaba en las cabinas vacias.

– ?Que voy a hacer? ?Que voy a hacer? ?A ti que te parece? Torcio el rostro en una mueca que estiro la mejilla, distorsiono la voz haciendola tan ronca y oscura como pudo. Hablo el payaso:

– … matalos… matalos… matalos…

Oskar sintio un escalofrio. Esto era de veras un poco desagradable. Sonaba de verdad como otra voz, y la cara del espejo no era la suya. Se quito la bola del pis de la nariz, la metio en los calzoncillos.

El arbol.

No es que creyera en aquello realmente, pero… iba a acuchillar el arbol. Quiza. Quiza. Si de verdad se concentraba, entonces… Quiza.

Oskar recogio su cartera y se apresuro a ir a casa, llenando su cabeza de imagenes maravillosas.

Tomas sentado frente a su ordenador cuando siente el primer golpe. No entiende de donde le llega. Se tambalea hasta la cocina con la sangre saliendole a borbotones del estomago: «Mama, mama, alguien me clava un cuchillo».

La madre de Tomas estaria alli de pie. La madre de Tomas, que siempre defendia a Tomas hiciera lo que hiciese. Estaria alli de pie. Aterrada. Mientras las cuchilladas seguian agujereando el cuerpo de su hijo.

Tomas cae en el suelo de la cocina en medio de un charco de sangre, «mama… mama…», mientras el cuchillo invisible le abre el vientre y las tripas se desparraman por el suelo de linoleo.

No es que funcionara de esa manera.

Pero eso que mas daba.

El piso apestaba a pis de gato.

Giselle estaba en sus rodillas ronroneando. Bibi y Beatrice rodaban juntas por el suelo. Manfred estaba sentado como de costumbre, con el hocico pegado a la ventana, mientras que Gustaf trataba de acaparar la atencion de Manfred hundiendole la cabeza en el costado.

Mans, Tufs y Cleopatra estaban echados holgazaneando en la butaca; Tufs hurgaba con las patas en unos hilos sueltos. Karl-Oskar intentaba saltar a la repisa de la ventana, pero fallo y cayo de culo en el suelo. Era ciego de un ojo.

Lurvis estaba tumbado en el pasillo al acecho del buzon de la puerta, dispuesto a saltar y aranar si llegaba algo de propaganda. Vendela estaba en el estante de la entrada mirando a Lurvis; su deformada pata derecha delantera colgaba entre las barras, se sobresaltaba de vez en cuando.

Algunos gatos estaban en la cocina comiendo u holgazaneando en la

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату