– ?Como que no? Parece que oyes mal. Si te digo que recojas esto,
– NO.
Sono la campana. Jonny se quedo mirando a Oskar.
– Ya sabes lo que va a pasar, ?no, Micke?
– Si.
– Ya le pillaremos despues de la escuela.
Micke asintio.
– Ya nos veremos, Cerdo.
Jonny y Micke entraron. Johan se levanto, listo por fin con los zapatos.
– Eso ha sido una gilipollez.
– Ya lo se.
– ?Por que cono lo hiciste?
– Porque… -Oskar echo una mirada al tobogan-. Porque si.
– Que idiota.
– Si.
Al terminar las clases Oskar se quedo en el aula. Coloco dos papeles en blanco encima de su pupitre, busco la enciclopedia que habia en la parte de atras de la clase y empezo a pasar hojas.
Mamut… Medici… Mongol… Morfeo… Morse.
Si. Ahi estaba. Los puntos y las rayas del alfabeto Morse ocupaban una cuarta parte de la pagina. Con letras mayusculas grandes y claras empezo a copiar el codigo en un papel:
A=.
B = -…
C = -.-.
Etcetera. Cuando termino hizo lo mismo con el otro papel. No quedo satisfecho. Lo tiro y empezo de nuevo, esmerandose en escribir los signos y las letras todavia mas claros.
Evidentemente, solo era importante que uno de los papeles quedara bien: el que le iba a dar a Eli. Pero le gustaba el trabajo, le daba una excusa para quedarse alli.
Eli y el se habian visto todas las tardes desde hacia una semana. La tarde anterior, a Oskar se le habia ocurrido dar unos toquecitos en la pared antes de salir y Eli le habia contestado. Salieron los dos al mismo tiempo. Entonces Oskar penso en desarrollar la comunicacion mediante algun tipo de sistema, y como el Morse ya estaba inventado…
Reviso los papeles escritos. Bien. Seguro que a Eli le iba a gustar. Lo mismo que a el, a ella le gustaban los puzzles, los sistemas. Doblo los papeles, los metio en la cartera, apoyo los brazos en la mesa. Le rugio el estomago. El reloj de la escuela marcaba las tres y veinte. Saco el libro que tenia en el pupitre,
?No habrian estado esperandole dos horas?
Si hubiera quitado las piedras como Jonny le habia dicho, ya estaria en casa. Habia sido justo. Quitar unas pocas piedras no era realmente lo peor que le habian mandado hacer y habia hecho. Se arrepintio.
Quiza manana el castigo fuera mas suave si contaba que se habia quedado despues de la escuela
Recogio sus cosas en la clase, salio y fue hasta la arena. No le llevaria mas de diez minutos arreglar aquello. Manana, cuando lo contara, Jonny se reiria de el y le daria unas palmaditas en la cabeza diciendo «buen cerdito» o algo parecido. Pero eso era mejor, a pesar de todo.
Miro de reojo la escalera del tobogan, dejo la cartera en el borde de la arena y empezo a quitar las piedras. Las grandes, primero. Londres, Paris. Mientras las quitaba, jugaba a que estaba
Cuando se dirigia al borde de la arena para vaciar la carga, estaban alli. No los habia oido llegar, tan ocupado como estaba con el juego. Jonny, Micke y Tomas. Los tres llevaban en las manos ramas finas y largas de avellano. Varas. Jonny senalo una piedra con su vara.
– Ahi hay una.
Oskar, soltando las que llevaba en las manos, recogio la piedra que Jonny estaba senalando. Este asintio con la cabeza.
– Bien. Te
– Vino Tomas y nos dijo que estabas aqui -dijo Micke.
Los ojos de Tomas eran inexpresivos. En los primeros cursos, Oskar y el habian sido amigos y habian jugado mucho en el patio de Tomas, pero despues del verano entre cuarto y quinto Tomas cambio. Empezo a hablar de otra forma, mas adulto. Oskar sabia que los profesores le consideraban el chico mas inteligente de la clase. Se notaba en la forma en que hablaban con el. Tenia ordenador. Queria ser medico.
Oskar deseaba tirar la piedra que llevaba en la mano a la cara de Tomas. Directamente dentro de la boca que ahora se abria y hablaba.
– ?No vas a correr? Vamos, echa a correr ya. Sono un silbido cuando Jonny rasgo el aire con su vara. Oskar apreto mas fuerte la piedra.
Podia ya sentir la quemazon del dolor en las piernas cuando la vara aterrizara. Solo con que llegara a la calle del parque donde quiza habria adultos, ellos no se atreverian a pegarle.
Porque aun asi no tenia ninguna posibilidad. Lo tirarian al suelo antes de que hubiera conseguido dar cinco pasos.
– Dejalo.
Jonny volvio la cabeza, hizo como si no hubiera oido.
– ?Que has dicho, Cerdo?
– Que lo dejes.
Jonny se volvio hacia Micke.
– Le parece que es mejor que lo dejemos.
Micke meneo la cabeza.
– Ahora que hemos hecho estas bonitas… -dijo agitando su vara.
– ?Tu que dices, Tomas?
Tomas observo a Oskar como si fuera una rata, aun viva, pataleando en su trampa.
– Me parece que el Cerdo necesita un poco de palo.
Eran tres. Tenian varas. Era una situacion tremendamente injusta. El podria tirarle la piedra a Tomas a la cara. O darle con ella si se acercaba. Aquello daria lugar a una llamada al despacho del director y todo lo que venia detras. Pero le comprenderian. Tres con tres varas.
No estaba desesperado en absoluto. Al contrario, sentia una especie de tranquilidad a pesar del miedo, ahora que se habia decidido.
Podian apalearle, solo eso le daba motivos suficientes para estampar la piedra en la asquerosa cara de Tomas.
