– A lo mejor digo algo… si lo haces.

Eli miro a Hakan, indecisa. Luego se dio media vuelta, se quedo de espaldas a el.

A Hakan se le agolpaba la saliva en la boca, trago. Miro. Una sensacion fisica de como los ojos devoraban lo que tenian ante si. Lo mas bello que habia. A un brazo de distancia. Infinitamente lejos.

– ?Tienes… hambre?

Eli se volvio de nuevo.

– Si.

– Lo voy a hacer. Pero quiero algo a cambio.

– Tu diras.

– Una noche. Quiero una noche.

– Si.

– ?La tendre?

– Si.

– ?Acostarme contigo? ?Tocarte?

– Si.

– ?Puedo…?

– No. Solo eso. Pero eso si.

– Entonces lo hago. Esta noche.

Eli se agacho junto a el. A Hakan le ardian las palmas de las manos. Queria acariciarla. No podia. Esa noche. Eli, mirando fijamente al techo, dijo:

– Gracias. Pero piensa si alguien… ese retrato del periodico… hay personas que saben que vives aqui.

– He pensado en ello.

– Si viniera alguien aqui por el dia… cuando yo descanso…

– Te digo que he pensado en ello.

– ?Y…?

Hakan cogio a Eli de la mano, se levanto y fue a la cocina, abrio la despensa, saco un tarro de confitura con la tapa de cristal. Un liquido transparente llenaba la mitad del frasco. Le explico lo que habia pensado. Eli nego vehementemente con la cabeza.

– No puedes hacer eso.

– Claro que puedo. ?Entiendes ahora cuanto… me preocupo por ti?

Cuando Hakan se preparo para salir, puso el tarro de confitura en la bolsa junto con los demas utensilios. Eli, mientras tanto, se habia vestido y estaba esperando en la entrada cuando Hakan salio, se inclino y le dio un beso en la mejilla. Hakan pestaneo y se quedo un rato mirando a Eli.

Estoy perdido.

Despues se fue a su tarea.

Morgan se estaba zampando sus cuatro delicias de una en una sin mostrar apenas interes por el arroz que tenia al lado en un cuenco. Lacke, inclinandose hacia delante, le dijo en voz baja:

– Oye, ?puedo coger el arroz?

– Joder. ?Quieres tambien la salsa?

– No. Pongo un poco de soja, solo.

Larry, que observaba por encima del periodico, hizo una mueca cuando Lacke cogio el cuenco de arroz y le puso soja del frasco con un glu, glu, glu y empezo a comer como si no hubiera visto comida antes. Larry hizo un gesto senalando el monton de gambas fritas del plato de Morgan.

– Podrias invitar.

– Si, claro. Sorry. ?Que quieres, una gamba?

– No, tengo mal el estomago. Pero igual Lacke.

– ?Quieres una gamba, Lacke?

Lacke asintio y le alargo el cuenco del arroz. Morgan puso dos gambas fritas con ademan ostentoso. Como si insistiera. Lacke le dio las gracias y ataco las gambas.

Morgan refunfunaba y meneaba la cabeza. Lacke no era el mismo desde que Jocke desaparecio. Ya soplaba mas de la cuenta antes, pero ahora bebia todavia mas y no le quedaba ni un centimo para comida. Era de veras raro lo de Jocke, pero tampoco como para hundirse totalmente en la miseria de esa manera. Jocke llevaba ya cuatro dias desaparecido, pero ?quien sabia? Podia haber encontrado a una tia y haberse largado a Tahiti, cualquier cosa. Ya apareceria.

Larry dejo el periodico, se coloco las gafas de leer en la cabeza y restregandose los ojos dijo:

– ?Vosotros sabeis donde hay refugios?

Morgan sonrio burlon.

– ?Que pasa? ?Estas pensando en hibernar, o que?

– No, por lo del submarino. Por si se produjera una invasion a gran escala.

– Te puedes venir al nuestro. Estuve alli abajo mirando cuando vino un tipo de la defensa de no se que que tenia que hacer un inventario, hace dos anos. Mascaras de gas, conservas, mesas de ping-pong y demas. Muerto de risa.

– ?Mesas de ping-pong?

– Pues claro, ?no lo sabes? Cuando los rusos entren en el pais no tenemos mas que decir: «Alto ahi, chicos, deponed las kalashnikoffnas, esto lo vamos a zanjar mejor con un partido de ping-pong». Que se queden ahi los generales tirandose pelotas picadas los unos a los otros.

– ?Los rusos juegan al ping-pong?

– No. Los tenemos en un puno. A lo mejor recuperamos todo el Baltico.

Lacke se limpio con exagerada minuciosidad los labios con la servilleta y dijo:

– Es raro, de todas formas. Morgan encendio un John Silver.

– ?El que?

– Lo de Jocke. Siempre solia decirlo si se iba a alguna parte. Vosotros lo sabeis. Si se iba a ir a casa de su hermano, ahi en Vaddo, lo contaba como una cosa grande. Empezaba a hablar de ello una semana antes. Lo que se iba a llevar, lo que iban a hacer.

Larry puso la mano en el hombro de Lacke.

– Hablas de el en preterito.

– ?Que? Si. Es que creo realmente que le ha pasado algo. Eso creo yo.

Morgan dio un buen trago de cerveza, eructo.

– Tu crees que esta muerto.

Lacke se encogio de hombros y miro buscando apoyo a Larry, que estaba observando el dibujo de las servilletas. Morgan nego con la cabeza.

– No. Nos habriamos enterado. Eso fue lo que dijo la pasma cuando estuvieron alli abriendo la puerta, que te llamarian si sabian algo. No es que yo confie en la pasma, pero… alguien deberia de haber oido algo.

– Jocke habria llamado.

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату