Los dos miraron al hombre cenudo y se echaron a reir a carcajadas imaginandoselo como un mono en su jaula, rodeado de golosinas. Con el ruido, el dueno del kiosco se volvio hacia ellos arrugando sus enormes cejas de tal manera que parecia aun mas un gorila. Oskar y Eli casi se cayeron al suelo de la risa. Apretandose la boca con las manos intentaron ponerse serios.

El hombre se inclino sobre la ventanilla.

– ?Queriais algo?

Eli se puso seria enseguida; quitandose la mano de la boca avanzo hasta la ventanilla y dijo: -Un platano, por favor.

Oskar se ahogaba y se apreto la boca con la mano aun mas fuerte. Eli se volvio y se llevo el dedo indice a los labios rogandole que se callara con disimulada severidad. El hombre contesto:

– No tengo platanos.

Eli, aparentando no comprender:

– ?Ningun plaaatano?

– No. ?Alguna otra cosa?

A Oskar se le encajaron las mandibulas de tanto reprimir la risa. Trastabillo fuera del kiosco, corrio hasta el buzon de correos, se echo sobre el y solto la carcajada: estaba a punto de desternillarse. Eli fue hacia el meneando la cabeza.

– No hay platanos.

Oskar, jadeando, dijo:

– Claro, se… habra comido… todos el.

Se contuvo; apretando los labios, saco sus cinco coronas y fue hasta la ventanilla.

– Un poco de cada.

El dueno del kiosco le miro airado y empezo coger golosinas con unas pinzas de los botes de plastico que tenia en el expositor, echandolas en una bolsa de papel. Oskar miro de reojo para ver si Eli estaba escuchando y dijo:

– No olvide los platanos.

El hombre dejo de coger golosinas.

– No tengo platanos.

Oskar senalo uno de los botes.

– Platanos de gominola, quiero decir.

Oyo las risitas de Eli e hizo lo mismo que ella habia hecho: se puso el indice en los labios pidiendo silencio. El dueno del kiosco dio un resoplido, puso un par de platanos de gominola en la bolsa y se la entrego a Oskar.

Caminaron de vuelta al patio. Oskar, antes siquiera de probar las golosinas, le ofrecio a Eli. Ella nego con la cabeza.

– No, gracias.

– ?No comes golosinas?

– No puedo.

– ?Ninguna golosina?

– No.

– ?Uf!, no me digas.

– Si, bueno, no. Como no se a que saben…

– ?Ni siquiera las has probado?

– No.

– ?Como sabes entonces que…?

– Lo se, sin mas.

Eso pasaba algunas veces. Estaban hablando de cualquier cosa, Oskar preguntaba algo y acababa con un «es asi, sin mas», «lo se, sin mas». Sin mayor explicacion. Era una de las cosas que resultaban un poco raras con Eli.

Una pena que no pudiera invitarla. Era lo que habia planeado. Invitarla un monton. Todo lo que quisiera. Y resulta que no comia golosinas. Se metio un platano de gominola en la boca y la miro de reojo.

La verdad es que no parecia sana. Y aquellas mechas blancas en el pelo… En alguna historia que Oskar habia leido, el pelo de una persona se habia vuelto completamente blanco tras un gran susto. ?Le habria ocurrido eso a Eli?

Ella miraba a los lados, cruzo los brazos alrededor del cuerpo y parecia de lo mas pequena. Oskar sintio deseos de estrecharla contra si, pero no acabo de decidirse.

En el arco de entrada al patio Eli se detuvo y alzo la vista hacia su ventana. Estaba apagado. Permanecio de pie, quieta, con los brazos alrededor del cuerpo y mirando al suelo.

– Oye, Oskar…

Lo hizo. Ella lo estaba pidiendo con todo su cuerpo y el saco de algun sitio el valor para hacerlo. La abrazo. Por un instante terrible creyo que habia hecho mal, porque el cuerpo de Eli parecia rigido, cerrado.

Estaba a punto de soltarla cuando la nina se dejo caer en sus brazos, puso los suyos con delicadeza en la espalda de Oskar y se apreto temblando contra el.

Eli inclino la cabeza sobre el hombro del muchacho y permanecieron asi. El aliento de ella en su cuello. Se abrazaron en silencio. Oskar cerro los ojos y tuvo la certeza: aquello era lo mas grande. La luz del farol de la entrada penetraba suavemente a traves de sus parpados cerrados, ponia una pelicula roja en sus ojos. Lo mas grande.

Eli acerco su cabeza al cuello de Oskar. El calor de su aliento se volvio mas fuerte. Los musculos de su cuerpo, que estaban relajados, se tensaron de nuevo. Sus labios le rozaron el cuello y un temblor recorrio su cuerpo.

De pronto se estremecio e interrumpio el abrazo, dio un paso atras. Oskar dejo caer los brazos. Eli sacudio la cabeza como para liberarse de un mal sueno, se dio la vuelta y echo a andar hacia su portal. Oskar se quedo alli parado. Cuando ella abrio la puerta, la llamo.

– ?Eli? -la nina se volvio-. ?Donde esta tu padre?

– El iba a… venir con comida.

No le dan de comer. Eso es.

– Nosotros te podemos dar algo.

Eli solto la puerta y se le acerco. Oskar empezo rapidamente a planear como le iba a contar todo aquello a su madre. No queria que su madre conociera a Eli. Ni viceversa tampoco. Tal vez podia hacer un par de bocadillos y sacarlos. Si, eso seria lo mejor.

Eli se puso delante de el, lo miro seriamente a los ojos.

– Oskar. ?Te gusto?

– Si. Muchisimo.

– Si yo no fuera una chica… ?tambien te gustaria?

– ?Que quieres decir?

– Solo eso. Que si te gustaria aunque no fuera una chica.

– Si… claro.

– ?Seguro?

– Si. ?Por que lo preguntas?

Alguien se afanaba con una ventana con el cierre estropeado, luego se abrio. Tras la cabeza de Eli, Oskar pudo ver como su madre sacaba la cabeza por la ventana de su habitacion.

– ?Ooooskar!

Eli se oculto rapidamente, contra la pared. Oskar apreto los punos, subio corriendo la cuesta y se puso debajo de la ventana. Como un chico pequeno.

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