– ?Que pasa?
– ?Huy! Estaba aqui. Pensando…
– ?Que pasa?
– Nada, que empieza ahora.
– Lo se.
Su madre estaba a punto de anadir algo mas, pero se callo al verlo ahi, debajo de la ventana, todavia con los punos apretados a lo largo del cuerpo, completamente tenso.
– ?Que andas haciendo?
– Yo… voy.
– Si, porque…
A Oskar se le humedecieron los ojos de rabia y solto:
– ?Metete y cierra la ventana! ?Metete!
Su madre lo miro fijamente un instante mas. Luego algo cruzo su rostro y
Volvio a correr cuesta abajo.
– ?Eli?
Ya no estaba alli. Y no habia entrado en su portal, lo habria visto. Se habria encaminado al metro para ir a casa de esa tia suya que vivia en el centro y adonde ella solia acudir despues de la escuela. Eso seria, seguramente.
Oskar se metio en el oscuro rincon donde Eli se habia escondido cuando su madre habia gritado. Se dio la vuelta con la cara contra la pared. Estuvo asi un rato. Luego entro.
Hakan hizo entrar al chico en la cabina y cerro la puerta. El muchacho no habia dicho ni pio. Lo unico que podia levantar sospechas ahora era el silbido de la botella de gas. Tenia que darse prisa.
Cuanto mas sencillo no resultaria si pudiera atacar con el cuchillo, pero no. La sangre tenia que proceder de un cuerpo vivo. Otra mas de las cosas que le habian sido explicadas. La sangre de cuerpos muertos era inservible; de hecho, perjudicial.
Bueno. El chico estaba vivo. El pecho seguia subiendo y bajando, absorbiendo el gas anestesico.
Enrollo la cuerda con fuerza alrededor de las piernas del muchacho un poco mas arriba de las rodillas, puso los dos extremos encima del gancho y empezo a tirar. Las piernas del chico se levantaron del suelo.
Se abrio una puerta, se oyeron voces.
Sujeto la cuerda con una mano y con la otra cerro el gas, solto la mascarilla. La anestesia duraria unos minutos, tenia que trabajar tanto si habia gente como si no, tan en silencio como pudiera.
Unos cuantos hombres fuera. ?Dos, tres, cuatro? Hablaban de Suecia y Dinamarca. Algun partido. Balonmano. Mientras hablaban, levanto el cuerpo del chico. El gancho chirriaba, el peso caia en un angulo distinto a cuando el mismo se habia colgado de el. Los hombres de fuera se callaron. ?Habrian oido algo? Estaba quieto de pie, apenas respiraba. Seguia sujetando el cuerpo cuya cabeza acababa de levantarse del suelo, en la misma posicion.
No. Solo una pausa en la conversacion. Siguieron.
– El penalti de Sjogren fue totalmente…
– Lo que uno no lleva en las manos tiene que llevarlo en la cabeza.
– De todos modos puede colocarlos bastante bien.
– Es ese balon picado, no entiendo como lo hace…
La cabeza del chico colgaba ya libremente a un par de centimetros del suelo. Ahora…
?Donde podria sujetar los extremos de la cuerda? Los resquicios entre las tablas del banco eran demasiado estrechos para poder meter la cuerda por ellos. No podria trabajar bien con una sola mano si mientras tenia que sujetar la cuerda con la otra. No tendria fuerzas. Permanecio quieto con los extremos de la cuerda en las manos fuertemente apretadas, sudando. El pasamontanas le daba calor, deberia quitarselo.
El otro gancho. Solo tenia que hacer una lazada primero. El sudor le corria por los ojos cuando solto el cuerpo del muchacho, para que se aflojara la cuerda, e hizo una lazada. Tiro de la cuerda para levantar de nuevo al chico e intento trabarla alrededor del gancho. Demasiado corta. Solto de nuevo el cuerpo. Los hombres se callaron.
?Marchaos, venga! ?Marchaos!
En silencio hizo una nueva lazada mas proxima a los extremos de la cuerda, espero. Empezaron a hablar de nuevo. Bolos. Los exitos de la seleccion femenina sueca en Nueva York. El pleno, el semipleno y el sudor escociendole en los ojos.
Consiguio pasar la lazada alrededor del gancho y pudo respirar. ?No podian
El cuerpo del chico colgaba en la posicion correcta y no habia mas que ponerse manos a la obra rapidamente, antes de que se despertara, y ?no podian
No podia esperar. Puso el embudo en el bidon de plastico y lo acerco al cuello del chico. Cogio el cuchillo. Cuando se volvio para sacar la sangre del cuerpo, la conversacion fuera se habia interrumpido de nuevo. Y el muchacho tenia los ojos abiertos. Abiertos de par en par. Las pupilas vagaban dando vueltas, alli colgado boca abajo, buscando un punto de referencia, una explicacion. Se posaron en Hakan, que estaba de pie, desnudo, con el cuchillo en la mano. Por un instante lo miraron fijamente a los ojos.
Despues el chico abrio la boca y chillo.
Hakan retrocedio, cayo sobre la pared de la cabina con un golpe humedo. La espalda sudorosa se resbalo en la pared y casi perdio el equilibrio. El muchacho chillaba y chillaba. El sonido se extendio por el vestuario, resonando en las paredes, y se hizo tan fuerte que tapono los oidos de Hakan. Su mano asio con mas fuerza el mango del cuchillo y lo unico que penso fue que tenia que acabar con los gritos del chico. Cortarle la cabeza para que dejara de gritar. Se puso en cuclillas a su lado.
Golpeaban en la puerta.
– ?Oye! ?Abre!
Hakan solto el cuchillo. El ruido que hizo cuando cayo al suelo apenas si se oyo en medio de los golpes y de los chillidos insoportables del chico. Las bisagras de la puerta temblaban por los golpes de fuera.
– ?Abre o echo abajo la puerta!
Se acabo. Ahora era el fin. Solo quedaba una cosa. Desaparecio el ruido a su alrededor, la vista se redujo a un tunel cuando Hakan volvio la cabeza hacia la bolsa. A traves del tunel vio su mano alargandose hasta ella y sacando el tarro de la confitura.
Cayo de culo resbalandose con el tarro en la mano. Desenrosco la tapa. Espero.
Cuando abrieran la puerta. Antes de que le quitaran el gorro. La cara. En medio de los gritos y los golpes contra la puerta penso en su amada. En el tiempo que habian pasado juntos.
