Gosta asintio. Lacke se metio las manos en los bolsillos y se quedo un rato observando el dibujo irregular de las hojas como si fuera un puzzle gigante que tenia que resolver. Los musculos de sus mandibulas se contraian, se relajaban, se contraian.
– Bueno. ?Que decis? Larry dio dos pasos hacia el. -Lo siento, Lacke.
Lacke hizo un gesto de rechazo con la mano, apartando a Larry.
– ?Que decis? ?Vamos a pillar al cabron que ha hecho esto o no?
Los otros miraron a todas partes menos a Lacke. Larry estaba a punto de decir algo acerca de que iba a ser dificil, probablemente imposible, pero se abstuvo. Al final, Morgan se aclaro la garganta, se dirigio a Lacke y, poniendole el brazo sobre los hombros, dijo:
– Lo vamos a pillar, Lacke. Lo vamos a hacer.
Tommy miro por encima de la barandilla, le parecio haber visto destellos de plata alli abajo. Parecia como esas cosas que los Jovenes Castores solian traer a casa de las competiciones.
– ?En que piensas? -pregunto su madre.
– En el Pato Donald.
– A ti no te gusta mucho Staffan, ?verdad?
– Esta bien.
– ?Si?
Tommy levanto la vista hacia el centro. Vio la uve roja y grande de neon que lentamente daba vueltas sobre todo. Vallingby. Victoria.
– ?Te ha ensenado las pistolas?
– ?Por que lo preguntas?
– No, solo preguntaba. ?Lo ha hecho?
– No entiendo que quieres decir.
– Pues no es tan dificil. ?Ha abierto su caja fuerte, ha sacado las pistolas y te las ha mostrado?
– Si. ?Por que?
– ?Cuando lo hizo?
Su madre se sacudio algo de la blusa, se froto los brazos.
– Tengo un poco de frio.
– ?Piensas en papa?
– Si, claro que lo hago. Todo el tiempo.
– ?Todo el tiempo?
Su madre lanzo un suspiro, inclino la cabeza para poder mirarle a los ojos.
– ?Adonde quieres llegar?
– ?Adonde quieres llegar
Tommy tenia la mano apoyada en la barandilla, ella puso la suya encima.
– ?Vienes manana donde papa?
– ?Manana?
– Si. Es el Dia de Todos los Santos.
– Es pasado manana. Si, voy.
– Tommy…
Su madre le quito las manos de la barandilla y lo atrajo hacia si. Lo abrazo. Tommy se quedo rigido por un momento. Luego se libero y entro.
Mientras se ponia la ropa para salir, Tommy se dio cuenta de que tenia que hacer entrar a su madre del balcon si queria recoger la escultura. La llamo y ella entro rapidamente, deseosa de oir una palabra.
– Si… saluda a Staffan.
Su madre resplandecio.
– Lo hare. ?Entonces no te quedas?
– No, yo… eso puede durar toda la noche.
– Si. Estoy un poco inquieta.
– No tienes por que. Sabe disparar. Adios.
– Adios…
La puerta de fuera se cerro.
– … cielo…
Un ruido sordo salio del interior del Volvo cuando Staffan se subio al bordillo a gran velocidad. Sus mandibulas golpearon de tal manera que le sono en toda la cabeza, se quedo ciego por un instante y casi atropella a un viejo que iba a unirse al grupo de curiosos que se habian reunido alrededor del coche de policia en la entrada principal.
El aspirante Larsson estaba en el coche hablando por la radio. Estaria pidiendo refuerzos o una ambulancia. Staffan aparco detras del coche de policia para dejar el paso libre a un eventual refuerzo, se bajo y cerro. Siempre cerraba el coche, aunque solo fuera a estar ausente un minuto. No porque pensara que se lo iban a robar sino para no perder la costumbre, de manera que no se le olvidara nunca cerrar
Se dirigio hacia la entrada principal esforzandose en aparentar autoridad, pensando en el publico; estaba seguro de que tenia un aspecto que infundia confianza a la mayoria de las personas. Muchos de los que estaban alli mirando probablemente pensaran: «Ah, si, aqui viene el que va a aclarar todo esto».
Nada mas pasar la puerta de entrada habia cuatro hombres en banador con las toallas sobre los hombros. Staffan paso por delante de ellos, hacia los vestuarios, pero uno de los hombres lo llamo:
– Oiga, perdone -y se acerco a el con los pies descalzos-. Si, perdon, pero… nuestra ropa.
– ?Que pasa con ella?
– ?Cuando podemos recogerla?
– ?Su ropa?
– Si, esta en los vestuarios y no podemos entrar alli.
Staffan abrio la boca para decir alguna maldad acerca de que su ropa estaba en aquel momento en el puesto mas alto de la lista de prioridades, pero una mujer con camiseta blanca se acerco entonces a los hombres con un monton de albornoces en los brazos. Staffan hizo un gesto a la mujer y continuo hacia los vestuarios.
En el camino se encontro con otra mujer con camiseta blanca que llevaba a un chico de doce, trece anos hacia la entrada. La cara del muchacho, muy roja, contrastaba con el albornoz blanco en el que iba envuelto, los ojos sin expresion. La mujer clavo la vista en Staffan con una mirada que parecia casi acusatoria.
– Su madre viene a buscarlo.
Staffan asintio. ?Era el chico… la victima? Le habria gustado preguntar exactamente eso, pero con las prisas no se le ocurrio ninguna manera sensata de formular la pregunta. Supuso que Holmberg le habria tomado el nombre y los demas datos, y habria juzgado que lo mas conveniente seria dejar que la madre se hiciera cargo de el, que lo llevara a la ambulancia, a la visita del psicologo, a la terapia.
Staffan siguio por el pasillo, subio corriendo las escaleras mientras para sus adentros recitaba una accion de gracias por la gracia recibida y pidiendo fuerzas para la prueba que iba
