No tiene cara.

Staffan habia visto a un drogadicto que en una alucinacion se habia golpeado repetidamente la cara contra una pared. Habia visto a un hombre que se puso a soldar un deposito de gasolina sin vaciarlo antes. Le exploto en la cara.

Pero nada parecido a esto.

Tenia la nariz totalmente corroida, en su lugar solo habia dos agujeros que entraban en la cabeza. La boca se habia derretido, los labios estaban sellados, salvo una rendija a un lado. Uno de los ojos se habia derramado sobre lo que habia sido la mejilla, pero el otro… abierto de par en par.

Staffan clavo la vista en ese ojo, lo unico que parecia humano en aquella masa deforme. El ojo estaba inyectado en sangre, y cuando intentaba parpadear solo media tira de piel revoloteaba sobre el y se retiraba de nuevo.

Donde tenia que haber estado el resto de la cara, solo habia restos de cartilagos y huesos que asomaban entre los trozos imposibles de carne y los jirones negros de piel. Los musculos brillantes y desnudos se contraian y se estiraban, se removian como si la cabeza hubiera sido sustituida por un monton de anguilas recien matadas y troceadas.

Toda la cara, lo que habia sido la cara, tenia vida propia.

Una arcada se abrio paso por la garganta de Staffan, y probablemente habria vomitado de no haber tenido el cuerpo tan ocupado recuperandose del dolor lumbar. Lentamente encogio las piernas y se puso de pie, apoyandose en los armarios. El ojo inyectado en sangre le miraba todo el tiempo.

– Esto es lo mas jodido…

Holmberg, con los brazos colgando, observaba aquel cuerpo desfigurado en el suelo. No era solo la cara. El acido habia corroido tambien la parte superior del cuerpo. La piel de una de las claviculas habia desaparecido y se veia una porcion del hueso, blanco como un trozo de tiza en un estofado de carne.

Holmberg meneaba la cabeza y sacudia el aire con la mano. Tosiendo.

– Esto es lo mas jodido…

Eran las once y Oskar estaba acostado en su cama. Golpeando con cuidado las letras en la pared.

E… L… I… E… L… I…

No hubo respuesta.

Viernes 30 de Octubre

Los chicos de 6o B estaban en fila fuera de la escuela esperando a que el maestro Avila diera la senal. Todos tenian sus bolsas de gimnasia o sus bolsos en la mano, porque Dios se apiadara del que olvidase la ropa de gimnasia o no tuviera causa justificada para faltar a la clase.

Estaban a un brazo de distancia del anterior, como el maestro les habia dicho el primer dia en 4o cuando sucedio a la tutora en la responsabilidad de su educacion fisica.

– ?Una fila recta! ?Un brazo de distancia!

El maestro Avila habia sido piloto durante la guerra. En un par de ocasiones habia entretenido a los chicos contandoles historias de combates aereos y de aterrizajes forzosos en campos de trigo. Eran impresionantes. Se habia ganado su respeto.

Una clase considerada alborotadora e indisciplinada se colocaba obedientemente en fila a un brazo de distancia, aunque el maestro aun no hubiera aparecido. Si la fila no estaba como el queria los dejaba esperando diez minutos mas, o sustituia el prometido partido de voleibol por unas flexiones de brazos y abdominales.

Oskar, al igual que los demas, tenia bastante miedo al maestro. Con su pelo gris rapado y su nariz aguilena, su buen aspecto fisico y sus punos de hierro, dificilmente se podia pensar que fuera capaz de querer y comprender a un chico debil, con algo de sobrepeso y martirizado. Pero habia disciplina en sus clases. Ni Jonny, ni Micke ni Tomas se atreverian a hacer nada mientras el maestro estuviera cerca.

En ese momento Johan abandono la fila, alzo la vista hacia la escuela. Luego, haciendo un saludo hitleriano, dijo:

– ?Filas rectas! ?Hoy simulacro de evacuacion! ?Con cuerdas!

Algunos sonrieron nerviosos. El maestro era un apasionado de los simulacros de evacuacion. Una vez por semestre los alumnos tenian que probar a deslizarse fuera desde las ventanas con ayuda de cuerdas, mientras el maestro controlaba todo el proceso cronometro en mano. Si conseguian superar el record anterior podian jugar al juego de las sillas. Pero habia que ganarselo.

Johan volvio rapidamente a la fila. Menos mal, porque apenas unos segundos despues aparecio el maestro por la puerta principal de la escuela y con paso rapido se encamino al gimnasio. Con la mirada al frente, no dirigio al grupo ni siquiera una ojeada. Cuando se encontraba a mitad de camino hizo un gesto de ?adelante! con la mano, sin dejar de andar, sin volver la cabeza.

La fila se puso en marcha intentando mantener la distancia de un brazo con el anterior. Tomas, que iba detras de Oskar, tropezo con el talon de este e hizo que se le saliera el zapato por detras. Oskar siguio marchando.

Despues de lo de la paliza de anteayer lo habian dejado en paz. No es que le hubieran pedido perdon o asi, pero la herida de la mejilla seguia alli, y les habria parecido que era suficiente. De momento.

Eli.

Oskar, apretando los dedos del pie para que no se le saliera el zapato, siguio marchando hacia el gimnasio. ?Donde estaba Eli? Habia acechado desde su ventana la noche anterior para ver si el padre de la muchacha volvia a casa. Pero en vez de eso lo que vio fue a Eli saliendo a eso de las diez. Despues llego la hora del cacao y los bollos con su madre y puede que se hubiera perdido su vuelta a casa. Pero no habia contestado a sus golpecitos.

La clase tomo al asalto el vestuario, la fila se rompio. El maestro Avila estaba de pie con los brazos cruzados, esperandolos.

– Bien. Hoy entrenamiento fisico. Con barra, plinto y cuerdas.

Protestas. El maestro asintio.

– Si lo haceis bien, si trabajais, la proxima vez balon fantasma. Pero hoy entrenamiento fisico. ?Vamos!

No habia nada que discutir. Uno tenia que contentarse con lo del balon fantasma y la clase comenzo a cambiarse apresuradamente. Oskar procuro, como de costumbre, ponerse de espaldas a los otros mientras se quitaba los pantalones. Su bola del pis hacia que se notara algo raro en los calzoncillos.

Arriba, en el gimnasio, los otros estaban colocando los plintos y bajando las barras. Johan y Oskar colocaron juntos las colchonetas. Cuando todo estuvo listo, el maestro soplo su silbato. Habia circuito con cinco estaciones, asi que los dividio en cinco grupos de a dos.

Oskar y Staffe formaron un grupo, lo cual estaba bien porque Staffe era el unico de la clase al que se le daba la gimnasia peor que a Oskar. Era fuertote pero torpe. Mas gordo que Oskar. Sin embargo, nadie se metia con el. Habia algo en la actitud de Staffe que decia que si alguien se metia con el lo pagaria caro.

El maestro hizo sonar el silbato y se pusieron en marcha.

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату