a venir.
?Estaba el asesino todavia en el edificio?
Fuera de los vestuarios, bajo un letrero con una sola palabra: HOMBRES, habia ciertamente tres hombres hablando con el agente de policia Holmberg. Solo uno estaba totalmente vestido. A uno de los tres le faltaban los pantalones, el otro tenia la parte superior del cuerpo desnuda.
– Que bien que hayas podido llegar tan rapido -saludo Holmberg.
– ?Esta todavia ahi?
Holmberg senalo la puerta del vestuario.
– Ahi dentro.
Staffan hizo un gesto hacia los tres hombres.
– ?Ellos son…?
Antes de que Holmberg alcanzara a decir nada, el hombre que no llevaba pantalones dio medio paso adelante y dijo, no sin orgullo:
– Somos los testigos.
Staffan asintio y miro a Holmberg con gesto interrogante.
– ?No deberian…?
– Si, pero estaba esperando a que llegaras. Por lo visto no es violento -Holmberg se volvio hacia los tres hombres y les dijo amablemente-: Ya os llamaremos. Lo mejor que podeis hacer ahora es marcharos a casa. Bueno, otra cosa. Entiendo que no va a ser facil, pero intentad no hablar de esto entre vosotros.
El hombre sin pantalones sonrio con una sonrisa sardonica, de enterado.
– Pueden oirnos, quieres decir.
– No, pero podeis pensar que habeis visto cosas que en realidad no habeis visto, solo porque otro lo haya hecho.
– Yo no. Yo vi lo que vi, y era lo mas jodido…
– Creedme. Le pasa al mejor. Y ahora tendreis que disculparnos. Gracias por vuestra ayuda.
Los hombres se alejaron por el pasillo murmurando entre dientes. Holmberg era bueno para esas cosas: hablar con la gente. Era lo que mas hacia. Iba por las escuelas y daba charlas sobre las drogas y el trabajo de la policia. Ya no solia salir en casos como este.
Un ruido metalico, como si se hubiera caido algo de chapa, se oyo dentro del vestuario y Staffan se sobresalto, presto atencion.
– ?Conque no es violento?
– Esta gravemente herido, por lo visto. Se echo algun tipo de acido en la cara.
– ?Por que?
El rostro de Holmberg se torno inexpresivo, Staffan se volvio hacia la puerta.
– Tendremos que entrar a preguntarselo.
– ?Armado?
– Probablemente no.
Holmberg senalo el hueco de la ventana; sobre la plancha de marmol habia un gran cuchillo de cocina con el mango de madera.
– No tenia ninguna bolsa. Ademas, el que estaba sin pantalones ha tenido tiempo de estar jugando con el en la mano un buen rato antes de que yo llegara. Luego nos ocuparemos de el.
– ?Vamos a dejarlo ahi tirado?
– ?Se te ocurre algo mejor?
Staffan nego con la cabeza y entonces, en medio del silencio, pudo distinguir dos cosas: un debil y arritmico soplo cardiaco dentro del vestuario. El viento en el tubo de una chimenea. Una flauta agrietada. Eso, y un olor. Algo que al principio creyo que formaba parte del olor a cloro que impregnaba todo el edificio. Pero esto era algo mas. Un olor fuerte, picante, que cosquilleaba. Arrugo la nariz.
– ?Vamos…?
Holmberg asintio pero se quedo donde estaba. Casado y con hijos. Claro. Staffan saco la pistola reglamentaria de la funda y apoyo la otra mano en el pasador de la puerta. Era la tercera vez en sus doce anos de servicio que entraba en una habitacion con el arma en la mano. No sabia si estaba actuando correctamente, pero nadie iba a reprocharle nada. Un asesino de ninos. Encerrado, tal vez desesperado, aunque estuviera malherido.
Hizo un gesto a Holmberg y abrio la puerta.
El tufo lo echo para atras.
Le picaba en la nariz haciendole llorar. Tosio. Saco un panuelo del bolsillo y se tapo la boca y la nariz. Algunas veces habia asistido a los bomberos en incendios de casas, era la misma sensacion. Pero aqui no habia humo, solo una ligera neblina flotando por la habitacion.
El monotono, entrecortado ruido aun se oia detras de la hilera de armarios que tenian delante. Staffan le hizo senas a Holmberg para que fuera dando la vuelta por el otro extremo, de manera que cubrieran los dos lados. Staffan avanzo hasta el final de los armarios y echo un vistazo con la pistola colgando a un lado.
Vio una papelera de metal tirada y, junto a ella, un cuerpo tendido y desnudo.
Holmberg aparecio por el otro extremo e hizo senas a Staffan para que se tranquilizara; no parecia que hubiera un peligro inminente. Staffan sintio una punzada de irritacion porque Holmberg intentaba tomar el mando de la operacion ahora, cuando ya no parecia peligrosa. Respiro profundamente a traves del panuelo, se lo quito de la boca y dijo en voz alta:
– Alto. Es la policia. ?Me oyes?
El hombre que estaba tendido en el suelo no dio senales de haber oido, seguia emitiendo unicamente un ruido monotono con la cara contra el suelo. Staffan dio un par de pasos al frente.
– Pon las manos delante, donde yo pueda verlas.
El hombre no se movio. Pero ahora que estaba mas cerca, Staffan pudo ver que le temblaba todo el cuerpo. Lo de las manos era innecesario. Una de ellas reposaba sobre la papelera y la otra estaba extendida al lado, en el suelo. Tenia la palma de la mano hinchada y abierta.
Staffan se volvio a colocar el panuelo en la boca y avanzo hasta el hombre mientras guardaba la pistola en la funda, confiando en que Holmberg lo cubriera si ocurria algo.
El cuerpo temblaba convulsivamente y se oia el leve chasquido de la piel desnuda cuando se despegaba de las baldosas y se volvia a pegar de nuevo. La mano que estaba en el suelo saltaba como un pez en una roca. Y todo el tiempo el mismo sonido de su boca contra el suelo:
– … eeiiieeeiii…
Staffan hizo senas a Holmberg para que se mantuviera a dos pasos de distancia y se puso de cuclillas al lado del cuerpo.
– ?Puedes oirme?
El hombre se callo. De pronto, todo el cuerpo hizo un giro espasmodico y rodo. La cara.
Staffan se echo para atras, perdio el equilibrio y aterrizo sobre la rabadilla. Apreto los dientes para no gritar cuando vio las estrellas. Cerro los ojos. Los volvio a abrir.
