– Bueno, Karlsson. ?Que hay de nuevo en el sector del juguete? ?Habeis descubierto alguna forma nueva de limpiar la propina a los chicos?

Karlsson refunfuno.

– No sabes de lo que estas hablando. Si hay algun estafado, ese soy yo. No puedes ni imaginarte la cantidad de hurtos. Los chicos…

– Si, si, si. No teneis mas que comprar algun chisme de plastico en Corea por dos coronas y venderlo a cien y ya lo habeis recuperado.

– Nosotros no vendemos esas cosas.

– Seguro que no. ?Que era entonces lo que vi en el escaparate el otro dia? ?Pitufos? ?Que era eso? Juguetes de calidad fabricados a mano en Bengtfor, ?eh?

– A mi lo que me parece muy extrano es que lo diga una persona como tu, que vende coches que solo andan si se les engancha a un caballo.

Y asi siguio la cosa. Larry y Lacke escuchaban, se reian a veces, hacian algun comentario. De haber estado Virginia, las crestas de los gallos se habrian levantado un poco mas y Morgan no habria parado hasta que Karlsson se enfadara de verdad.

Pero Virginia no estaba. Y Jocke tampoco. La atmosfera perfecta no acababa de cuajar y por eso la discusion habia empezado a decaer, cuando a eso de las ocho y media la puerta de fuera se abrio lentamente.

Larry levanto la vista y vio a una persona de la que nunca habria imaginado que apareciera por alli: Gosta. La Bomba Fetida, como le llamaba Morgan. Larry habia estado hablando con el en un banco bajo el edificio alto un par de veces, pero nunca habia venido aqui antes.

Gosta parecia desencajado. Se movia como si estuviera formado por piezas mal ensambladas que podian despegarse si se agitaba demasiado. Entornaba los ojos mientras temblaba hacia delante y hacia atras, con pequenos movimientos. O estaba borracho perdido o estaba enfermo.

Larry le saludo.

– ?Gosta! ?Ven y sientate!

Morgan volvio la cabeza, echo un vistazo a Gosta y dijo:

– ?Oh, joder!

Gosta maniobro hasta llegar a su mesa como si se encontrara sobre un campo minado. Larry saco la silla que habia a su lado e hizo un gesto invitandole a sentarse.

– Bienvenido al club.

Gosta parecia no oirle, pero arrastro los pies hasta la silla. Llevaba un traje viejo con chaleco y pajarita, el pelo peinado al agua. Y apestaba. Pis y pis y mas pis. Incluso cuando uno se sentaba con el fuera el hedor era claramente apreciable, pero se podia aguantar. Dentro, al calor, desprendia un olor acido a orina vieja que obligaba a respirar por la boca para poder soportarlo.

Todos los colegas, incluso Morgan, se esforzaron para que la cara no mostrase lo que la nariz sentia. El camarero se acerco a su mesa, parandose en cuanto noto el olor de Gosta, y dijo:

– ?Que va… a tomar?

Gosta meneo la cabeza sin mirar al camarero. Este alzo las cejas y Larry hizo un gesto; tranquilo, nosotros lo arreglamos. El camarero se retiro y Larry, poniendo la mano en el hombro de Gosta, pregunto:

– ?A que debemos el honor?

Gosta carraspeo, y con la mirada puesta en el suelo dijo:

– Jocke.

– ?Que pasa con el?

– Esta muerto.

Larry oyo como Lacke bufaba a sus espaldas. El mantuvo la mano en el hombro de Gosta dandole animos. Sentia que los necesitaba.

– ?Como lo sabes?

– Yo lo vi. Cuando ocurrio. Cuando lo mataron.

– ?Cuando ocurrio?

– El sabado. Por la noche.

Larry retiro la mano.

– ?El sabado? Pero… ?has hablado con la policia? Gosta nego con la cabeza. -No he podido. Y yo… no lo vi. Pero lo se. Lacke se llevo las manos a la cabeza, susurrando:

– Lo sabia, lo sabia.

Gosta se lo conto. El nino, que habia roto la farola mas cercana al puente con una piedra, habia entrado y habia aguardado. Jocke, que habia entrado y no habia salido. La ligera huella, la marca de un cuerpo en las hojas secas a la manana siguiente.

Cuando acabo, el camarero llevaba ya un rato haciendo gestos airados a Larry, senalando alternativamente a Gosta y a la puerta. Larry puso la mano en el brazo de Gosta.

– ?Que te parece entonces si vamos a echar un vistazo?

Gosta asintio y se levantaron de la mesa. Morgan se bebio de un trago la cerveza que le quedaba, sonrio maliciosamente a Karlsson, que cogio el periodico y se lo guardo en el abrigo como solia hacer siempre, el jodido tacano.

Solo Lacke permanecio sentado, jugando con unos palillos rotos que habia en la mesa. Larry se inclino sobre el:

– ?No vas a venir?

– Lo sabia. Lo presentia.

– Si. ?Vas a venir entonces?

– Bueno. Voy. Id yendo vosotros.

Cuando salieron, Gosta se tranquilizo con el aire frio de la noche. Empezo a caminar tan deprisa que Larry tuvo que pedirle que bajara la marcha, su corazon no aguantaba. Karlsson y Morgan iban detras, el uno al lado del otro; Morgan esperaba a que Karlsson dijera alguna tonteria para poder meterse con el. Le sentaria bien. Pero hasta Karlsson parecia ocupado con sus propios pensamientos.

La farola rota ya habia sido cambiada y la luz bajo el puente era aceptable.

Estaban como un peloton escuchando a Gosta mientras este contaba y senalaba los montones de hojas; daban patadas para calentarse los pies. Mala circulacion. Resonaba como si se tratara de un ejercito desfilando. Cuando Gosta termino, Karlsson dijo:

– No hay ninguna prueba…

Era la clase de comentario que Morgan habia estado esperando.

– Pero joder, ?es que no oyes lo que esta diciendo? ?Crees que miente?

– No -dijo Karlsson, como si hablara con un nino-, pero me refiero a que la policia tal vez no este tan dispuesta como nosotros a creer su relato cuando no hay nada que lo corrobore.

– El es testigo.

– ?Crees que sera suficiente?

Larry dio un golpe con la mano sobre los montones de hojas.

– La pregunta ahora es adonde ha ido a parar. Si es que ha sucedido asi.

Lacke venia andando por el camino del parque, llego hasta donde estaba Gosta y senalo hacia el suelo.

– ?Ahi?

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату