– De acuerdo. ?Tienes dos
– No, pero…
– ?Entonces vamos primero a buscar el mio? Asi podemos jugar los dos.
– Vale. Hasta luego, Matte.
– Hasta luego.
Parecia que dos de los chicos se disponian a salir. La situacion era perfecta. Se iba a quedar uno solo, sin que los otros lo esperaran. Se arriesgo a mirar de nuevo. Dos de los chicos estaban listos, a punto de salir. El ultimo estaba poniendose los calcetines. Se oculto al darse cuenta de que llevaba puesto el pasamontanas. Suerte que no lo habian visto.
Cogio la botella de halotano, la sujeto agarrando con los dedos el dosificador. ?Deberia seguir con el gorro puesto? Y
Mierda. Habia sido un error desnudarse. Si tenia que huir rapidamente, no habia tiempo que perder. Oyo como el chico cerraba su armario y empezaba a ir hacia la salida. En cinco segundos pasaria por la puerta de la cabina. Demasiado tarde para consideraciones.
Por la abertura entre el borde interior de la puerta y la pared vio pasar una sombra. Bloqueo todos los pensamientos, quito el cerrojo, golpeo la puerta hacia fuera y salio.
Mattias se dio la vuelta y vio un cuerpo grande y blanco, desnudo, con un gorro de esqui en la cabeza que se abalanzaba sobre el. Un solo pensamiento, una sola palabra cruzo por su cabeza antes de que su cuerpo instintivamente se echara para atras:
Retrocedio ante la Muerte que queria cogerlo. La Muerte llevaba algo negro en la mano. Aquella cosa negra volo hasta su cara y tomo aire para gritar.
Pero antes de que el grito alcanzara a salir lo negro se le vino encima, cubriendole la boca y la nariz. Una mano le cogio la cabeza por detras, apretandole la cara contra aquella cosa negra y suave. El grito se quedo en un gemido ahogado y, mientras lanzaba su quejido mutilado, oyo un silbido como procedente de una maquina de humo.
Intento gritar de nuevo, pero cuando tomo aire sucedio algo con su cuerpo. Un entumecimiento se extendio por todos sus miembros y al siguiente chillido no dijo ni pio. Volvio a respirar y las piernas le fallaron, velos multicolores revolotearon ante sus ojos.
No queria gritar mas. No tenia fuerzas. Los velos cubrian ahora todo su campo visual. Le bailaban los colores.
Se cayo hacia atras en el arco iris.
Oskar sujetaba el papel con el codigo Morse en una mano y con la otra golpeaba las letras en la pared. Un golpe con el nudillo para el punto, un golpe con la palma de la mano para el guion, tal como habian acordado.
Nudillo. Pausa. Nudillo, palmada, nudillo, nudillo. Pausa. Nudillo, nudillo.
(E.L.I.)
Y.O.S.A.L.G.O.
Tras unos segundos llego la respuesta:
Y.O.V.O.Y.
Se encontraron fuera del portal de ella. En un solo dia se habia… transformado. Hacia algunos meses habia estado en la escuela una mujer judia hablando del exterminio, mostrando diapositivas. Eli se parecia ahora un poco a las personas que aparecian en aquellas imagenes.
La fuerte iluminacion del portal acentuaba las sombras de su rostro, como si los huesos estuvieran a punto de atravesar la piel, como si la piel se hubiera vuelto mas fina. Y…
– ?Que te has hecho en el pelo?
Oskar penso que era la luz la que le daba ese aspecto, pero al acercarse vio que en el pelo negro de Eli habian aparecido unas mechas gruesas y blancas. Como en las personas mayores. Eli se paso la mano por el cabello, le sonrio.
– Eso desaparece. ?Que hacemos?
Oskar hizo sonar unas coronas en el bolsillo.
– ?Vamos al kiosco?
– Mmm. El ultimo en llegar es tonto. Una imagen cruzo la cabeza de Oskar.
Luego Eli echo a correr y Oskar la siguio. Y, aunque parecia muy enferma, era mucho mas rapida que el, volo con agilidad por la acera empedrada, cruzo la calle de dos zancadas. Oskar corria todo lo que podia, distraido por aquella imagen.
Justamente. Corria cuesta abajo por delante de la fabrica de golosinas, la de los conocidos ratones, cuando cayo en la cuenta. Si, aquellas peliculas antiguas que echaban los domingos.
Eli estaba esperandole abajo, junto al camino, a veinte metros del kiosco. Oskar corrio hasta ella intentando dejar de resoplar. No habia estado nunca con Eli alli. ?Le iba a contar aquel chascarrillo? Si.
– Oye, ?sabes que lo llaman El Kiosco del Amante?
– ?Por que?
– Porque… Bueno, yo lo oi en una reunion de padres… hubo uno que dijo… no a mi, sino que… yo lo oi. Dijo que el dueno, que es…
Ahora se arrepentia. Parecia una tonteria. Le daba verguenza. Eli extendio los brazos.
– ?Que?
– Bah, que el que lo lleva… que tiene
– ?Es
– Asqueroso, ?no?
– Si.
Oskar bajo hacia el tenderete. Eli, con cuatro pasos rapidos, llego a su altura y le susurro:
– Deben de ser
Los dos se rieron. Entraron en el radio de luz del kiosco. Eli hizo un ostensible gesto compasivo con los ojos puestos en el dueno, que estaba dentro mirando un pequeno televisor.
– ?Es
Oskar asintio.
– Pues parece un
Oskar, haciendo bocina con la mano en la oreja de Eli, dijo en voz baja:
– Se escapo del zoo de Skansen hace cinco anos. Aun lo andan buscando.
Eli se rio y puso la mano en la oreja de Oskar. Su aliento calido floto en la cabeza de el.
– De eso nada. Es que
