Staffan miro a Tommy, a la cruz, a Tommy de nuevo. Se puso serio de repente.
– No, no lo es. Es Cristo.
– El de la Biblia.
– Si. Claro.
Tommy se metio las manos en los bolsillos y entro en el cuarto de estar. Anda, mira, aqui estaban los barometros. Alrededor de veinte en distintas versiones colgaban de la pared alargada detras de un sofa gris de piel con una mesa de cristal delante.
No estaban en absoluto sincronizados. Cada uno marcaba una cosa; parecia mas bien como una de esas paredes con relojes que mostraban la hora en distintas partes del mundo. Dio un golpecito en el cristal de uno de ellos y la aguja se movio un poco. No sabia lo que queria decir, pero la gente, por algun motivo, siempre daba un golpecito en los barometros.
En un mueble esquinero con las puertas de cristal habia un monton de copas pequenas. Cuatro, algo mas grandes, estaban alineadas sobre un piano al lado del esquinero. En la pared por encima del piano colgaba un gran cuadro de la Virgen Maria con el Nino Jesus en brazos. Le estaba dando de mamar con esa expresion ausente en los ojos que parece estar diciendo: ?que he hecho yo para merecer esto?
Staffan carraspeo al entrar en el cuarto de estar.
– Si, esto… Tommy. ?Hay algo que te llame la atencion?
Tommy no era tan tonto como para no entender que era lo que se esperaba que preguntase.
– ?De que son esas copas?
Staffan senalo con la mano los trofeos sobre el piano.
– ?Estas?
– Si.
Staffan senalo una figura de plata de unos veinte centimetros de altura sobre un pedestal de piedra que estaba en medio de las copas del piano. Tommy habia pensado que se trataba de una escultura, pero tambien eso era un trofeo. La figura tenia las piernas abiertas y los brazos al frente sujetando una pistola, apuntando.
– Tiro con pistola. Ese es el primer premio del campeonato del distrito. Ese otro, el tercer premio en calibres suecos de 0,45, de pie… y asi todos.
La madre de Tommy entro y se coloco al lado de su hijo.
– Staffan es uno de los cinco mejores en tiro con pistola de Suecia.
– ?Y eso te sirve para algo?
– ?Que quieres decir?
– Que si puedes disparar a la gente, y eso.
Staffan paso el dedo por el pedestal de uno de los trofeos y se miro el dedo.
– Todo el merito del trabajo de la policia es conseguir no disparar a la gente.
– ?Lo has hecho alguna vez?
– No.
– Pero te gustaria, ?no?
Staffan, con gesto ostentoso, respiro profundamente y expulso el aire con un lento suspiro. -Voy a… mirar la comida.
Se fue a la cocina. La madre de Tommy lo agarro por el codo y le susurro:
– ?Por que dices eso?
– Solo estaba preguntando.
– Es una buena persona, Tommy.
– Si. Debe de serlo. Tantos premios de tiro como Virgenes Marias. ?Puede ser mejor?
Hakan no se encontro con nadie en los pasillos de la piscina. Como habia supuesto, no habia mucha gente a esas horas. En el vestuario habia dos hombres de su edad vistiendose. Cuerpos gordos y deformados. Con el sexo encogido bajo el vientre descolgado. La fealdad misma.
Encontro su cabina, entro y cerro la puerta. Los preparativos listos. Se puso de nuevo el pasamontanas, por seguridad. Quito el seguro de la botella de halotano, colgo el abrigo en un gancho. Abrio la bolsa y puso los utensilios a mano. El cuchillo, la cuerda, el embudo, el bidon. Habia olvidado el impermeable. Mierda. Entonces tendria que desnudarse. El riesgo de que le salpicara era grande, pero de esa manera podria ocultar las manchas
Probo la resistencia del otro gancho agarrandolo con las dos manos y levantando los pies del suelo. Aguantaba. Podria facilmente soportar un cuerpo probablemente treinta kilos mas ligero que el suyo. La altura era un problema. La cabeza iba a dar en el suelo. Tendria que intentar atarlo por las rodillas, habia espacio suficiente entre el gancho y el borde superior de la cabina como para que no asomaran los pies. Eso despertaria sospechas.
Parecia que los dos hombres estaban a punto de marcharse. Escucho lo que decian:
– ?Y el trabajo?
– Como siempre. Libertad, igualdad y fraternidad.
– ?Como dices?
– Eso, solo que al reves.
Hakan sonrio; algo estaba a punto de explotar dentro de su cabeza. Se sentia demasiado excitado, respiraba demasiado rapido. Su cuerpo parecia hecho de mariposas que quisieran volar en distintas direcciones.
Respiro profundamente hasta que sintio que se le iba la cabeza y luego se desnudo. Doblo la ropa y la puso en la bolsa. Los dos hombres salieron del vestuario. Se quedo en silencio. Probo a subirse al banco y mirar hacia fuera. Si, sus ojos alcanzaban a ver justo por encima del borde. Entraron tres chicos de trece, catorce anos. Uno de ellos le dio un azote a otro en el culo con la toalla enrollada.
– ?Joder, dejalo!
Agacho la cabeza. Algo mas abajo noto que su ereccion se apretaba contra el rincon como entre dos nalgas duras y abiertas.
Volvio a mirar por encima del borde. Dos de los chicos se habian quitado el banador y se inclinaban dentro de sus armarios para coger su ropa. Su diafragma se comprimio en un espasmo total y el esperma mojo el rincon, chorreo hasta el banco en el que se encontraba.
Si. Ya se sentia mejor. Pero el esperma no era bueno. Por el rastro.
Saco los calcetines de la bolsa, limpio el rincon y el banco lo mejor que pudo. Volvio a guardar los calcetines, se puso el pasamontanas mientras escuchaba la conversacion de los chicos.
– … nuevo Atari. Enduro. ?Te vienes a casa a jugar un poco?
– No. Tengo cosas que hacer…
– ?Y tu?
