Las grandes ventanas de cristales esmerilados reflejaban rectangulos de luz sobre la capa de nieve. En cada ventana grande habia otra mas pequena, alargada, de cristal normal. Eli salto y se colgo con las manos del borde del tejado, miro hacia dentro. Todo el recinto estaba vacio. La superficie de la piscina brillaba a la luz de los tubos fluorescentes. Habia algunas pelotas flotando en el agua.
Eli se balanceaba de un lado a otro, como un pendulo oscuro. Mirando las pelotas, viendolas volar lanzadas por los aires, risas y gritos y el agua salpicando. Solto las manos del borde del tejado, cayo y, conscientemente, se dejo aterrizar tan fuerte que se hizo dano; siguio por el patio de la escuela, se paro debajo de un arbol al lado del camino. Oscuro. No habia nadie. Miro hacia la copa del arbol, a lo largo de los cinco, seis metros de tronco liso. Se quito los zapatos. Se imagino otras manos, otros pies.
Ya apenas le dolia, sentia solo como un cosquilleo, una descarga electrica a traves de los dedos de las manos y de los pies cuando se afilaban, se transformaban. Le crujian los huesos de los dedos cuando se estiraban, atravesando la piel ablandada de las puntas, transformandose en largas y curvadas garras. Lo mismo sucedia con los dedos de los pies.
Eli salto un par de metros hacia arriba, hasta el tronco del arbol, clavo las garras y siguio trepando hasta una rama gruesa que colgaba sobre el camino. Enrosco las garras de los pies alrededor de la rama y se quedo quieta, sentada.
Sintio la dentera en la raiz de los dientes cuando los imagino afilados. Las coronas se arquearon hacia fuera, una lima invisible los pulia, se volvieron puntiagudos. Eli se mordio con cuidado el labio inferior, una hilera de agujas en forma de media luna que a punto estuvieron de pincharle la piel.
Solo tenia que esperar.
El reloj marcaba las diez y la temperatura dentro de la habitacion se acercaba a lo insoportable. Habian caido dos botellas de aguardiente, habia sacado otra y todos estuvieron de acuerdo en que Gosta se habia portado de puta madre, que aquello no lo habria hecho porque si.
Solo Virginia habia bebido con moderacion, ya que tenia que levantarse para ir a trabajar al dia siguiente. Tambien parecia que era la unica que notaba el olor del cuarto. Al aire, que ya apestaba a pis de gato y a falta de ventilacion, se anadia ahora el humo del tabaco, los vahos del alcohol y el sudor de seis cuerpos.
Lacke y Gosta estaban todavia sentados uno a cada lado de ella en el sofa, ya casi fuera de juego. Gosta acariciaba al gato que tenia en las rodillas, un gato que
Lacke no hablo mucho. No hacia mas que estar sentado, mirando fijamente al frente mientras los ojos se le iban cubriendo primero de vaho, luego de neblina, despues de niebla espesa. Sus labios se movian de vez en cuando sin emitir ningun sonido, como si conversara con un fantasma.
Virginia se levanto y fue hasta la ventana.
– ?Puedo abrir?
Gosta nego con la cabeza.
– Los gatos… pueden… saltar fuera.
– Yo estare aqui para vigilarlos.
Gosta seguia negando con la cabeza por pura inercia y Virginia abrio la ventana. ?Aire! Tomo con avidez un par de bocanadas de aire no contaminado y se sintio mejor al instante. Lacke, que se habia ido cayendo de lado en el sofa cuando le falto el apoyo de Virginia, se enderezo y dijo en voz alta:
– ?Un amigo! ?Un amigo… de verdad!
Murmullo aprobatorio en el cuarto. Todos comprendieron que se referia a Jocke. Larry, mirando fijamente el vaso vacio que sujetaba en la mano, continuo:
– Tienes un amigo… que nunca te falla. Y eso es
Apreto el puno con fuerza agitandolo delante de la cara.
– Y eso no puede sustituirlo nada.
Virginia estaba al lado de la ventana oyendole. Se acerco a Lacke como para recordarle
– Lacke…
– ?No! ?No vengais ahora… «Lacke, Lacke»… esto es asi y se acabo! Pero tu no lo entiendes. Tu eres… fria. Te vas a la ciudad y eliges algun camionero o lo que sea, te lo traes a casa y le dejas que te joda cuando ya no aguantas mas. Eso es lo que tu haces. La puta caravana de camioneros que te habras tirado. Pero un amigo… un amigo…
Virginia se levanto con lagrimas en los ojos, le dio una bofetada a Lacke y se fue del piso. Lacke se cayo en el sofa golpeandole el hombro a Gosta. Gosta murmuro:
– La ventana, la ventana… Morgan la cerro, dijo:
– Vaya, Lacke. Bien hecho. No volveras a verla mas, seguro. Lacke se levanto, con las piernas que apenas lo sostenian avanzo hasta Morgan, que estaba de pie mirando por la ventana:
– Joder, no queria decir…
– No, no. Mejor se lo dices a ella.
Morgan senalo hacia abajo, hacia la calle, donde Virginia acababa de salir del portal y se dirigia con paso rapido y la mirada gacha hacia abajo, hacia el parque. Lacke oyo lo que habia dicho. Sus ultimas palabras permanecian como un eco dentro de su cabeza. ?He dicho eso yo? Dio la vuelta y se apresuro hacia la puerta.
– Solo tengo que…
Morgan asintio.
– No te entretengas. Saludala de mi parte.
Lacke bajo corriendo las escaleras tan rapido como sus piernas temblorosas podian. Las escaleras moteadas eran como una pelicula ante sus ojos y la barandilla se deslizaba tan deprisa que le escocia la mano por el calor de la rozadura. Tropezo en uno de los descansillos, se cayo y se dio un buen golpe en el codo. El brazo se le calento y se le quedo como paralizado. Se levanto y siguio dando traspies escalera abajo. Acudia en auxilio para salvar una vida: la suya.
Virginia paso los edificios altos, iba parque abajo, sin mirar atras.
Lloraba con hipo, casi corriendo como para dejar atras las lagrimas. Pero la seguian, le arrasaban los ojos y caian como goterones por las mejillas. Los tacones se clavaban en la nieve, sonaban contra el pavimento de asfalto del camino del parque. Llevaba los brazos cruzados, abrazandose.
No se veia a nadie, asi que dio rienda suelta al llanto mientras avanzaba hacia casa, apretandose el estomago con las manos; le dolia alli dentro como si tuviera un feto maligno.
No le faltaban motivos para que sus relaciones fueran cortas. No se abria. De hacerlo, habia muchas mas posibilidades de que la danaran. Debia consolarse. Se puede vivir con angustia mientras esta tenga solo que ver con una misma, mientras no haya esperanza.
