oportunidad de encontrarlo.
Uno de sus primos escuchaba con mucha frecuencia una cinta que habia grabado de Toby cuando tocaba en una esquina de la calle. Pero Toby no lo sabia: posiblemente no tenia modo de saberlo, y por eso nunca fue consciente de aquella amistad en potencia.
Uno de sus antiguos profesores en el instituto de los jesuitas llego incluso a preguntar en todos los conservatorios de musica de Estados Unidos por un Toby O’Dare, pero ningun Toby O’Dare se habia matriculado en ninguna de aquellas instituciones.
Podreis deciros que alguien de la familia lamento la perdida de la peculiar musica suave de Toby O’Dare, y tambien la perdida de aquel muchacho que amaba tanto su instrumento renacentista que se paraba a explicar, a cualquiera que le preguntara, todo lo relacionado con el, y la razon por la que preferia tocarlo en la esquina de la calle, en lugar de empunar la guitarra electrica tan preciada de las estrellas del rock.
Creo que seguis mi argumento: la familia era de buena cepa, los O’Dare, los O’Brien, los McNamara, los McGowen, y todos los que emparentaron con ellos por matrimonio.
Pero en todas las familias hay malas personas, y personas debiles, y algunas personas que no consiguen superar las pruebas de la vida y fracasan con estrepito. Sus angeles custodios lloran; los demonios que los observan bailan de alegria.
Pero solo el Creador decide en ultimo termino que es lo que va a ser de ellos.
Asi ocurrio con la madre y el padre de Toby.
Tanto una linea como la otra habian legado a Toby cualidades magnificas: el talento musical unido al amor por la musica era sin duda el don mas destacado. Pero Toby tambien habia heredado una inteligencia aguda, y un raro e irreprimible sentido del humor. Poseia una imaginacion poderosa que le permitia trazar planes, y sonar. Y una tendencia mistica que a veces se apoderaba de el. La fuerte vocacion de ser un monje dominico, que sintio a los doce anos, no se esfumo con facilidad al aparecer las ambiciones mundanas, como le habria ocurrido a cualquier otro adolescente.
Toby nunca dejo de ir a la iglesia durante los anos mas duros del instituto, y aunque tuvo tentaciones de saltarse la misa dominical, tenia que pensar en su hermano y su hermana, y no podia dejar de darles un buen ejemplo.
De haberle sido posible retroceder en el tiempo cinco generaciones y ver como sus antepasados estudiaban la Tora noche y dia en las sinagogas de Europa Central, tal vez no habria llegado a ser el asesino en que se convirtio. De haber podido ir mas alla incluso para ver a otros ancestros suyos pintando murales en Siena, Toscana, tal vez habria tenido mas valor para luchar por sus proyectos mas queridos.
Pero no tenia idea de que hubieran existido esas personas, ni de que por el lado materno, varias generaciones atras, habia habido clerigos ingleses martires de su fe en la epoca de Enrique VIII, o de que su bisabuelo por parte paterna quiso ser sacerdote, pero no alcanzo las calificaciones escolares que lo habrian hecho posible.
Casi ningun mortal sobre la tierra conoce su ascendencia antes de las llamadas Edades Oscuras, y solo las grandes familias pueden penetrar en las espesas capas del tiempo para extraer de ellas una serie de ejemplos capaces de inspirarlas.
Y la palabra «inspirar» no habria sido inadecuada en el caso de Toby, porque en su oficio de sicario siempre se mostro inspirado. Y tambien como musico, antes de eso.
Sus exitos como asesino se debieron en no escasa parte al hecho de que, alto y esbelto como era, y con las bellas facciones que lo adornaban, no tenia un aspecto especialmente parecido al de nadie.
A la edad de doce anos habia en sus facciones un sello permanente de inteligencia, y cuando estaba inquieto pasaba por su rostro una sombra fria, una mirada muy caracteristica de desconfianza. Pero se desvanecia casi al instante, como si fuera algo que no queria reflejar, ni guardar en su interior. Tendia siempre a mostrarse tranquilo, y los demas casi siempre lo encontraban notable y atractivo.
Media casi un metro noventa antes de graduarse en el instituto, y sus cabellos rubios se habian descolorido hasta adquirir un tono ceniciento, y sus ojos grises estaban llenos de concentracion y de una leve curiosidad que no ofendia a nadie.
Apenas fruncia la frente, y cuando salia a pasear, simplemente a pasear en solitario, un observador casual podia verlo siempre vigilante, como alguien impaciente por que un avion aterrizara a tiempo, o que esperara con cierto nerviosismo una cita importante.
Si alguien lo asustaba, reaccionaba con resentimiento y disgusto, pero casi de inmediato superaba ese primer impulso. No queria ser una persona infeliz ni amargada, y aunque a lo largo de los anos acumulo motivos para ambas cosas, se resistio a ellas con vigor.
Nunca bebio, en toda su vida. Era algo que odiaba.
Desde la infancia vistio con esmero, sobre todo porque los ninos de la escuela a la que asistia vestian de ese modo y a el le gustaba parecerse a ellos, y no hacia remilgos a ponerse la ropa usada de sus primos, que incluia blazers azul marino combinados con pantalones claros, y polos de tonos pastel. Esas ropas venian a ser la imagen de marca que distinguia a los chicos de clase alta de Nueva Orleans, y el se empeno en conocerla y cultivarla. Tambien se propuso hablar como esos chicos, y poco a poco elimino de su lenguaje los fuertes signos indicadores de la pobreza y las dificultades que siempre habian salpicado los reniegos, los lamentos chillones y las groseras amenazas de su padre. En cuanto a la voz de su madre, era agradable y desprovista de acento, y el fue quien mas se aproximo en la familia a la forma de hablar de ella.
Leia The Official Preppy Handbook, el Manual Oficial del Preparatorio, no con cinismo, sino como algo que se habia de acatar. Y sabia como buscar en las rebajas de los grandes almacenes la mas adecuada cartera de cuero para libros.
En la parroquia del Santo Nombre de Jesus, caminaba por los senderos gloriosamente verdes desde la parada del autobus de St. Charles, y las casas hermosas y recien pintadas delante de las que pasaba despertaban en el anhelos vagos y sonadores.
Palmer Avenue, en su parte alta, era su calle favorita, y a veces le parecia que, si algun dia podia vivir en una de sus casas blancas de dos pisos, conoceria la felicidad perfecta.
Tambien entro precozmente en contacto con la musica, en el Conservatorio Loyola. Y fue el sonido del laud, en un concierto publico de musica del Renacimiento, lo que lo aparto de su deseo ardiente de tomar el habito.
Paso de monaguillo a estudiante apasionado tan pronto como encontro a una profesora amable que se ofrecio a darle clases gratis. La pureza del tono que extraia de su laud la asombro. Su digitacion era agil, y la expresion que daba a su musica, excelente, y su maestra se maravillaba de las hermosas melodias que podia tocar de oido, incluidas las que he mencionado antes, que una y otra vez volvian a su cabeza. Cuando las tocaba, oia cantar a sus abuelas. A veces, sin decirlo, tocaba en honor de sus abuelas. Tocaba con mucha habilidad canciones populares al laud, y les daba un toque distinto y una ilusion de integridad.
En cierto momento, uno de sus maestros puso en manos de Toby los discos del cantante Roy Orbison, y el descubrio muy pronto que podia tocar las piezas mas lentas de ese gran musico, e imprimirles al laud la misma ternura que Orbison les daba con la voz. Pronto se supo de memoria todas las baladas que Orbison habia grabado a lo largo de su carrera.
Y mientras interpretaba la musica popular con su propio estilo, aprendio a dar una forma compositiva clasica a todas las canciones populares, de modo que podia pasar de una otra, o bien pasar de la belleza alegre y contagiosa de Vivaldi, en un momento, a los tiernos lamentos tristes de Orbison en el siguiente.
Llevaba una vida atareada, entre el estudio en casa despues de la escuela y las exigencias del curriculum para la escuela superior de los jesuitas. De modo que no le era tan dificil mantener a distancia a los chicos y chicas ricos que conocia, porque aunque muchos de ellos le gustaban, estaba decidido a que no entraran nunca en el apartamento desastrado en el que vivia, con dos padres alcoholicos que podian causarle una humillacion irremediable.
Era un nino exigente, del mismo modo en que mas tarde llegaria a ser exigente como asesino. Pero lo cierto es que crecio asustado, guardando secretos y con el temor permanente a una violencia innoble.
Mas tarde, como hombre echado a perder sin remedio, medro en el peligro, y a veces recordaba divertido las series de television a las que en tiempos tan aficionado era, en la conciencia de que ahora vivia algo mas siniestramente glorioso de lo que nunca imagino. Por mas que nunca lo admitio ante si mismo, se sentia en cierto modo orgulloso por su particular forma de maldad. Fuera cual fuera la explicacion que se diera a si mismo sobre
