olvidar que se habia sentido llamado a tomar la hostia en sus manos y decir: «Este es mi Cuerpo», convirtiendola de ese modo en la verdadera carne de Nuestro Senor Jesucristo. Y muchas veces, mientras tocaba un sabado por la noche, incluia en su repertorio musica de la liturgia, que seducia al gentio siempre cambiante tanto como lo hacian las familiares melodias de Johnny Cash y Frank Sinatra, siempre favoritas de la audiencia. Creo para si una imagen sobria de musico callejero, sin sombrero y vestido con una chaqueta de lana azul y pantalones oscuros tambien de lana, e incluso esas prendas humildes le conferian un atractivo sublime.
Cuanto mejor tocaba, respondiendo sin esfuerzo a las solicitudes y desplegando toda la gama de su instrumento, tanto mayor era el aprecio en que lo tenian turistas y nativos. Pronto llego a reconocer a habituales de algunas noches, que nunca dejaban de darle los billetes de valor mas alto.
Cantaba un himno religioso moderno: «Yo soy el pan que da vida, quien viene a mi no pasara hambre…» Era un himno exaltante, y quienes se apinaban a su alrededor nunca dejaban de recompensarlo por el. Bajaba la vista asombrado y veia el dinero que podia comprarle un poco de paz para una semana, o incluso un poco mas. Y sentia ganas de echarse a llorar.
Tambien toco y canto arreglos suyos, variaciones sobre temas que habia oido en los discos que le regalo su profesora. Entrelazaba aires de Bach y Mozart e incluso Beethoven, y otros compositores cuyos nombres no podia recordar.
En cierto momento empezo a incluir en su repertorio algunas composiciones propias. Su profesora le ayudo a trasladarlas al papel pautado. La musica para laud no se escribia como la musica corriente. Se escribia en tablatura, y eso le agradaba de forma especial. Pero toda la teoria y la practica de la escritura musical le resultaba pesada. Si por lo menos pudiera aprender lo bastante para ensenar musica algun dia, pensaba, aunque fuera a ninos pequenos, seria un modo de vida aceptable.
Muy pronto Jacob y Emily pudieron vestirse sin ayuda, y tambien aparecio en ellos la misma mirada de pequenos adultos caracteristica en el. Tomaban solos el autobus de la escuela de St. Charles, y no llevaban nunca a nadie a casa porque su hermano se lo habia prohibido. Aprendieron a hacer la colada, a planchar las camisas y las blusas para la escuela, y a esconderle a su madre el dinero, y a calmarla cuando enloquecia y empezaba a romper todo lo que encontraba por la casa.
– Si teneis que obligarla a tragarlo, hacedlo -les dijo Toby, porque era cierto que algunas veces solo el alcohol apaciguaba el paroxismo de su madre.
Yo observaba todas esas cosas.
Volvia las paginas de su vida y acercaba la luz para leer la letra pequena.
Lo queria.
Veia siempre el devocionario en su escritorio, y a su lado otro libro que leia de cuando en cuando por puro placer, a veces en voz alta para Jacob y Emily.
Ese libro era Los angeles, de fray Pascal Parente. Lo encontro en la misma tienda de Magazine Street en la que compraba sus novelas de crimenes, y se lo llevo junto con una vida de santo Tomas de Aquino por G. K. Chesterton, que a veces intentaba leer, por mas dificil que le resultara.
Se puede afirmar que vivia una vida en la que las lecturas eran tan importantes como la musica que tocaba con el laud, y que esas cosas tenian tanta importancia para el como su madre, Jacob y Emily.
Su angel custodio, siempre esforzandose en vano por llevarlo al camino recto en los tiempos mas caoticos, parecia perplejo ante aquella combinacion de amores que se repartian el alma de Toby, pero yo solo habia venido a observar a Toby, no al angel que con tanta abnegacion se esforzaba por mantener viva en el corazon de Toby la fe en salvaguardar de alguna manera a todos ellos.
Un dia de verano, Toby leia en la cama y se dio media vuelta sobre el vientre, abrio la pluma y subrayo estas palabras:
Desde el punto de vista de la fe, solo hemos de retener que los angeles no poseen el don de la cardiognosis (el conocimiento de los secretos del corazon) y tampoco una prevision segura de los futuros actos del libre albedrio: esas son prerrogativas exclusivas de Dios.
Le gusto la frase, y le gusto la atmosfera de misterio que lo rodeaba cuando leia aquel libro.
La verdad es que no queria creer que los angeles no tuviesen corazon. En algun sitio habia visto una vez un cuadro antiguo de la crucifixion en el que los angeles situados en la parte superior lloraban, y le gustaba pensar que el angel de la guarda de su madre lloraba al verla borracha y deprimida. Si los angeles no tenian corazon o no entendian de corazones, el no queria saberlo, porque le encantaba el concepto y le encantaban los angeles, y le hablaba a su propio angel tan a menudo como podia.
Enseno a Emily y Jacob a arrodillarse todas las noches a recitar la vieja oracion:
Angel de la guarda, dulce compania,
no me desampares de noche ni de dia,
no me dejes solo, que me perderia.
Incluso les compro una estampa de un angel de la guarda.
Era una estampa bastante vulgar, que vio por primera vez colgada de la pared del aula de la escuela primaria. Barnizo y enmarco la reproduccion con los materiales que encontro en el drugstore. Y la colgo de la pared de la habitacion que compartian los tres, Jacob y el en la litera y Emily en el extremo contrario en su propio colchon, que se podia plegar y dejar recogido por la manana.
Habia elegido para la estampa un marco de oro con adornos, y le gustaba su disposicion, las hojas de parra simuladas de las esquinas y el margen amplio que delimitaba entre el mundo de la pintura y el empapelado descolorido de la pequena habitacion.
El angel de la guarda era grande y femenil, con una cabellera dorada y grandes alas blancas de puntas azules, y llevaba un manto sobre su tunica blanca flotante, mientras se inclinaba sobre un nino y una nina que avanzaban juntos sobre un puente traicionero de suelo agujereado.
?Cuantos millones de ninos han visto esa imagen?
– Mirad -decia Toby a Emily y Jacob cuando se arrodillaban para los rezos de la noche-. Siempre podreis hablar con vuestro angel de la guarda.
Les dijo que el habia hablado con su angel, sobre todo en las noches de la parte baja de la ciudad, cuando las propinas escaseaban.
– Yo le digo: «Traeme a mas gente», y por supuesto, el lo hace.
Insistio en el tema, a pesar de que tanto Jacob como Emily se reian.
Pero fue Emily quien pregunto si podian rezarle al angel de la guarda de mama tambien, y pedirle que dejara de emborracharse tanto.
Aquello choco a Toby, porque el nunca habia pronunciado la palabra «emborracharse» bajo su propio techo. Nunca habia empleado esa palabra con nadie, ni siquiera con su confesor. Y se maravillo de que Emily, que solo tenia siete anos por entonces, se hubiera dado cuenta de todo. La palabra le hizo estremecerse, y dijo a su hermano y su hermana pequenos que la vida no iba a ser siempre asi, que el se encargaria de que las cosas fueran cada vez mejor.
Tenia intencion de cumplir su palabra.
En la escuela superior de los jesuitas, Toby pronto se situo entre los primeros de la clase. Tocaba durante quince horas seguidas los sabados y los domingos y ganaba asi lo bastante para no tener que tocar entre semana despues de la escuela, y poder seguir su educacion musical.
Tenia dieciseis anos cuando un restaurante lo contrato para las noches de los sabados y los domingos, y aunque ganaba un poco menos de ese modo, era un dinero seguro.
Cuando era necesario, atendia las mesas y se ganaba buenas propinas. Pero lo que se le pedia era aquella musica inesperada y extrana, y el estaba encantado de que fuera asi.
A lo largo de los anos escondio todo ese dinero en varios sitios por todo el apartamento: en guantes guardados en los cajones, debajo de una tabla suelta del suelo, debajo del colchon de Emily, debajo de la estufa, incluso en la nevera envuelto en papel de estano.
En un buen fin de semana podia ganar cientos de dolares, y el dia en que cumplio diecisiete anos el conservatorio lo admitio como estudiante a tiempo completo para aprender musica en serio. Lo habia conseguido.
Fue el dia mas feliz de su vida y volvio a casa radiante con la noticia.
– Mama, lo he conseguido, ?lo he conseguido! -dijo-. Todo va a ir bien, te lo aseguro.
Cuando no quiso darle a su madre dinero para beber, ella se apodero de su laud y lo estrello contra el borde
