sus actividades, por debajo y muy hondo fluia una corriente de presuncion vanidosa.

Aparte de su pasion por la caza, habia en el un rasgo realmente precioso que lo distinguia netamente de otros vulgares asesinos. Era este: no le importaba vivir o morir. No creia en el infierno porque no creia en el cielo. No creia en el diablo porque no creia en Dios. Y aunque recordaba la fe ardiente y en ocasiones hipnotica de su juventud, aunque sentia por ella un respeto muy superior a lo que nadie habria supuesto, esa fe no daba el mas minimo calor a su alma.

Insisto, antes habia querido ser un monje, y ninguna perdida de la gracia lo llevo a alejarse de esa vocacion. Incluso cuando tocaba el laud, rezaba constantemente para extraer de el una musica hermosa, y a menudo imaginaba nuevas melodias para las oraciones que amaba.

Vale la pena senalar aqui que en cierta ocasion quiso tambien ser un santo. Y, a pesar de su juventud, quiso comprender toda la historia de su Iglesia; y le encantaba en particular leer sobre Tomas de Aquino. Le parecia que sus profesores siempre mencionaban ese nombre, y cuando vino un sacerdote jesuita de la universidad vecina para dar una charla a los escolares, conto una historia sobre santo Tomas que se fijo para siempre en la memoria de Toby.

Era esta: el gran teologo Tomas tuvo una vision en sus ultimos anos que le hizo volverse contra su obra anterior, la gran Summa Theologica. «Hay mucha paja», dijo el santo a quienes le pidieron, en vano, que la continuase.

Siguio dandole vueltas a esa historia hasta el dia mismo en que mi mirada incansable fue a fijarse en el. Pero no sabia si la anecdota era cierta, o una invencion feliz. Muchas de las cosas que se contaban de los santos no eran ciertas. Y con todo, nunca parecia ser eso lo importante.

A veces, en sus ultimos anos de despiadado profesional, cuando se cansaba de tocar el laud, anotaba sus pensamientos sobre los recuerdos que en tiempos habian significado tanto para el. Proyecto escribir un libro que conmoveria al mundo: Diario de un hombre herido. ?Oh!, sabia muy bien que otras personas habian escrito memorias parecidas, pero no eran Toby O’Dare, que seguia leyendo teologia cuando no asesinaba a banqueros de Ginebra y Zurich; que, llevando su rosario, se habia introducido en Moscu y en Londres lo suficiente para cometer cuatro asesinatos estrategicos en un plazo de sesenta y dos horas. No eran Toby O’Dare, que en tiempos habia querido decir misa para las multitudes.

He dicho que no le importaba vivir o morir. Dejadme precisarlo: no llevaba a cabo misiones suicidas. Le gustaba demasiado estar vivo para hacer algo asi, pero nunca lo admitio. De todos modos, aquellos para quienes trabajaba no estaban interesados en que se encontrara su cuerpo en el escenario del crimen que le encargaban.

Pero es cierto que no le importaba morir hoy o manana. Y estaba convencido de que el mundo, pero nada mas que el reino material que podemos ver con nuestros ojos, seria mucho mejor sin su presencia. A veces deseaba realmente estar muerto. Pero esos periodos no duraban mucho tiempo, y era sobre todo la musica lo que le sacaba de ellos.

Se tendia en su apartamento de lujo a escuchar las viejas canciones lentas de Roy Orbison, o los muchos discos de cantantes de opera que poseia, o para escuchar las grabaciones de musica escrita para laud, sobre todo de la epoca, en el Renacimiento, en que el laud habia sido un instrumento popular.

?Como habia llegado a convertirse en esto, en un humano hosco que acumulaba un dinero que no le servia de nada, que mataba a personas cuyos nombres desconocia, que penetraba en el interior de las fortalezas mas sofisticadas que sus victimas habian podido construir, que daba la muerte disfrazado de camarero, de medico con bata blanca, de chofer de un coche de alquiler, o incluso de vagabundo borracho que tropezaba en la calle con el hombre al que pinchaba con su aguja fatal?

El mal que vi en el me hizo estremecer en la medida en que un angel puede estremecerse, pero el resplandor del bien oculto tras el me sedujo por completo.

Volvamos a aquellos primeros anos, cuando era aun Toby O’Dare, con un hermano y una hermana pequenos, Jacob y Emily; a la epoca en que luchaba por pasar curso en la escuela preparatoria mas estricta de Nueva Orleans, con escolaridad completa por supuesto, al mismo tiempo que trabajaba hasta sesenta horas a la semana tocando musica en la calle para alimentar a sus hermanos y a su madre, y vestirlos, y pagar un apartamento en el que nunca entro nadie a excepcion de su familia.

Toby pagaba las facturas. Abastecia la nevera. Hablaba con el casero cuando los gritos de su madre no dejaban dormir al vecino. Era el quien limpiaba las vomitonas, y apagaba el fuego cuando la grasa se desbordaba de la sarten y caia en el hornillo de gas, y ella se caia hacia atras con el pelo en llamas y dando aullidos.

Con otro marido, su madre podria haber sido tierna y carinosa, pero su esposo fue a prision cuando ella estaba embarazada del hijo menor, y nunca pudo superarlo. Era un policia que vivia de las prostitutas de las calles del Barrio Frances, y que habia acabado muerto a cuchilladas por otro recluso.

Toby tenia solo diez anos cuando sucedio.

Durante anos, ella bebia hasta emborracharse y se tendia en el suelo murmurando el nombre de su marido: «Dan, Dan, Dan.» Y nada de lo que pudiera hacer Toby la consolaba. El le habia comprado vestidos bonitos, y llevaba a casa cestos cargados de frutas o de dulces, y durante unos anos antes de que los bebes fueran al jardin de infancia, ella casi nunca estaba borracha salvo de noche, e incluso se aseaba y aseaba a los ninos lo bastante para ir todos juntos a misa los domingos.

En aquellos dias, Toby veia la television con ella, los dos en la cama de su madre, y ella compartia su aficion por los policias que llamaban a las puertas y se llevaban presos a los asesinos mas depravados.

Pero cuando dejo de tener a los chiquillos gateando entre sus pies, la madre empezo a beber de dia y dormir de noche, y Toby hubo de convertirse en el hombre de la casa, vestir a Jacob y Emily todas las mananas, y llevarlos temprano a la escuela para tomar a tiempo el autobus que lo llevaba a sus propias clases con los jesuitas, y poder reservar tal vez algunos ratos para sus deberes en casa.

A la edad de quince anos, llevaba dos de estudio de laud y composicion todas las tardes, y para entonces Jacob y Emily ya hacian sus deberes en el cuarto de al lado, y sus profesores seguian dandole clases gratuitas.

– Tienes un gran talento -le dijo una profesora, y lo animo a probar con otros instrumentos que mas tarde podrian permitirle vivir de la musica.

Pero Toby sabia que no podria dedicar a aquello el tiempo suficiente, y despues de ensenar a Emily y Jacob como vigilar y manejar a su madre borracha, salia a las calles del Barrio Frances todo el sabado y el domingo, con el estuche del laud abierto a sus pies mientras tocaba, para ganar todos los centavos posibles con los que complementar la magra pension de su padre.

La verdad es que no habia tal pension, pero Toby nunca se lo dijo a nadie. Solo habia las silenciosas contribuciones de la familia y las colectas que regularmente les hacian llegar otros policias que no habian sido mejores ni peores que el padre de Toby.

Y Toby tenia que reunir el dinero para cualquier gasto extra o «bonito», y para los uniformes que necesitaban su hermano y su hermana, y para los juguetes que tenian que tener en ese apartamento miserable que Toby tanto detestaba. Y aunque estaba preocupado continuamente por el comportamiento de su madre en casa, y por la capacidad de Jacob para apaciguarla si le venia un acceso de rabia, Toby se sentia muy orgulloso de su forma de tocar y de la buena disposicion de los paseantes, que casi siempre dejaban algun billete grande en el estuche si se habian parado a escuchar.

A pesar de que incluso aquellos rudimentos de estudio de la musica costaban demasiado tiempo a Toby, seguia sonando con matricularse en el conservatorio cuando tuviera la edad requerida, y conseguir un trabajo fijo para tocar en un restaurante con el fin de estabilizar sus ingresos. Ningun plan era imposible para el, por los medios que fuesen, y vivia para el futuro mientras luchaba con desesperacion para sobrevivir al presente. A pesar de todo, cuando tocaba el laud y recogia con facilidad el dinero suficiente para pagar el alquiler y comprar comida, conocia un jubilo y una sensacion de triunfo tan consistente como hermosa.

Nunca dejo de intentar animar y consolar a su madre, ni de asegurarle que las cosas iban a ir mejor de como eran ahora, de que sus dolores desaparecerian, y algun dia vivirian en una casa de verdad en las afueras, con un patio trasero para que jugaran Emily y Jacob, y cesped autentico en la parte delantera, y todas las demas cosas que ofrece una vida normal.

En algun recondito rincon de su mente mantenia la idea de que algun dia, cuando Jacob y Emily crecieran y se casaran y su madre se curara con todo el dinero que el iba a ganar, posiblemente volveria a pensar en el seminario. No podia olvidar lo que habia significado para el, en otro tiempo, la idea de celebrar la misa. No podia

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