Le puso las manos sobre los hombros, y la boca de ella se abrio en una sonrisa torcida-. Soy un hombre ahora, Ma. ?Voy a hacerlo!

Ella se deslizo suavemente en el sueno. Eran mas de las nueve.

?De verdad los angeles no conocen los corazones? Llore al escucharlo y observarlo.

Siguio hablando, mientras ella dormia, sobre como se irian de este apartamento pequeno y misero. Emily y Jacob seguirian yendo a la escuela del Santo Nombre, el los llevaria en el coche que se iba a comprar. Ya le habia echado el ojo.

– Ma, cuando toque en el conservatorio por primera vez, quiero que estes alli. Quiero que tu, y Emily y Jacob, esteis en el palco. No tardare mucho. Mi profesora me esta ayudando. Ma, voy a hacer que las cosas marchen bien, ?me entiendes? Ma, te traere un medico, un medico que sepa lo que se tiene que hacer.

En su sueno alcoholizado, ella murmuro:

– Si querido, si querido, si querido.

Hacia las once, le dio otra cerveza y ella se quedo profundamente dormida. El le dejo el vino al lado. Cuido de que Emily y Jacob se pusieran los pijamas y los arropo, y luego se puso el esmoquin negro y la camisa de plastron que se habia comprado para la graduacion. Eran, desde luego, las mejores ropas que tenia. Y las habia comprado sin dudarlo porque sabia que harian buen efecto si las usaba en la calle, e incluso en los mejores restaurantes.

Bajo a la ciudad vieja a tocar por dinero.

En toda la ciudad habia fiestas aquella noche para los graduados de los jesuitas. No las habia para Toby.

Se coloco muy cerca de los bares mas famosos de Bourbon Street, y alli abrio su estuche y empezo a tocar. Sumergio su corazon y su alma en las letanias mas tristes que jamas escribio Roy Orbison. Y muy pronto empezaron a revolotear a su alrededor los billetes de veinte dolares.

Que espectaculo era, alcanzada ya la madurez artistica y tan bien vestido en comparacion con los astrosos musicos callejeros sentados aqui o alla, o los mendigos que se limitaban a pedir una moneda entre murmullos, o los desarrapados pero brillantes ninos bailarines.

Toco Danny Boy por lo menos seis veces esa noche solo para una pareja, y le dieron un billete de cien dolares que guardo en su cartera. Toco todo lo que le pedian aquellos paseantes festivos, y si daban palmas y pedian bluegrass alla iba el, o tocaba musica country con el laud imitando un violin, y ellos bailaban a su alrededor. Expulso de su mente todo, excepto la musica.

Cuando empezo a amanecer, entro en la catedral de St. Louis, y rezo el salmo que tanto habia amado al leerlo en la Biblia catolica de su abuela:

?Salvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello! Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me anegan. Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.

Para terminar, susurro: «?Dios querido!, ?acabaras con este dolor?»

Ahora tenia mas de seiscientos dolares para pagar las facturas. Podia mirar al frente. Pero ?que importaba si no podia salvarla?

– Dios querido -rezo-. No quiero que muera. Siento haber rezado para que muriera. Dios querido, salvala.

Se le acerco una mendiga al salir de la catedral. Estaba mal vestida y murmuraba entre dientes que necesitaba una medicina para salvar a un nino moribundo. El sabia que mentia. La habia visto muchas veces, y siempre le habia oido contar la misma historia. Se quedo mirandola largo rato, y luego la hizo callar con un gesto de la mano y una sonrisa, y le dio veinte dolares.

A pesar de lo cansado que estaba, cruzo el barrio para no gastar unos pocos dolares en un taxi, y volvio a casa en el autobus de St. Charles, mirando sonoliento por la ventanilla.

Queria desesperadamente ver a Liona. Sabia que aquella noche iba a verlo graduarse -ella y sus padres, en realidad-, y queria explicarle por que no se habia presentado.

Recordo que habian hecho planes para despues, pero ahora todo le parecia remoto y estaba demasiado cansado para pensar en lo que le diria cuando finalmente hablara con ella. Penso en sus enormes ojos enamorados, en su ingenio siempre a punto y la inteligencia aguda que nunca disimulaba, y en el timbre de su risa. Penso en todas las maravillosas cualidades que la adornaban, y supo que cuando pasaran los anos de los estudios, la perderia con toda seguridad. Ella tambien se habia matriculado en el conservatorio, pero ?como competir con los jovenes que inevitablemente iban a rodearla?

Tenia una voz esplendida, y en el musical de los jesuitas habia actuado como una autentica estrella, que amaba la escena y que habia aceptado los aplausos, las flores y las felicitaciones con modestia pero llena de confianza.

No comprendia por que se habia enredado con el. Y sintio que debia apartarse, dejarla ir, y casi se echo a llorar al pensar en ella.

Mientras el autobus ruidoso y asmatico subia hacia la ciudad alta, se abrazo a su laud e incluso dormito con la mejilla apoyada en el durante un instante. Pero se desperto sobresaltado al llegar a su parada, bajo y dejo con esfuerzo que los pies lo sostuvieran sobre la acera.

Tan pronto como entro en el apartamento, supo que algo iba mal.

Encontro a Jacob y Emily ahogados en la banera. Y a su madre con las munecas cortadas, muerta en la cama, con la manta y parte de la almohada empapadas en sangre.

Durante largo rato miro los cuerpos de su hermano y su hermana. La banera se habia vaciado de agua casi por completo, pero los pijamas aun estaban humedos y arrugados. Pudo ver moretones por todo el cuerpo de Jacob. Debia de haber luchado con todas sus fuerzas. Pero la cara de Emily, en el otro extremo de la banera, estaba serena y perfecta, con los ojos cerrados. Tal vez no llego a despertar cuando su madre la ahogo. El resto de agua que quedaba estaba manchado de sangre. Tambien habia sangre en el grifo, en donde habia chocado la cabeza de Jacob cuando ella lo empujaba hacia abajo.

Junto al cuerpo de su madre estaba el cuchillo de cocina. Habia estado a punto de amputarse la mano izquierda, tan profunda era la herida, pero se habia desangrado hasta morir por los cortes en las dos munecas.

Todo habia ocurrido hacia varias horas, lo supo.

La sangre estaba seca, o tal vez solo pegajosa.

Pero saco del fondo de la banera a su hermano e intento reanimarlo soplando en su boca para devolverle la vida. El cuerpo de su hermano estaba frio como el hielo, o asi le parecio. Y tenia un tacto esponjoso.

No pudo soportar la idea de tocar a su madre o a su hermana.

Su madre yacia con los parpados entrecerrados y la boca abierta. Tenia un aspecto reseco, como el de una cascara. Una cascara, penso. Exacto. Vio el rosario en medio de la sangre. La sangre cubria el suelo de madera barnizada.

Sobre aquellas visiones lastimosas solo flotaba el olor del vino. Solo el olor de la malta de la cerveza. Fuera pasaban los coches. A una manzana de distancia, oyo el estruendo del tranvia al arrancar.

Toby fue a la sala y estuvo largo rato sentado con el laud en el regazo.

?Por que no habia sabido que podia ocurrir algo asi? ?Por que habia dejado a Jacob y Emily solos con ella? Dios bendito, ?por que no vio que las cosas llegarian a este punto? Jacob solo tenia diez anos. ?Como, en nombre del cielo, habia dejado Toby que les ocurriera esto?

Todo por su culpa. No tenia la menor duda. Si, penso en que ella podia hacerse dano a si misma, y Dios le perdone, rezo para que ocurriera en la catedral. Pero ?esto? ?Su hermano y su hermana muertos? De nuevo se detuvo la respiracion. Por un instante penso que no seria capaz de volver a respirar nunca. Se puso en pie, y solo entonces expulso el aliento en la forma de un sollozo seco y silencioso.

Contemplo aturdido el mezquino apartamento, con sus muebles feos y desparejos, el viejo escritorio de roble y las sillas baratas de fundas floreadas, y todo le parecio mugriento y gris, y afloro en su interior un miedo que se convirtio luego en un terror creciente.

El corazon golpeaba su pecho. Miro las reproducciones de flores en sus feos marcos, bobadas que el mismo habia comprado, alineadas en las paredes empapeladas del apartamento. Miro las cortinas descoloridas tambien compradas por el, y las blancas persianas ordinarias que habia detras de ellas.

No quiso ir al dormitorio y ver la reproduccion del angel de la guarda. Lo romperia en pedazos si lo veia. Nunca, nunca mas miraria una cosa asi.

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