Toby.
Toby se lo envio a la mujer al conservatorio porque era la unica direccion que tenia de ella. No puso direccion del remitente en el paquete.
Una tarde fue a la catedral de St. Patrick y estuvo una hora sentado, mirando fijamente el altar mayor. No creia en nada. No sentia nada. Las palabras de los salmos que tanto habia amado no provocaban en el ningun eco.
Al marcharse, se detuvo un instante en el vestibulo de la iglesia para mirar atras, como si no fuera a volver a ver nunca aquel mundo, y un policia rudo saco a empujones a una pareja de turistas jovenes que se habian estado besando. Toby se quedo mirando al policia, y este le hizo gesto de que se marchara. Pero Toby se limito a sacar el rosario del bolsillo y el policia hizo un gesto de asentimiento y se alejo.
Para si mismo, era un fracaso. Aquel mundo propio de Nueva York no era real. Habia fallado a su hermano pequeno, a su hermana, a su madre, y habia decepcionado a su padre. «Cara Bonita.»
A veces la ira ardia como una hoguera en el corazon de Toby, pero no iba dirigida contra nadie.
Era una ira que a los angeles les costaba comprender, porque lo que Toby habia subrayado muchos anos atras en el libro de Pascal Parente era cierto.
A nosotros los angeles, en ciertos aspectos nos falta la cardiognosis. Pero yo sabia a traves de la inteligencia lo que sentia Toby; lo sabia por su cara y por sus manos, incluso por la manera como tocaba ahora su laud, de una forma mas oscura y con una alegria forzada. Su laud, con esos tonos bajos mas asperos, adquirio un sonido melancolico. Tanto sus penas como sus alegrias estaban condicionadas por esa melancolia. No podia poner en ella su dolor privado.
Una noche su patron, Alonso, fue al pequeno apartamento del hotel de Toby. Llevaba al hombro una mochila grande de piel.
Alonso habia subalquilado a Toby aquel lugar, en el limite de Little Italy. Era un sitio estupendo en lo que respecta a Toby, por mas que por las ventanas solo se vieran paredes; el mobiliario era agradable, incluso algo coqueto.
Pero Toby se sorprendio al abrir la puerta y ver a Alonso. Alonso nunca habia ido alli. Alonso podia pagarle un taxi para que volviera a casa despues de la opera, pero nunca lo habia visitado en su apartamento.
Alonso tomo asiento y pidio vino.
Toby tuvo que salir a comprarlo. Nunca tenia bebidas alcoholicas en su apartamento.
Alonso empezo a beber. Saco de su chaqueton un arma corta y la dejo sobre la mesa de la cocina.
Alonso conto a Toby que se enfrentaba a fuerzas que nunca antes lo habian amenazado: los mafiosos rusos querian su restaurante y su negocio de catering, y le habian quitado su «casa».
– Tambien querrian quedarse con este hotel -dijo-, pero no saben que el propietario soy yo.
Un grupo pequeno de ellos fue directamente a la casa en la que Toby habia tocado para los jugadores de cartas y las damas. Mataron a tiros a los hombres presentes y a cuatro mujeres, y echaron a las restantes, y colocaron a sus propias chicas en el lugar de ellas.
– Nunca habia visto esa clase de maldad -dijo Alonso-. Mis amigos no aguantaran a mi lado. ?Con que amigos cuento? Creo que mis amigos los apoyan en esto. Creo que mis amigos me han vendido. ?Por que si no han dejado que me hagan esto? No se que hacer. Mis amigos me echan la culpa a mi de lo ocurrido.
Toby miraba el arma. Alonso retiro el seguro, y luego volvio a ponerlo.
– ?Sabes lo que es esto? Esto dispara mas balas de las que te puedes imaginar.
– ?Han matado a Elsbeth? -pregunto Toby.
– Le dispararon en la cabeza -dijo Alonso-. ?Le dispararon en la cabeza!
Alonso empezo a gritar. Elsbeth era la razon por la que habian venido esos hombres, y los amigos de Alonso le dijeron lo tontos que habian sido Violet y el al darle refugio.
– ?Han matado a Violet? -pregunto Toby, y Alonso empezo a sollozar.
– Si, han matado a Violet. -Lloro sin retenerse-. Mataron a Violet la primera, una anciana como ella. ?Por que lo han hecho?
Toby se puso a pensar. No penso en todos los dramas policiacos que habia visto por la television, ni en las historias de crimenes reales que habia leido. Daba vueltas a sus propios pensamientos, sobre los que sobreviven en este mundo y los que no, los que son fuertes y resolutivos, y los debiles.
Se daba cuenta de que Alonso se estaba emborrachando. Era algo que detestaba.
Toby penso mucho rato, y luego dijo:
– Tienes que hacerles a ellos lo que estan intentando hacerte a ti.
Alonso lo miro y luego se echo a reir.
– Soy un viejo -dijo-. Y esos hombres se han propuesto matarme. ?No puedo enfrentarme a ellos! Nunca he disparado un arma como esa en mi vida.
Siguio hablando y bebiendo vino, cada vez mas borracho y mas furioso, y explico que siempre se habia cuidado de ofrecer las «cosas basicas», un buen restaurante, una casa o dos donde los hombres pudieran relajarse, jugar un poco a las cartas, tener un poco de compania amistosa.
– Es el negocio inmobiliario -suspiro Alonso-. Si quieres saberlo, eso es lo que buscan. Tendria que haberme ido al infierno, lo mas lejos posible de Manhattan. Y ahora es demasiado tarde. Estoy acabado.
Toby escucho todo lo que dijo.
Esos criminales rusos se habian apoderado de su casa, y le habian llevado al restaurante una escritura de venta de la casa. Tambien tenian otra escritura para el restaurante. Alonso, al que habian abordado a la hora del almuerzo con el restaurante abarrotado, se habia negado a firmar nada.
Lo amenazaron con los abogados que llevaban sus negocios y los hombres del banco que trabajaba para ellos.
Pretendian que Alonso firmara la venta de sus negocios. Le prometieron que si firmaba las escrituras de venta y desalojaba el local, le darian una participacion y no le harian dano.
– ?Darme una participacion en mi propia casa? -aullo Alonso-. La casa no les basta. Quieren el restaurante que abrio mi abuelo. Eso es lo que de verdad quieren. Y entraran en este hotel tan pronto como lo descubran. Han dicho que, si yo no firmaba los papeles, dejarian que su abogado se encargara de todo, y nadie encontraria nunca mi cadaver. Han dicho que harian en el restaurante las mismas cosas que hicieron en la casa. Lo haran de forma que a la policia le parezca un robo. Eso es lo que me han dicho. «Mataras a tu propia gente si no firmas.» Esos rusos son monstruos.
Toby sopeso lo que sucederia si los criminales entraban en el restaurante de noche, cerraban las cortinas metalicas que daban a la calle y mataban a todos los empleados. Sintio un escalofrio al darse cuenta de que la muerte rondaba muy cerca de el.
Sin palabras, imagino los cuerpos de Jacob y Emily. Emily con los ojos cerrados bajo el agua.
Alonso bebio otro vaso de vino. Gracias a Dios, penso Toby, habia comprado dos botellas del mejor cabernet.
– Cuando yo este muerto -dijo Alonso-, ?que pasara si encuentran a mi madre? -Cayo en un silencio hosco.
Pude ver a su angel de la guarda a su lado, impasible al parecer pero esforzandose en consolarlo. Pude ver a otros angeles en la habitacion. Esos no desprendian luz.
Alonso meditaba, y Toby hizo lo mismo.
– En cuanto firme esas escrituras -dijo Alonso-, en cuanto sean los propietarios legales del restaurante, me mataran.
Busco en su chaqueton y saco de alli otra arma larga. Explico que era automatica y podia disparar a rafagas mas municion incluso que la primera.
– Juro que me los llevare por delante.
Toby no le pregunto por que no iba a la policia. Conocia la respuesta a esa pregunta, y nadie en Nueva Orleans habia confiado nunca en la policia para esa clase de asuntos. Despues de todo, el padre de Toby habia sido un policia borracho y corrupto. Una pregunta asi no formaba parte de la naturaleza de Toby.
– Esas chicas que traen -dijo Alonso-. Son ninas, esclavas, solo ninas. -Y anadio-: Nadie va a ayudarme. Mi madre se quedara sola. Nadie puede ayudarme.
Alonso comprobo el seguro de la segunda arma. Dijo que los mataria a todos si podia, pero no creia poder hacerlo. Estaba muy borracho ahora.
