En alguna parte tiene que haber copias de todas esas escrituras, pero tu has matado a los hombres que las manejaban.

Bajaron a la calle. Una enorme limusina negra los estaba esperando.

Antes de entrar en el coche aparcado, Toby tiro a un contenedor de basura la toalla con las gafas, el panuelo y los guantes grises, empujandolo todo al fondo entre la masa crepitante de vasos de carton y bolsas de plastico. Le repugno el olor que quedo en su mano izquierda. Tenia su maleta y su laud, y el maletin y la mochila de piel con los ordenadores y los telefonos moviles.

No le gusto el aspecto del coche y no queria entrar en el, a pesar de que habia visto muchos parecidos deslizandose por la Quinta Avenida al atardecer, y aparcados junto a las entradas del Carnegie Hall y de la Metropolitan Opera.

Por fin, detras de Alonso se deslizo en el interior y se sento frente a dos hombres jovenes que ocupaban el asiento opuesto de piel negra.

Los dos lo miraban con una curiosidad indisimulada. Eran palidos, de cabello rubio, rusos casi con toda seguridad.

Toby casi dejo de respirar como le ocurrio cuando su madre le destrozo el laud. Mantuvo la mano en el bolsillo, sujetando la pistola. Todas las manos estaban a la vista, excepto la de Toby.

Se volvio y miro a Alonso. «Me has traicionado.»

– No, no -dijo el hombre de enfrente, el mayor de los dos, y Alonso sonrio como si acabara de escuchar un aria perfecta. El hombre hablaba como un norteamericano, no como un ruso.

– ?Como lo has hecho? -pregunto el hombre rubio mas joven de los dos. Tambien el era norteamericano. Miro su reloj-. Aun no son las once.

– Tengo hambre -dijo Toby. Seguia empunando con fuerza la pistola en el bolsillo-. Siempre he querido comer en el Russian Tea Room.

Fuera o no a morir, la respuesta hizo que Toby se sintiera muy listo. Ademas era cierto. Si habia de tomar un ultimo almuerzo, queria que fuera en el Russian Tea Room.

El hombre mayor rio.

– Bueno, pero no dispares contra nosotros, hijo -dijo, senalando el bolsillo de Toby-. Seria una estupidez porque vamos a darte mas dinero del que nunca has visto en tu vida. -Solto otra carcajada-. Te daremos mas dinero del que nunca hemosvisto en nuestrasvidas. Y, por supuesto, te llevaremos al Russian Tea Room.

El coche se detuvo. Alonso se apeo.

– ?Por que te vas? -pregunto Toby. Otra vez sintio ese miedo que lo dejaba sin respiracion, y su mano se apreto sobre la pequena pistola hasta casi rasgar la tela del bolsillo.

Alonso se inclino y lo beso. Le sujeto la cabeza y lo beso en los ojos y en los labios, y luego lo solto.

– No me quieren a mi -dijo-. Te quieren a ti. Te he vendido a ellos, pero por tu bien. ?Lo entiendes? Yo no puedo hacer las mismas cosas que tu. No podemos seguir adelante con esto, tu y yo. Te he vendido a ellos para protegerte. Tu eres mi chico. Siempre seras mi chico. Ahora ve con ellos. Te quieren a ti, no a mi. Vete. Yo me llevo a mi madre a Miami.

– Pero ya no tienes que hacerlo -protesto Toby-. Puedes volver a tener la casa. Puedes recuperar el restaurante. Yo cuidare de todo.

Alonso sacudio la cabeza. Toby se sintio estupido de inmediato.

– Hijo, con lo que me pagan, estoy encantado de irme -dijo Alonso-. Mi madre vera Miami y sera feliz. -Volvio a rodear la cara de Toby con las dos manos y lo beso-. Me has traido la suerte. Cada vez que toques esas viejas canciones napolitanas, piensa en mi.

El coche arranco.

Comieron en el Russian Tea Room, y mientras Toby daba cuenta con un apetito voraz del pollo Kiev, el mayor de los dos hombres dijo:

– ?Ves a esos hombres de alli? Son policias de Nueva York. Y el que esta con ellos es del FBI.

Toby no miro. Se limito a clavar los ojos en el hombre que hablaba. Todavia tenia la pistola a su alcance, aunque odiaba sentir su peso.

Sabia que podia, si deseaba hacerlo, llevarse por delante a los dos hombres, y probablemente matar a uno de los otros tres antes de que acabaran con el. Pero aun no iba a intentar nada parecido. Ya se presentaria por si mismo un momento mejor.

– Trabajan para nosotros -dijo el hombre mayor-. Nos han estado siguiendo desde que salimos de tu casa. Y nos seguiran despues, cuando salgamos de la ciudad. De modo que relajate. Estamos muy bien protegidos, te lo aseguro.

Y asi fue como Toby se convirtio en un sicario. Asi fue como Toby llego a ser Lucky el Zorro. Pero todavia hay algo mas que resenar, sobre la transicion.

Esa noche, tendido en la cama, en una gran casa de campo a bastantes kilometros de la ciudad, penso en la muchacha que se habia arrodillado y alzado las manos. Penso en como le habia rogado con palabras que no necesitaban traduccion. Su rostro estaba empapado en lagrimas. Penso en como se habia doblado sobre si misma y sacudido la cabeza y apoyado las manos contra el.

Penso en ella despues de que le hubiera disparado, tendida alli, inmovil como su hermano y su hermana en la banera.

Se levanto, se puso sus ropas y el abrigo, con la pistola aun en el bolsillo, y bajo las escaleras de la gran casa, pasando delante de los dos hombres que jugaban a las cartas en la sala de estar. Esta parecia una enorme cueva. Habia muebles sobredorados por todas partes. Y mucha piel de color negro. Parecia uno de esos elegantes clubes privados de una vieja pelicula en blanco y negro. Esperabas ver a caballeros de edad madura atisbandote desde sus sillones de orejas. Pero solo estaban los dos hombres que jugaban a las cartas debajo de una lampara, aunque en el hogar ardia un fuego que iluminaba con alegres reflejos la oscuridad.

Uno de los hombres se puso en pie.

– ?Deseas algo, una bebida tal vez?

– Necesito dar un paseo -dijo Toby.

Nadie lo detuvo.

Salio y camino alrededor de la casa.

Se dio cuenta del aspecto que ofrecian las hojas de los arboles mas proximos a las farolas. Se dio cuenta del brillo del hielo en las ramas desnudas de otros arboles. Observo el tejado de pizarra, alto y empinado, de la casa. Vio el reflejo de la luz en los cristales emplomados en forma de rombo de las ventanas. Una casa del norte, construida para resguardarse de las fuertes nevadas, del largo invierno, una casa como el solo habia visto en el cine, si es que se habia fijado en ellas.

Escucho el sonido de la hierba helada bajo sus pies, y llego hasta una fuente que manaba a pesar del frio, y vio brotar el chorro de agua y caer en forma de una aerea ducha blanca en el estanque agitado a la luz tenue.

La luz venia de un farol colocado ante la puerta cochera. La limusina negra estaba aparcada alli, reluciente bajo el farol. Tambien venia la luz de las lamparas que flanqueaban las numerosas puertas de la casa. Y la luz brotaba de pequenos focos alineados a lo largo de los senderos de grava del jardin. El aire olia a agujas de pino y a lena quemada. Habia un frescor y una nitidez en el aire que no habia conocido en la ciudad. Todo era de una belleza deliberada.

Aquello le recordo un verano en el que fue a pasar las fiestas a una casa a orillas del lago Pontchartrain con dos de los alumnos mas ricos de los jesuitas. Eran chicos simpaticos, mellizos, y le caian muy bien. Jugaban al ajedrez, les gustaba la musica clasica. Destacaban en los deportes de la escuela, hasta el punto de que en la ciudad todo el mundo iba a verlos. Toby habria querido ser amigo de esos dos chicos, pero tenia que guardar el secreto de su vida de familia. Y por esa razon, nunca llego a tener una verdadera amistad con ellos. En el curso superior, apenas se hablaban.

Pero nunca olvido la hermosa casa cerca de Mandeville, con sus hermosos muebles, la madre que hablaba un ingles perfecto, el padre que tenia discos de grandes ejecutantes de laud y habia dejado que Toby los escuchara en una habitacion que llamaba su estudio y estaba forrada por entero de libros.

Esta casa de campo se parecia a aquella casa de Mandeville.

Yo lo observaba. Observaba su rostro y sus ojos, y veia esas imagenes en su memoria y en su corazon.

Es verdad que los angeles no comprendemos los corazones humanos. Es muy cierto. Lloramos a la vista del

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