– ?Como has llegado a todo esto? -le pregunto el hombre. De nuevo hizo un pequeno gesto con las manos abiertas. Se encogio de hombros-. ?Como conseguiste hacer las cosas que hiciste?
Yo conocia la respuesta. Conozco todas las respuestas. Conocia la euforia que sentia Toby; sabia cuanto desconfiaba de aquel hombre, y como se deleitaba en el reto que suponia llevar a cabo lo que el hombre le pedia y luego tratar de seguir con vida. Despues de todo, ?por que no habia de matarlo aquel hombre despues de haber hecho el trabajo para el? ?Por que no, en efecto?
Una idea azarosa se apodero de Toby. No era la primera vez que le ocurria desear estar muerto. Asi pues, ?que importancia tenia que ese hombre lo matara? Ese hombre no seria cruel. Seria rapido, y luego la vida de Toby O’Dare habria desaparecido, penso. Intento imaginar, como les ocurre a innumerables seres humanos, lo que significa ser aniquilado. La desesperacion se apodero de el como si fuera la cuerda mas baja que pellizcaba de su laud, y su reverberacion siguio sonando sin fin.
La cruda excitacion del trabajo inminente era el unico contrapeso, y el fuerte temblor de la cuerda en su oido le presto lo que suele considerarse valor.
El hombre parecia accesible. Pero la verdad es que Toby no confiaba en nadie. A pesar de todo, valia la pena probar. El hombre era educado, desenvuelto, cortes. A su manera, era un hombre muy seductor. Su calma era fascinante. Alonso nunca habia tenido esa calma. Toby pretendia alcanzarla. Pero en realidad no conocia su significado.
– Si nunca me traicionas -dijo Toby-, hare cualquier cosa por ti, absolutamente cualquier cosa. Cosas que otros no pueden hacer. -Recordo a la muchacha que sollozaba, que rogaba, recordo la forma en que extendio los brazos, mostrando las palmas como para rechazarlo-. En serio, hare absolutamente cualquier cosa. Pero llegara el momento en que no querras seguir viendome a tu alrededor.
– O no -dijo el hombre-. Tu me sobreviviras. Es indispensable que confies en mi. ?Sabes lo que significa «indispensable»?
Toby asintio.
– Absolutamente -dijo-. Y de momento no creo tener muchas opciones de modo que si, confio en ti.
El hombre se quedo pensativo.
– Podrias ir a Nueva York, hacer el trabajo y largarte -dijo el hombre.
– ?Y quedarme sin la paga? -argumento Toby.
– Podrias quedarte con la mitad que recibiras por adelantado, y sencillamente desaparecer.
– ?Es eso lo que quieres que haga?
– No -dijo el hombre. Siguio pensando.
»Podria quererte -dijo el hombre entre dientes-. Lo digo en serio. Oh, no es que quiera que seas mi amante, ?sabes?, no es eso lo que quiero decir. Nada de ese estilo. Aunque a mi edad, no me importa mucho que sea chico o chica, ?sabes? No, si son jovenes y fragantes y tiernos y hermosos. Pero no me refiero a eso. Quiero decir que puedo quererte. Porque hay algo hermoso en ti, en tu modo de mirar y de hablar y en la forma en que te desplazas por una habitacion.
?Exacto! Eso era lo que estaba yo pensando. Y ahora comprendia lo que dicen que los angeles no podemos comprender acerca de sus dos corazones, de los corazones de los dos.
Pense en el padre de Toby y en que solia llamarlo «Cara Bonita» y provocarlo. Pense en el miedo y en la quiebra total de su amor. Pense en la forma en que la belleza de la tierra sobrevive a pesar de las espinas y las deformaciones que continuamente tratan de agredirla. Pero mis pensamientos eran solo un trasfondo. Lo importante era lo que ocurria en escena.
– Quiero parar los pies a esos rusos -dijo el hombre, la mirada perdida, pensativo, el dedo doblado un instante bajo el labio-. Nunca conte con esos rusos. Nadie lo hizo. Ni siquiera se me ocurrio que hubiera nada parecido a esos rusos. Quiero decir que no pense que operarian en tantos niveles. No te puedes imaginar las cosas que hacen, las estafas, los fraudes. Retuercen el sistema legal de todas las maneras concebibles. Es lo que hicieron en la Union Sovietica. De eso viven. No tienen un concepto de lo que esta mal.
»Y aparecen esos chapuceros, los primos terceros de alguien, y se les antoja la casa de Alonso y su restaurante. -Hizo una mueca de disgusto y sacudio la cabeza-. Es estupido.
Suspiro. Miro el portatil abierto sobre la mesita situada a su derecha. Toby no lo habia advertido antes. Era el portatil que le robo al abogado.
– Tu los mantendras a raya para mi, una y otra vez -dijo el hombre-, y yo te querre mas aun de lo que te quiero ahora. Nunca te traicionare. Dentro de unos dias comprenderas que nunca traiciono a nadie, y que por eso soy…, bueno, soy el que soy.
Toby asintio.
– Creo que ya lo he comprendido -dijo-. ?Que hay del laud?
– Conozco a gente, desde luego -contesto el hombre con un gesto de conformidad-. Vere lo que hay en el mercado. Te lo conseguire. Pero no podra ser el mejor. El mejor laud seria demasiado llamativo. Daria que hablar. Dejaria un rastro.
– Se lo que significa esa palabra -dijo Toby.
– Los buenos laudes se alquilan a solistas jovenes, no creo que nunca se vendan en realidad. Solo hay unos cuantos en el mundo entero.
– Comprendo -dijo Toby-. Yo no soy tan bueno. Solo quiero tocar uno que este bien.
– Te conseguire el mejor que pueda comprar sin crearme problemas -dijo el hombre-. Solo has de prometerme una cosa.
Toby sonrio.
– Desde luego. Tocare para ti. Siempre que quieras.
El hombre se echo a reir.
– Dime de donde vienes -insistio-. De verdad, quiero saberlo. Puedo situar a la gente asi -chasco los dedos-, por su forma de hablar, por muchos estudios que hayan hecho despues, por mucho barniz que lleven encima. Pero no consigo localizar tu acento. Dimelo.
– No te lo dire nunca -dijo Toby.
– ?Ni siquiera si te digo que ahora trabajas para los Chicos Buenos, hijo?
– Eso no importa -dijo Toby. Un asesinato es siempre un asesinato. Casi sonrio-. Puedes pensar que no vengo de ninguna parte. Que soy tan solo alguien que ha brotado de la nada en el tiempo oportuno.
Me quede atonito. Era precisamente lo que yo estaba pensando. Es alguien que ha brotado de la nada en el Tiempo oportuno.
– Y una cosa mas -dijo Toby al hombre.
El hombre sonrio y abrio las manos.
– Pide.
– El nombre de la pieza musical que acaba de sonar. Quiero un ejemplar.
El hombre rio.
– Eso es muy facil -dijo-. La consagracion de la primavera, de Igor Stravinsky.
El hombre miro radiante a Toby, como si hubiera encontrado algo de un valor inmenso. Lo mismo me ocurria a mi.
Hacia el mediodia del dia siguiente Toby dormia profundamente y sonaba con su madre. Sonaba que ella y el caminaban por una hermosa casa de techos abovedados. Y el le contaba lo importante que iba a ser, y que su hermanita iria a las Hermanas del Sagrado Corazon. Jacob estudiaria en los jesuitas.
Solo que habia algo equivoco en aquella casa espectacular. Se convirtio en un laberinto, imposible de abarcar como una vivienda en su conjunto. Las paredes se alzaban como riscos, los suelos se ladeaban. Habia un gigantesco reloj negro del abuelo en la sala de estar, y frente a el la imagen del Papa, como si colgara de una horca.
Toby desperto, solo, y por un instante asustado e inseguro de donde se encontraba. Luego empezo a llorar. Intento reprimirse, pero su llanto era incontrolable. Se volvio boca abajo y enterro la cara en la almohada.
Vio de nuevo a la chica. La vio tendida, muerta con su pequeno top blanco de seda y sus ridiculos zapatos de tacon alto, como una nina jugando a vestirse de persona mayor. Tenia cintas en su largo cabello rubio.
Su angel de la guarda poso una mano en la cabeza de Toby. Su angel de la guarda le hizo ver algo. Le dejo ver el alma de la muchacha elevandose, manteniendo la forma del cuerpo por habito y por la ignorancia de que ahora no estaba sujeta a esos limites.
