pecado, a la vista del sufrimiento. Pero no poseemos corazones humanos. Sin embargo, los teologos que anotan observaciones como esa no tienen en consideracion el poder de nuestra inteligencia. Podemos poner en relacion un numero infinito de gestos, expresiones, cambios en la respiracion y movimientos, y deducir de todo ello conclusiones profundamente conmovedoras. Somos capaces de conocer la pena.

Yo me forme mi concepto de Toby mientras lo hacia, y escuche la musica que oia el en aquella remota casa de Mandeville, una antigua grabacion de un tanedor de laud judio que interpretaba temas de Dowland. Y observe a Toby de pie bajo los pinos hasta casi helarse de frio.

Toby regreso despacio a la casa. No podia dormir. La noche no tenia el menor significado para el.

Luego ocurrio una cosa extrana cuando se aproximo a las paredes de piedra cubiertas de hiedra, algo totalmente inesperado. Del interior de la casa le llego una musica sutil y estremecedora. Seguramente una ventana quedo abierta a pesar del frio y le permitio escuchar un fragmento de tanta ternura, de una belleza tan sutil. Supo que era un fagot o un clarinete. No estaba seguro. Pero venia de la ventana situada delante de el, alta, de cristales emplomados y abierta al frio exterior. De ahi venia la musica: una larga nota gravida, y luego una melodia meditativa.

Se acerco mas.

Era el sonido del despertar de algo, pero luego a la melodia de los vientos se unieron otras voces, asperas como el sonido de una orquesta al afinar los instrumentos, pero unidas en una rigida disciplina. Luego la orquesta callo y emergieron de nuevo los vientos, y de nuevo una extrana urgencia volvio a henchir las voces de la orquesta mientras los vientos se remontaban con un tono mas agudo y penetrante.

Se quedo quieto junto a la ventana.

De pronto la musica enloquecio. Atacaron los violines, y la percusion resono como una locomotora lanzada en la noche. El casi se llevo las manos a los oidos, tan feroz era aquel sonido. Los instrumentos gimieron. Lloraron. Parecia la locura, el chillido de las trompetas, el vertiginoso torrente de las cuerdas, el batir de los timbales.

No pudo ya identificar lo que estaba oyendo. Por fin el trueno se apago. Emergio de el una melodia mas suave, apoyada en una sensacion de paz, en transcripciones musicales de soledad y de despertares.

El estaba ahora recostado en el pretil de la ventana, la cabeza inclinada, los dedos en las sienes, como para detener a cualquiera que se interpusiera entre la musica y el.

Aunque empezaron a entrelazarse al azar melodias mas suaves, por debajo de ellas palpitaba una urgencia oscura. De nuevo aumento el volumen de la musica. El volumen de los vientos crecio hasta un punto casi insoportable. El tono se hizo inquietante.

De pronto toda la composicion parecia prenada de amenazas, el preludio y reconocimiento de la vida que el habia vivido. No puedes confiar en los repentinos remansos de ternura y quietud, porque la violencia volvera a irrumpir con un redoble de tambores y gritos de violines.

Una y otra vez la melodia se apagaba hasta una quietud casi perfecta y luego se producia una nueva erupcion de violencia industrial tan fiera y oscura que lo paralizaba.

Entonces tuvo lugar la transformacion mas extrana. La musica dejo de ser un asalto. Se convirtioen la sabia orquestacion de su propia vida, de sus sufrimientos, de su sentimiento de culpa y su terror.

Era como si alguien hubiera arrojado una red envolvente sobre todo lo que el habia llegado a ser, sobre como habia destruido todas las cosas que tenia como sagradas.

Apreto la frente contra el cristal exterior helado de la ventana abierta.

El estruendo orquestado se le hizo insoportable, y cuando creyo que no podia resistirlo mas, cuando casi se estaba ya tapando los oidos, ceso de pronto.

Abrio los ojos. En el interior de la habitacion en penumbra, iluminada solo por el fuego de la chimenea, habia un hombre sentado en un gran sillon de piel, mirandolo. El reflejo del fuego centelleaba en el borde plateado de las gafas cuadradas de aquel hombre, y en su cabello blanco muy corto, y en la sonrisa de su boca.

Hizo a Toby una sena con un languido movimiento de su mano derecha, para que fuera hacia la puerta principal, y con la izquierda me hizo a mi el gesto de que entrara.

El hombre que estaba en la puerta principal dijo:

– El jefe quiere verte ahora, chico.

Toby recorrio una serie de habitaciones decoradas con dorados y terciopelos, con pesados cortinajes. Las cortinas estaban sujetas con cuerdas de flecos dorados. Dos fuegos estaban encendidos, uno en lo que parecia ser una gran biblioteca, y justo a continuacion habia una habitacion con vidrios pintados de blanco y una pequena piscina humeante en el centro, de aguas azules.

En la biblioteca, y no podia ser otra cosa con todos sus estantes abarrotados de libros, estaba sentado «el jefe» tal como Toby lo habia visto desde la ventana, en su sillon de respaldo alto tapizado en cuero.

Todo lo que habia en la habitacion era exquisito. El escritorio era negro, de madera tallada. Habia una vitrina de libros a la izquierda del hombre con figuras talladas a ambos lados de las puertas. Las figuras intrigaron a Toby.

Todo aquello parecia aleman, como si el mobiliario procediera directamente de Europa, del Renacimiento aleman.

La alfombra habia sido tejida para aquella habitacion, un mar inmenso de flores oscuras enmarcadas por el oro que relucia en las paredes y las altas repisas brunidas. Toby nunca habia visto una alfombra hecha a proposito para una habitacion, recortada alrededor de las semicolumnas que flanqueaban las dobles puertas o de los bordes salientes de la base de las ventanas.

– Sientate y hablemos, hijo -dijo el hombre.

Toby tomo asiento en el sillon de cuero situado enfrente, pero no dijo nada. Nada podia salir de su boca. La musica sonaba aun en sus oidos.

– Voy a decirte exactamente lo que quiero que hagas -dijo el hombre. Y entonces lo explico.

Muy estudiado, si, pero un desafio casi imposible, aunque elegante.

– ?Pistolas? Las pistolas son chapuceras -dijo el hombre-. Esto es mas sencillo, pero solo tienes una oportunidad. -Suspiro-. Clavas la aguja en la base del cuello, o en la mano, y sigues andando. Sabes como hacerlo, sigues andando con la mirada al frente como si no hubieras llegado a rozar siquiera a ese tipo. La gente estara comiendo y bebiendo, descuidada. Creen que los hombres de fuera impediran la entrada de los pistoleros a los que temen. ?Vacilas? Entonces tu oportunidad desaparece, y si te atrapan con esa aguja…

– No me atraparan -dijo Toby-. No parezco peligroso.

– ?Es verdad! -dijo el hombre. Abrio las manos, como sorprendido-. Eres un chico guapo. No puedo localizar tu acento. Me parece que no eres de Boston. De Nueva York, tampoco. ?De donde vienes?

Aquello no sorprendio a Toby. Muchos descendientes de irlandeses y alemanes que vivian en Nueva Orleans tenian acentos que nadie podia adivinar. Y Toby habia cultivado el acento de los ricos de la parte alta, cosa que aumentaba aun mas la confusion.

– Pareces ingles, aleman, suizo, estadounidense -dijo el hombre-. Eres alto. Y eres joven, y tienes los ojos mas frios que jamas he visto.

– Quieres decir que me parezco a ti -dijo Toby.

El hombre parecio de nuevo sorprendido, pero luego sonrio.

– Supongo que si. Pero yo tengo sesenta y siete anos, y tu no llegas a los veintiuno. ?Por que no sueltas esa pistola y hablas conmigo?

– Puedo hacer todo lo que me pidas -dijo Toby-. Estoy impaciente por hacerlo.

– ?Lo entiendes?, no hay mas que una oportunidad. -Toby asintio-. Si lo haces bien, ni se dara cuenta. Tardara por lo menos veinte minutos en morir. En ese tiempo, tu estaras ya fuera del restaurante, caminando a paso normal. Sigues caminando como si nada, y te recogeremos.

Toby se sentia de nuevo poderosamente excitado. Pero no cedio a ese sentimiento. La musica no habia parado en su cabeza. Aun escuchaba el primer acorde mayor de cuerdas y timbales.

Yo supe al verlo, lo excitado que estaba. Pude verlo en su respiracion y en el calor de su mirada, que posiblemente el hombre no advirtio. Durante un momento Toby se parecio a Toby, inocente, lleno de planes.

– ?Que quieres por todo esto, ademas de dinero? -pregunto el hombre.

Ahora fue Toby el que se sobresalto. Y hubo un cambio radical en su rostro. El hombre se dio cuenta de la sangre que coloreo las mejillas de Toby, del brillo de su mirada.

– Mas trabajo -dijo Toby-. Montones de trabajo. Y el mejor laud que puedas comprar.

El hombre lo estudio.

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