nadie mas que con Alonso, al no fiarse de nadie del mismo modo que no se habia fiado de nadie de adolescente.
Llego el amanecer.
Toby se ducho y se tino de negro el pelo.
Su patron dormia vestido en la cama de Toby.
Toby se puso un elegante traje italiano que Alonso le habia comprado, y luego anadio otros detalles que lo hacian por completo irreconocible.
La pieza bucal de plastico cambiaba la forma de la boca. El grueso marco de las gafas de sol daba a su rostro una expresion distinta. Los guantes de color gris perla eran hermosos. Se envolvio el cuello en el fular amarillo. Se puso su unico abrigo de casimir negro.
Relleno los zapatos de forma que parecia un poco mas alto de lo que era en realidad. Coloco las dos armas automaticas en su maletin, y la pistola pequena en el bolsillo.
Examino la mochila de su patron. Era de piel negra, muy elegante. De modo que se la echo al hombro.
Llego a la casa antes del amanecer. Una mujer que nunca habia visto antes abrio la puerta principal. Le sonrio y lo invito a entrar. No habia nadie mas a la vista.
Saco el arma automatica del maletin y disparo sobre ella, y disparo a los hombres que venian corriendo hacia el por el vestibulo. Disparo a la gente que bajaba las escaleras a la carrera. Disparo a las personas que parecian correr directamente hacia el canon de su arma, como si no creyeran en lo que estaba ocurriendo.
Oyo gritos en el piso alto y subio, pasando por encima de un cuerpo tras otro, y disparo contra las puertas, abriendo grandes agujeros en ellas, hasta que todo quedo en silencio.
Se quedo quieto en el extremo del vestibulo y espero. Aparecio un hombre que se movia con cautela, con un arma visible en la mano y otra al hombro. Toby le disparo de inmediato.
Pasaron veinte minutos. Tal vez mas. Nada se movia en la casa. Despacio, recorrio una por una todas las habitaciones. Todos muertos.
Recogio todos los telefonos moviles que encontro, y los guardo en la mochila de piel. Encontro un ordenador portatil, y lo cerro y tambien lo guardo, a pesar de que era un poco mas pesado de lo que habria deseado. Corto los cables del ordenador de mesa, y la linea telefonica.
Cuando ya se marchaba, oyo los gemidos de alguien que hablaba en voz baja en tono patetico. Abrio de una patada la puerta y vio a una mujer muy joven, rubia con los labios pintados de rojo, acurrucada sobre sus rodillas y con un movil en la oreja. Dejo caer el telefono aterrorizada, al verlo. Sacudio la cabeza y le rogo en una lengua que el no consiguio entender.
La mato. Cayo al instante y quedo alli tendida como habia estado su madre sobre el colchon ensangrentado. Muerta.
Recogio su telefono. Una voz bronca pregunto:
– ?Que esta ocurriendo?
– Nada -contesto en un susurro-. Se ha vuelto loca.
Corto la comunicacion de golpe. La sangre circulaba veloz por sus venas. Se sintio poderoso.
Ahora recorrio de nuevo muy deprisa todas las habitaciones. Encontro a un hombre herido, gimiendo, y le disparo. Encontro a una mujer sangrante y moribunda, y tambien la remato. Recogio mas telefonos. La mochila estaba llena.
Luego salio, recorrio a pie varias manzanas y tomo un taxi que lo llevo a la parte alta, a la oficina del abogado que habia gestionado la transmision de la propiedad.
Simulando una ligera cojera al caminar y resoplando como si el maletin pesara demasiado y la mochila al hombro lo abrumara, entro en la oficina.
La recepcionista acababa de abrir las puertas, y le explico sonriente que su jefe aun no habia llegado, pero solo tardaria unos minutos. Comento que el panuelo amarillo que llevaba al cuello era bonito.
El se dejo caer en el sofa de cuero y, despues de quitarse cuidadosamente un guante, se seco la frente como si le acuciara un fuerte dolor. Ella lo miro con ternura.
– Hermosas manos -dijo-, como las de un musico.
El se echo a reir entre dientes. En un susurro, dijo:
– Todo lo que deseo es volver a Suiza.
Se sentia muy excitado. Sabia que ceceaba al hablar debido a la placa bucal de plastico. Eso le hizo reir, pero solo para si mismo. Nunca se habia sentido tentado de ese modo en toda su vida. Penso durante una fraccion de segundo que ahora entendia la vieja expresion sobre «la seduccion del mal».
Ella le ofrecio un cafe. El volvio a ponerse el guante. Dijo:
– No, me tendria despierto en el avion. Quiero dormir al atravesar el Atlantico.
– No consigo reconocer su acento. ?De donde es?
– Suizo -susurro, ceceando sin esforzarse por el artilugio que tenia en la boca-. Estoy impaciente por volver a casa. Odio esta ciudad.
Un ruido subito que venia de la calle le sobresalto. Era el conductor de una grua que empezaba la jornada en una obra vecina. El ruido se repitio, y hacia temblar toda la oficina.
El hizo una mueca de dolor, y ella le expreso cuanto sentia que hubiese de soportar todo esto.
Llego el abogado.
Toby se puso en pie, desplegando toda su imponente estatura, y dijo con el mismo susurro ceceante:
– Vengo por una cuestion importante.
El hombre se sintio impresionado de inmediato, e invito a Toby a entrar en su despacho.
– Mire, me muevo tan deprisa como puedo -dijo el hombre-, pero ese viejo italiano esta loco. Y es tozudo. Su patron pide milagros. -Revolvio unos papeles que habia sobre su escritorio-. He encontrado esto. Se ha instalado en un edificio remodelado a pocas manzanas del restaurante, un sitio que vale millones.
Otra vez estuvo Toby a punto de echarse a reir, y se reprimio. Tomo los papeles que le tendia el hombre, miro la direccion, que era la de su hotel, y guardo todo en su maletin.
El abogado estaba petrificado.
Llegaban del exterior un estruendo metalico y fuertes golpes que repercutian en temblores, como si se arrojaran a la calle los escombros de un edificio demolido. Toby vio una gran grua pintada de blanco al mirar por la ventana.
– Llame al banco ahora -susurro Toby, en lucha con su ceceo-. Y sabra de lo que he venido a hablar.
De nuevo rio para si mismo, y el hombre percibio su sonrisa y de inmediato marco un numero en su telefono movil.
– Se han creido ustedes que soy una especie de Einstein -mascullo el abogado. Luego su expresion cambio: el hombre del banco habia contestado.
Toby le quito de las manos al abogado el telefono movil, y dijo al aparato:
– Quiero verle. Quiero verle fuera del banco. Quiero que me este esperando.
Al otro lado de la linea, el hombre accedio de inmediato. El numero de la ventanilla digital del telefono era el mismo que el de una de las tarjetas que llevaba Toby en el bolsillo. Toby cerro el movil y lo guardo en su maletin.
– ?Que esta haciendo? -pregunto el abogado.
Toby sintio que tenia un poder absoluto sobre aquel hombre. Se sintio invencible. Alguna reminiscencia perdida de las novelas leidas le impulso a decir:
– Eres un mentiroso y un ladron.
Saco la pistola pequena del bolsillo y disparo. El ruido quedo ahogado por los golpes y traqueteos de la calle.
Miro el ordenador portatil que habia sobre el escritorio. No podia dejarlo ahi. Torpemente lo embutio en la mochila con todo lo demas.
Iba sobrecargado, pero era fuerte y tenia unas espaldas anchas.
Rio de nuevo entre dientes mientras miraba al hombre muerto. Se sintio magnificamente. Se sintio de maravilla. Se sintio como cuando se imaginaba a si mismo tocando el laud en un escenario de fama mundial. Solo que esto era mejor.
Sintio un delicioso mareo, parecido al que percibio la primera vez que imagino todas estas cosas, estas piezas y fragmentos de cosas que habia visto en las series de crimenes televisivos y leido en las novelas, y se forzo a si
