desaparecian bajo una capa tras otra de nubes opacas. Luego distingui formas mas pequenas, a medida que nos aproximabamos.

La musica habia desaparecido ahora casi por completo, y el coro de plegarias era el sonido que atronaba en mis oidos.

Durante una fraccion de segundo me hice una multitud de preguntas, pero de inmediato quedaron contestadas. Nos acercabamos a la Tierra…, pero en una epoca distinta.

– Recuerda -dijo Malaquias en voz baja a mi oido- que el Creador conoce todas las cosas, todo lo pasado y lo presente, todo lo que ha sucedido y sucedera, y tambien lo que podria haber sucedido. Recuerda que no hay pasado ni futuro donde esta el Creador, sino solo un vasto presente de todos los seres vivos.

Yo estaba plenamente convencido de la verdad de sus palabras, y absorto en ello, y de nuevo me senti henchido de una inmensa gratitud, una gratitud tan abrumadora que empequenecia cualquier emocion que nunca hubiera experimentado de forma consciente. Estaba viajando con Malaquias a traves del Tiempo del Angel y de regreso al Tiempo Natural, y me sentia a salvo porque era el quien me sostenia.

La miriada de chispas de luz que se movian a gran velocidad iba ahora adelgazandose o desvaneciendose ante mi vista. Debajo mismo de nosotros, en un borboton de rezos susurrantes y freneticos, vi un gran grupo de tejados cubiertos de nieve y de chimeneas que arrojaban al aire su humo enrojecido.

Llego a mi olfato el delicioso olor de los fuegos de lena. Las oraciones tenian distintas palabras e intensidades variables, pero no consegui comprender lo que decian.

Senti que todo mi cuerpo adquiria forma de nuevo, cuando aquel susurro me envolvio, y tambien me di cuenta de que mis viejos vestidos habian desaparecido. Ahora llevaba algo que parecia ser de lana gruesa.

Pero no me preocupe de mi mismo ni de como iba vestido. Estaba demasiado intrigado por lo que veia abajo.

Crei ver un rio que fluia entre las casas, una cinta de plata en la oscuridad, y la forma vaga de lo que debia de ser una catedral muy grande, con su inevitable forma de cruz. Sobre una altura se asentaba lo que debia de ser un castillo. Y todo el resto eran tejados apinados, algunos completamente tapizados de blanco y otros tan empinados que la nieve habia resbalado en algunas partes.

De hecho la nieve caia, con una blandura deliciosa que pude oir.

Mas y mas fuerte llegaba hasta mi el gran coro de susurros superpuestos unos a otros.

– Estan rezando, y estan asustados -dije en voz alta, y oi mi voz muy inmediata y proxima a mi mismo, como si yo no estuviera en el amplio espacio del cielo. Senti un frio intenso. El aire me envolvio. Senti la nieve en la cara y las manos. Quise con desesperacion oir por ultima vez la musica perdida, y para mi asombro la oi resonar como un eco poderoso, que enseguida se extinguio.

Quise llorar de gratitud por aquello, pero tenia que descubrir lo que habia venido a hacer. Yo no merecia oir aquella musica. Y me aferre a la idea de que podia hacer alguna cosa buena en este mundo, mientras me esforzaba por reprimir las lagrimas.

– Estan rezando por Meir y Fluria -dijo Malaquias-. Ruegan por toda la juderia de la ciudad. Tu seras la respuesta a sus rezos.

– Pero ?como, que hare?

Me costaba pronunciar las palabras, pero ahora estabamos muy cerca de los tejados y podia distinguir los callejones y las calles que rodeaban la plaza, y la nieve que cubria las torres del castillo, y la cubierta de la catedral que relucia como si la luz de las estrellas brillara a traves de la nevada, y empequenecia todo el resto de aquella pequena ciudad.

– Anochece en la ciudad de Norwich -dijo Malaquias, y su voz intima y perfecta no se vio alterada por nuestro descenso ni por los rezos que llegaban a mis oidos-. Las representaciones navidenas han concluido hace unos instantes, y empieza un tiempo de dificultades para la juderia.

No tuve que pedirle mas explicaciones. Conocia la voz «juderia», que en este caso designaba a los habitantes judios de Norwich y el pequeno barrio separado donde vivia la mayor parte de ellos.

Nuestro descenso se habia hecho mas rapido. Vi el rio, y por un momento me parecio ver los rezos mismos que se elevaban, pero el cielo se oscurecia, los techos de las casas se alzaban como fantasmas debajo de mi, y de nuevo senti la caricia humeda de la nieve que caia.

Nos encontrabamos ahora en el interior de la ciudad misma, y mis pies entraron suavemente en contacto con tierra firme. Estabamos rodeados de casas construidas en parte de madera, peligrosamente inclinadas, que parecian a punto de derrumbarse sobre nosotros en cualquier momento. En algunas ventanas estrechas y gruesas se veia la debil claridad de una luz encendida.

Solo pequenos copos de nieve revoloteaban en el aire frio.

Me mire a mi mismo a aquella luz mortecina y vi que iba vestido de monje, y reconoci el habito de inmediato. Llevaba la tunica blanca, el largo escapulario tambien blanco y el manto negro con la capucha de un dominico. Cenia mi cintura la familiar soga nudosa, pero la tira de tela blanca del escapulario la ocultaba. De mi hombro izquierdo colgaba una bolsa de piel para libros. Yo estaba atonito.

Me lleve las manos a la cabeza, inquieto, y descubri que habia sido tonsurada, y llevaba el area circular rasurada y el borde anular de cabellos cortos caracteristicos de los monjes de aquella epoca.

– Has hecho de mi lo que siempre quise ser -dije-. Un fraile dominico.

Sentia tal excitacion que apenas podia contenerme. Quise saber lo que llevaba en la bolsa de piel.

– Ahora escucha -dijo, y aunque no pude verlo, su voz desperto ecos en las paredes. Pareciamos perdidos entre las sombras. De hecho, el no era visible en absoluto. Yo estaba solo.

Pude oir voces airadas en la noche, no muy lejos. Y el coro de plegarias se habia extinguido.

– Estoy a tu lado -dijo. Durante un instante el panico me domino, pero entonces senti la presion de su mano en la mia-. Escuchame. Lo que oyes es un tumulto en la calle vecina, y el tiempo apremia. El rey Enrique de Winchester se sienta en el trono ingles -explico-. Y tu mismo te daras cuenta de que estamos en el ano 1257, pero ninguno de esos datos te sera de interes aqui. Conoces la epoca como tal vez ningun humano de tu propio siglo, y la conoces como ella misma no puede conocerse. Meir y Fluria quedan a tu cargo, y toda la juderia esta rezando porque Meir y Fluria corren grave peligro, y como puedes comprender por ti mismo, ese peligro podria extenderse a toda la pequena comunidad judia de esta ciudad. El peligro podria llegar incluso a Londres.

Yo estaba totalmente fascinado, y sentia una excitacion desconocida para mi en mi vida natural. Y si que conocia aquella epoca y el peligro que habia acechado a los judios de Inglaterra en todas partes.

Tambien me estaba quedando helado.

Mire hacia abajo y vi que llevaba zapatos con hebillas. Mis piernas estaban cubiertas por medias de lana. Gracias a Dios no era un franciscano, obligado a llevar sandalias en los pies desnudos, pense, y entonces me senti avergonzado de mi frivolidad. Tenia que dejar de desbarrar, y concentrarme en lo que debia hacer.

– Exactamente -oi la voz intima de Malaquias-. Pero ?te dara satisfaccion lo que has venido a hacer aqui? Si, te la dara. No hay ningun angel de Dios que no sienta alegria cuando ayuda a los humanos. Y ahora tu trabajas para nosotros. Eres nuestro hijo.

– ?Puede verme esa gente?

– Con toda claridad. Te veran y te escucharan, y tu los comprenderas y ellos te comprenderan a ti. Sabras cuando estas hablando en frances o ingles o hebreo, y cuando ellos te hablan en esas lenguas. Cosas asi resultan faciles para nosotros.

– Pero ?y tu?

– Yo estare siempre contigo, ya te lo he dicho -dijo-. Pero solo tu me veras y me oiras. No intentes hablar conmigo con los labios. Y no me llames a menos que te veas obligado a hacerlo.

»Ahora ve a ese tumulto, y metete en medio de todos, porque esta degenerando en algo que no deberia ser. Eres un monje viajero y has venido desde Italia, cruzando Francia, hasta Inglaterra. Eres el hermano Tobias, lo cual te sera bastante facil de recordar.

Yo estaba mas impaciente por hacerlo de lo que podia expresar.

– ?Que mas necesito saber?

– Confia en tus dones -dijo-. Los dones por los que te he elegido. Hablas bien, incluso con elocuencia, y tienes una gran confianza cuando desempenas un papel con un proposito determinado. Confia en el Creador y confia en mi.

Oi que las voces subian de tono en la calle vecina. Sono una campana.

– Debe de ser el toque de queda -dije rapidamente. Mis pensamientos se agolpaban. Lo que sabia de aquel

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