colgaron, pero despues de haberlo llevado a rastras por toda la ciudad amarrado a la cola de un caballo.
Me estremeci.
– Muchos judios fueron llevados a Londres y encarcelados. Muchos judios fueron juzgados. Murieron muchos judios. Y todo por la fantastica historia de un nino atormentado, y ahora ese mismo nino esta enterrado en una capilla tal vez mas gloriosa que la del pequeno san Guillermo que tuvo el honor de ser el protagonista de una historia parecida muchos anos antes. El pequeno Hugo ha levantado a toda Inglaterra contra nosotros. La gente comun ha plasmado esa historia en canciones.
– ?No hay un lugar en este mundo seguro para vosotros? -pregunte.
– Lo mismo me pregunto yo -respondio-. Me encontraba en Paris con mi padre cuando Meir me pidio en matrimonio. Norwich siempre habia sido una buena comunidad, y habia sobrevivido largo tiempo a la leyenda del pequeno san Guillermo, y Meir habia heredado aqui la fortuna de su tio.
– Comprendo.
– En Paris tambien quemaron nuestros libros sagrados. Y lo que no se quemo, fue entregado a los franciscanos y a los dominicos…
Hizo una pausa y miro de reojo mi habito.
– Sigue, te lo ruego -dije-. No pienses ni por un momento que estoy en contra de vosotros. Se que hombres de las dos ordenes han estudiado el Talmud. -Desee poder recordar algo mas de las cosas que habia leido-. Cuentame, ?que mas ocurrio?
– Sabeis que el gran gobernante, Su Majestad el rey Luis, nos detesta y nos persigue, y que confisco nuestras propiedades para financiar su cruzada.
– Si, lo se -dije-. Las cruzadas esquilmaron a los judios ciudad tras ciudad y en un pais tras otro.
– Pero en Paris nuestros estudiosos, incluida mi propia familia, lucharon por el Talmud cuando nos lo quitaron. Apelaron al mismo papa, y el papa accedio a que el Talmud fuera sometido a juicio. Nuestra historia no se limita a persecuciones interminables. Tenemos nuestros estudiosos. Tenemos nuestros buenos momentos. Por lo menos en Paris, nuestros maestros hablaron con elocuencia de nuestros libros sagrados, de su bondad en general y de que el Talmud no supone ninguna amenaza para los cristianos que entren en contacto con nosotros. Pero el juicio fue inutil. ?Como pueden nuestros hombres doctos estudiar cuando se les arrebatan sus libros? Y sin embargo, en nuestra epoca son muchos los que desean aprender el hebreo en Oxford y en Paris. Vuestros hermanos desean aprender el hebreo. Mi padre siempre se rodeo de estudiantes cristianos…
Se interrumpio. Algo la habia afectado profundamente. Se llevo la mano a la frente, y rompio a llorar tan de subito que me pillo desprevenido.
– Fluria -me apresure a decir, reprimiendo cualquier caricia que ella podia considerar impropia-. Conozco esos juicios y esas tribulaciones. Se que la usura fue prohibida en Paris por el rey Luis y que expulso a quienes no quisieron acatar la ley. Se por que vuestro pueblo se ha dedicado a esa practica y se que ahora se ha asentado en Inglaterra sencillamente por esa razon, porque los judios son considerados utiles en la medida en que prestan dinero a los barones y a la Iglesia. No necesitas defender a vuestro pueblo ante mi. Pero dime: ?que debemos hacer para solucionar la tragedia a la que nos enfrentamos?
Dejo de llorar. Busco entre sus ropas y saco un panuelo de seda con el que se enjugo los ojos con delicadeza.
– Perdonad que me haya dejado llevar de esta manera. No hay ningun lugar seguro para nosotros. Paris no es diferente, a pesar de que haya tantas personas que estudien nuestra antigua lengua. Paris puede ser en ciertos aspectos un lugar donde la vida es mas facil, pero tambien Norwich nos parecio un lugar pacifico, por lo menos para Meir.
– Meir me hablo de un hombre de Paris que podria ayudaros -dije-. Dijo que solo tu puedes decidir si quieres recurrir a el. Y, Fluria, he de confesarte una cosa. Se que tu hija, Lea, ha muerto.
Rompio a llorar de nuevo y volvio la cara de otro lado, cubriendose con el panuelo.
Espere. Alli sentado escuche el crepitar del fuego y le deje tiempo para recuperarse. Luego dije:
– Hace muchos anos, yo perdi a mi hermano y a mi hermana. -Hice una pausa-. Pero no puedo imaginar el dolor de una madre que pierde a un hijo.
– Hermano Tobias, no sabeis ni la mitad del asunto. -Se volvio de nuevo hacia mi, con el panuelo apretujado en la mano. Ahora sus ojos eran calidos y enormes. Aspiro hondo-. He perdido dos hijas. Y por lo que se refiere al hombre de Paris, creo que cruzaria el mar para defenderme. Pero no se que es lo que hara cuando sepa que Lea ha muerto.
– ?No me permitiras que te ayude a tomar esa decision? Si decides que quieres que vaya a Paris a buscar a ese hombre, lo hare. -Me miro con atencion durante largo rato-. No dudes de mi -dije-. Soy un vagabundo, pero creo que es voluntad del Senor que me encuentre aqui. Creo que he sido enviado para ayudaros. Y me arriesgare a cualquier cosa, solo por hacerlo.
Ella siguio examinandome, pensativa. ?Me aceptaria?
– Dices que has perdido a dos hijas. Cuentame lo que ocurrio. Y hablame de ese hombre. Sea lo que sea lo que me digas, no sera utilizado en perjuicio de nadie, sino solo para ayudaros a encontrar una solucion.
– Muy bien -dijo-. Os contare toda la historia, y tal vez en el relato encontremos la decision, porque no nos enfrentamos a una tragedia comun…, y esta tampoco es una historia comun.
9 La confesion de Fluria
– Hace catorce anos, yo era muy joven y muy imprudente, y una traidora a mi fe y a todo lo que me es querido. Estabamos en Oxford entonces, y mi padre daba clases alli a algunos estudiantes. Visitabamos Oxford con frecuencia porque el tenia alumnos alli, estudiantes que querian aprender el hebreo y le pagaban bien las clases.
»Por primera vez, a lo que parece, habia personas que deseaban aprender la antigua lengua. Y salian a la luz mas y mas documentos de tiempos remotos. Mi padre estaba muy solicitado como profesor, y era respetado tanto por los judios como por los gentiles.
»El pensaba que era bueno para los cristianos aprender el hebreo. Discutia con ellos cuestiones de fe, pero siempre en terminos amistosos.
»Lo que no podia saber es que yo habia entregado mi corazon sin reservas a un joven que por entonces estaba terminando sus estudios de Artes en Oxford.
»El tenia casi veintiun anos, y yo solo catorce. Sentia por el una pasion tan grande como para abandonar mi fe, el amor de mi padre y cualquier herencia que pudiera recibir. Y aquel joven tambien me amaba tanto como para abandonar su propia fe si era necesario.
»Fue ese joven quien vino a avisarnos antes de los disturbios de Oxford, y nosotros pasamos el aviso a tantos judios como pudimos, y asi escaparon. De no haber sido por aquel joven, habrian desaparecido muchos mas libros de los que perdimos, y tambien muchos objetos de valor que poseiamos. Mi padre sentia un gran carino por ese joven, por agradecimiento pero tambien en general porque le agradaba su aguda inteligencia.
»Mi padre no tenia hijos varones. Mi madre habia muerto al dar a luz a unos gemelos, ninguno de los cuales sobrevivio.
»Aquel joven se llamaba Godwin, y todo lo que necesitais saber de su padre es que era un conde poderoso, rico, y furioso cuando se entero de que su hijo se habia enamorado de una judia, furioso cuando supo que sus estudios le habian puesto en contacto con una muchacha judia por la que estaba dispuesto a abandonarlo todo.
»Se habia creado un lazo muy profundo entre el conde y Godwin. Godwin no era el primogenito, pero si el favorito de su padre, y el tio de Godwin, que habia muerto sin descendencia, lego a Godwin una fortuna en Francia tan grande por lo menos como la que habia de heredar el hermano mayor, Nigel, de su padre.
»Entonces el padre se vengo de su decepcion en la persona de Godwin.
»Lo envio a Roma para apartarlo de mi y educarlo en el seno de la Iglesia. Amenazo con denunciar la seduccion, como el la llamaba, a menos que yo no volviera a pronunciar el nombre de Godwin y que Godwin partiera de inmediato y jamas volviera a mencionar mi nombre tampoco. Lo cierto es que el conde temia la desgracia que sobrevendria si se llegaba a conocer que Godwin sentia una gran pasion por mi, o si intentabamos
