plan.

»Solo lo admitire ante vos, hermano Tobias, pero senti un alivio total. Y en mi corazon me despedi en silencio de Rosa y en silencio ratifique mi amor por Godwin, y fui a ocupar mi lugar al lado de Meir.

»Ah, ya veis como son las cosas. Ya lo veis. ?Estaba equivocada? ?Tenia razon?

»El Senor del cielo me ha arrebatado a Lea, la hija que seguia conmigo, mi leal, timida y carinosa Lea. Se la ha llevado, mientras en Oxford mi padre se niega incluso a dirigirme la palabra y llora a Rosa, que sigue con vida.

»?Me ha castigado el Senor?

»Sin duda, mi padre se ha enterado de la muerte de Lea. Sin duda, sabe con lo que nos enfrentamos aqui en Norwich y que la ciudad ha convertido la muerte de Lea en una gran causa para condenarnos y posiblemente ejecutarnos, y que el odio de nuestros vecinos gentiles puede desbordarse de nuevo contra toda nuestra comunidad.

»Es un castigo dirigido contra mi, porque permiti que Rosa quedara bajo la custodia del conde y se marchara con el y con Godwin a Paris. Es un castigo, no puedo dejar de creerlo. Y mi padre, mi padre no me dirige una palabra ni me ha escrito una letra desde aquel instante. Ni siquiera ahora.

»Se habria marchado de nuestra casa aquel mismo dia, si Meir no se me hubiese llevado de alli de inmediato, y si Rosa no se hubiese ido la misma noche. Y la pobre Lea, mi dulce Lea, se esforzaba en comprender por que su hermana se iba a Paris, y por que su abuelo se habia encerrado en un silencio que parecia de granito, y se negaba a hablarle incluso a ella.

»Y ahora mi dulce carino, traida a esta ciudad extrana de Norwich y amada por todos los que ponian sus ojos en ella, ha muerto sin remedio, de la pasion iliaca, mientras nosotros nos veiamos incapaces de salvarla, y Dios me ha colocado en este lugar, prisionera, hasta el momento en que en la ciudad estallen los tumultos y todos nosotros seamos destruidos.

»Me pregunto si mi padre no se estara riendo amargamente de nosotros, porque sin duda estamos siendo castigados.

12 El final de la historia de Fluria

Fluria estaba deshecha en llanto cuando acabo de hablar. De nuevo desee abrazarla, pero sabia que era un gesto impropio y que no seria tolerado.

Repeti en voz baja que no podia imaginar su dolor al perder a Lea, y solo el silencio era capaz de rendir el adecuado homenaje a su corazon.

– No creo que el Senor se haya llevado a la nina para castigar a nadie por alguna cosa -dije-. Pero ?que se yo de los caminos del Senor? Creo que hiciste lo que creiste correcto al dejar marchar a Rosa a Paris. Y Lea murio debido a circunstancias por las que cualquier nino puede morir.

Se calmo un poco cuando le hable asi. Estaba cansada, y tal vez fue su agotamiento mas que cualquier otra cosa lo que la apaciguo.

Se levanto de la mesa, fue hasta la estrecha aspillera que servia de ventana y parecio mirar la nieve que caia en el exterior.

Yo me puse de pie y me coloque detras de ella.

– Tenemos que decidir muchas cosas ahora, Fluria, pero la principal es esta: si he de ir a Paris y convencer a Rosa de que venga aqui a representar el papel de Lea…

– Oh, ?creeis que no he pensado en eso? -pregunto ella. Se volvio hacia mi-. Es demasiado peligroso. Y Godwin nunca admitira ese engano. ?Como puede ser bueno un engano asi?

– ?No engano Jacob a Isaac? -dije-. ?Y se convirtio en Israel y en el padre de su tribu?

– Si, asi es, y Rosa es lista y tiene el don de la palabra. Pero ?que ocurrira si Rosa no puede responder a las preguntas de lady Margaret ni reconoce a la pequena Eleanor como su amiga? No, no puede hacerse.

– Rosa puede negarse a hablar con quienes os han insultado -dije-. Todo el mundo lo comprendera. Solo es necesario que aparezca.

Al parecer, eso no se le habia ocurrido a Fluria.

Empezo a recorrer la habitacion y a retorcerse las manos. Durante toda mi vida habia oido esa expresion: retorcerse las manos. Pero nunca habia visto a nadie hacerlo, hasta entonces.

Me vino a la mente de pronto la idea de que ahora conocia a esta mujer mejor que a nadie en el mundo. Era un pensamiento extrano y escalofriante, no porque yo la amara lo mas minimo, sino porque no podia soportar pensar en mi propia vida.

– Pero en caso de que sea posible traer aqui a Rosa -pregunte-, ?cuantas personas saben en la juderia que tienes dos hijas gemelas? ?Cuantas conocen a tu padre y te conocieron a ti en Oxford?

– Demasiadas, pero ninguna lo contara -insistio-. Recordad que para mi pueblo una persona que se convierte esta muerta y desaparecida, y nadie menciona su nombre. Nunca hablamos de ella cuando vinimos aqui. Y nadie nos ha hablado a nosotros de Rosa. Y yo diria que en estos momentos es el secreto mejor guardado de la juderia. -Siguio hablando como si tuviera necesidad de razonarlo todo-. Segun nuestra ley, Rosa podria haber perdido todas las propiedades que heredo, por el solo hecho de haberse convertido. No, hay personas aqui que lo saben pero guardaran silencio, y nuestro fisico y nuestros ancianos se dan cuenta de que deben callar.

– ?Que hay de tu padre? ?Le has escrito para contarle que Lea ha muerto?

– No, y si lo hubiera hecho, el habria quemado la carta sin abrirla. Juro que lo haria si alguna vez le escribia.

»Y por lo que se refiere a Meir, es tal su pena y su angustia que se culpa a si mismo de que la nina enfermo porque el la trajo aqui. Imagina que, bien abrigada y resguardada en Oxford, nunca habria enfermado. El tampoco ha escrito a mi padre. Pero eso no quiere decir que mi padre no lo sepa. Tiene demasiados amigos aqui para no estar informado. -Empezo de nuevo a llorar-. El lo vera como un castigo de Dios -susurro en medio de sus lagrimas-, de eso estoy segura.

– ?Que deseas que haga yo? -pregunte. No me sentia del todo seguro de que estuviesemos de acuerdo los dos, pero sin duda ella era inteligente y reflexiva, y se nos hacia ya muy tarde.

– Id a ver a Godwin -dijo, y sus facciones se dulcificaron al pronunciar ese nombre-. Id a verlo y pedidle que venga aqui y calme a los hermanos dominicos. Haced que insista en nuestra inocencia. Godwin es una persona muy admirada en la orden. Estudio con Tomas y Alberto antes de que ellos se fueran y empezaran a predicar y a ensenar en Italia. Sin duda los escritos de Godwin sobre Maimonides y Aristoteles son conocidos incluso aqui. Godwin vendra si yo se lo pido, se que lo hara, y tambien porque…, porque Lea era su hija.

De nuevo fluyeron las lagrimas. Parecia tan fragil alli de pie a la luz de las velas, con la espalda vuelta al frio que entraba por la ventana, que yo me senti incapaz de soportarlo.

– Puede que Godwin decida revelar toda la verdad y cargar con sus consecuencias -dijo-, y hacer comprender a los monjes negros que nosotros no hemos matado a nuestra hija. El puede testificar de mi caracter y de mi alma. -Aquello le daba esperanzas, y obviamente tambien me las dio a mi-. Oh, seria algo magnifico librarnos de esta terrible mentira -dijo-. Y mientras vos y yo hablamos, Meir esta suscribiendo la entrega de sumas de dinero. Se perdonaran las deudas. Afrontare la ruina si es preciso, la perdida de todas mis propiedades, si puedo llevarme conmigo a Meir de este lugar terrible. Me bastaria con saber que no he provocado ningun dano a los judios de Norwich, que tanto han sufrido en otras epocas.

– Esa seria la mejor solucion, sin duda -juzgue-, porque una impostura comportaria riesgos muy grandes. Incluso vuestros amigos judios podrian decir o hacer algo que dejara al descubierto la verdad. Pero ?y si la ciudad no acepta la verdad? ?Ni siquiera de Godwin? Sera demasiado tarde para volver al plan del engano. Se habra perdido la oportunidad de una impostura.

Otra vez se oian ruidos en la noche. Sonidos ahogados, informes, y otros mas penetrantes. Pero la nieve que caia lo amortiguaba todo.

– Hermano Tobias -dijo ella-, id a Paris y plantead todo el caso a Godwin. A el podeis contarselo todo, y dejar que Godwin decida.

– Si, es lo que hare, Fluria -dije, pero otra vez oi ruidos y lo que parecia el son lejano de una campana.

Le hice un gesto para que me dejara acercarme a la ventana, y ella se aparto.

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