exasperacion del otro.
III. I
?En un nombre que hay? Lo que llamamos rosa aun con otro nombre mantendria su perfume.
La vista desde la antigua fortificacion de los Medici, la Fortezza, era espectacular. No solo podia ver los tejados de arcilla de Siena cociendose al sol de la tarde, sino que al menos treinta kilometros de montes ondulados se alzaban a mi alrededor como un oceano de tonos verdes y azules lejanos. Una y otra vez, levantaba la vista de la lectura e inspiraba el magnifico paisaje con la esperanza de que me limpiara los pulmones de aire viciado y me llenara el alma de verano. Pero, en cuanto bajaba de nuevo la cabeza y retomaba el diario de Ambrogio, volvia a sumergirme en los oscuros acontecimientos de 1340.
Habia pasado la manana en el cafe de Malena, en la piazza Postierla, hojeando las primeras versiones oficiales de
En la version de Salernitano, Romeo y Julieta -o mas bien Mariotto y Giannozza- vivian en Siena, pero no existia rivalidad entre sus familias, aunque si se casaban en secreto tras sobornar a un fraile, si bien el drama no comenzaba hasta que Mariotto mataba a un destacado ciudadano y tenia que exiliarse. Entretanto, los padres de Giannozza -que ignoraban que su hija ya se habia casado- le exigian que se casara con otro. Desesperada, Giannozza le pedia al fraile que le preparase un potente somnifero de efecto tan fuerte que los estupidos de sus padres creyeran que habia muerto y la enterraran asi en seguida. Por suerte, el frailecillo la rescataba del sepulcro y poco despues Giannozza viajaba -secretamente- en barco a Alejandria, donde Mariotto vivia su exilio. Pero el mensajero que debia informarle de la maquinacion del somnifero era capturado por unos piratas y, al recibir la noticia de la muerte de Giannozza, Mariotto salia disparado a Siena para morir a su lado. Alli, los soldados lo capturaban y lo decapitaban, zas, y Giannozza se pasaba el resto de su vida llorando en un convento.
A mi juicio, los elementos fundamentales de ese original eran el matrimonio secreto, el exilio de Romeo, el disparatado plan del somnifero, el mensajero que se extraviaba y la mision deliberadamente suicida de Romeo al creer que Julieta habia muerto.
La gran pega, claro esta, era que todo sucedia supuestamente en Siena; si Malena hubiese estado por alli, le habria preguntado si aquello era del dominio publico. Sospechaba que si.
Curiosamente, cuando Da Porto reescribio la historia medio siglo despues, tambien quiso anclarla a la realidad, llamando a Romeo y a Giulietta por su nombre de pila real, pero traslado toda la historia a Verona y cambio los nombres de las familias, muy posiblemente por miedo a las represalias de los poderosos clanes implicados en el escandalo.
Logistica aparte, en mi modesta opinion -propiciada por varios capuchinos-, Da Porto escribio un relato mucho mas interesante. Fue el quien incorporo el baile de mascaras y la escena del balcon, y quien ingenio el doble suicidio. Lo que no acababa de cuadrarme era que, para el, Julieta moria conteniendo la respiracion. Claro que quiza penso que su publico no recibiria bien una escena sangrienta, escrupulos que Shakespeare, por suerte, no tuvo.
Despues de Da Porto, un tal Bandello habia querido escribir una tercera version y anadir una buena dosis de melodrama sin alterar, al menos aparentemente, su esencia argumental. Entonces, los italianos ya estaban hartos de la historia, por lo que viajo a Francia y a Inglaterra, donde fue a parar al escritorio de Shakespeare, que se encargo de inmortalizarla.
La gran diferencia que veia entre todas aquellas versiones poeticas y el diario del maestro Ambrogio era que, en realidad, eran tres las familias implicadas, no dos: las casas enemistadas eran la de los Tolomei y la de los Salimbeni (los Capuleto y los Montesco); Romeo, en cambio, era un Marescotti y, por tanto, ajeno a la disputa. En ese aspecto, el relato primero de Salernitano era el que mas se aproximaba a la verdad; se situaba en Siena, y en el no se mencionaba rivalidad alguna entre familias.
Mas tarde, cuando volvia de la Fortezza con el diario del maestro Ambrogio apretado contra el pecho, observe los rostros felices de quienes me rodeaban y volvi a notar la presencia de un muro invisible entre ellos y yo. Paseaban, corrian, comian helados, y no se paraban a cuestionar el pasado, ni tenian -como yo- la angustiosa sensacion de no encajar del todo en este mundo.
Esa manana, delante del espejo del bano, me habia probado el colgante con el crucifijo de plata del cofre de mi madre y habia decidido llevarlo puesto. A fin de cuentas, era suyo, y seguramente lo habia metido alli para que yo lo llevase. Tal vez, pense, me protegiera de la maldicion que habia causado su muerte prematura.
?Estaba loca? Tal vez. Aunque habia muchos tipos de locura. Tia Rose siempre habia sostenido que el mundo entero se hallaba en un estado de locura permanente y fluctuante, y que la neurosis no era una enfermedad, sino ley de vida, como las espinillas. Algunos tenian mas, otros menos, pero solo la gente verdaderamente anormal no tenia. Aquella filosofia tan sensata me habia consolado muchas veces, y volvia a hacerlo ahora.
Cuando volvi al hotel, el director Rossini vino a mi como el mensajero de Maraton, ansioso por ponerme al dia.
– ?Senorita Tolomei! ?Donde se habia metido? ?Debe irse! ?En seguida! ?La condesa Salimbeni la espera en el Palazzo Pubblico! Vaya… -Me despacho como uno despacha al perro que ronda la mesa en busca de sobras-. ?No la haga esperar!
– ?Un momento! -Senale dos objetos plantados visiblemente en medio del vestibulo-. ?Esas son mis maletas!
– Si, si, si, las han traido hace un momento.
– Pues me gustaria subir a mi habitacion a…
– ?No! -Rossini abrio de golpe la puerta principal y me indico que saliera por ella-. ?Debe irse en seguida!
– ?Si no se ni adonde tengo que ir!
– ?A Santa Catalina! -Rossini puso los ojos en blanco y solto la puerta, aunque yo sabia que, en el fondo, le encantaba ilustrarme sobre Siena-. ?Venga, que le hago un croquis!
Entrar en la piazza del Campo era como meterse en una concha gigante. Su contorno se encontraba salpicado de restaurantes y cafes y, al fondo de la plaza inclinada, donde habria estado la perla, se alzaba el Palazzo Pubblico, el ayuntamiento de Siena desde la Edad Media.
Me detuve un instante a procesar el murmullo de voces bajo el cielo azul, el revoloteo de las palomas a mi alrededor y la fuente de marmol blanco y agua turquesa, hasta que se me acerco por la espalda una oleada de turistas que me arrastro hacia adelante, presa de un emocionado estupor ante la grandeza de la enorme plaza.
Mientras me hacia el croquis, Rossini me habia asegurado que la del Campo era la plaza mas hermosa de Italia, y no solo para los sieneses. De hecho, ni siquiera recordaba en cuantas ocasiones huespedes del hotel de todos los rincones del mundo -hasta de Florencia-se le habian acercado para ensalzar las bondades de la plaza. El, como es logico, habia protestado y resaltado el esplendor de otros muchos sitios -que seguramente andaban por ahi, en alguna parte-, pero no habian querido escucharlo. Habian insistido en que Siena era la ciudad mas maravillosa y mejor conservada del planeta y, a la vista de semejante conviccion, ?que otra cosa podia hacer Rossini salvo admitir que probablemente estuvieran en lo cierto?
Me meti el croquis en el bolso y empece a caminar hacia el Palazzo Pubblico. El edificio no pasaba inadvertido, con su elevado campanario, la torre del Mangia, construccion que el director me habia descrito con tal profusion de detalles que costaba creer que no se hubiera levantado delante de sus mismisimos ojos, sino a finales de la Edad Media. Lirio, la habia llamado, un digno monumento a la pureza femenina, con su flor de piedra blanca en lo alto de un elevado tallo rojo. Curiosamente, se habia construido sin cimientos. Solo la gracia de Dios y la fe, aseguraba, habian logrado mantenerla intacta a lo largo de seis siglos.
Haciendome sombra con la mano, contemple aquella torre erguida sobre un azul infinito. Jamas habia visto celebrar la pureza femenina con un simbolo falico de cien metros de altura. Aunque tal vez fueran cosas mias.
