Se mordio el labio, buscando la palabra-. Nuestra
– ?Esta es la contrada del Aguila? -Con el vello de pronto erizado, eche un vistazo a los otros clientes-. ?Es cierto que el simbolo del aguila procede originalmente de los Marescotti?
– Si -asintio-, pero no lo inventamos nosotros. El aguila nos vino de los romanos, luego Carlomagno se la apropio y, como los Marescotti formaban parte de su ejercito, pudimos usar ese simbolo imperial. De eso ya no se acuerda nadie.
Me la quede mirando, casi segura de que se habia referido a los Marescotti como si fuera, de hecho, uno de ellos. Pero justo cuando abria la boca para preguntarle, el rostro sonriente de un camarero se interpuso entre nosotras.
– Solo los que tenemos la suerte de trabajar aqui. Lo sabemos todo de su pajarraco.
– Ni caso -dijo Malena, haciendo un amago de atizarle con la bandeja en la cabeza-. El es de la contrada de la Torre -anadio con una mueca-. Siempre se esta haciendo el gracioso.
Justo entonces, en medio del jolgorio general, algo del exterior me llamo la atencion. Moto negra y piloto de negro, visera bajada, deteniendose brevemente a mirar por la puerta de cristal, para acelerar despues y desaparecer con un intenso rugido.
– Ducati Monster S4 -recito el camarero como si hubiera memorizado el anuncio de una revista-, una fiera urbana. Motor refrigerado por liquido. Hace que los hombres suenen con sangre, despierten empapados en sudor y salgan a por ella. Pero no tiene asideros, asi que… no invites a subir a una chica si no tienes un buen ABS -concluyo dandose unas palmaditas significativas en el estomago.
– ?Conoces a ese tio? -pregunte, procurando sonar despreocupada cuando me sentia de todo menos eso.
– ?Que tio? -Puso los ojos en blanco, nada impresionada-. Ya sabes lo que se dice…, que los que hacen tanto ruido es porque les falta algo por ahi abajo.
– ?Yo no hago mucho ruido! -protesto Dario.
– ?No hablaba de ti, imbecil! Hablaba del
– ?Sabes quien es? -volvi a preguntar.
Se encogio de hombros.
– Me gustan los hombres con coche. Los que tienen moto… son playboys. Puedes llevar a tu novia en la moto, si, pero ?y los ninos, las damas de honor y la suegra?
– Eso mismo pienso yo -intervino Dario, meneando las cejas-. Estoy ahorrando para comprarme una.
Para entonces, varios clientes que hacian cola detras de mi empezaban a dar muestras de impaciencia y, aunque a Malena no parecia inquietarle ignorarlos tanto como le apeteciera, decidi dejar para otro dia mi interrogatorio sobre los Marescotti y sus posibles descendientes vivos.
Mientras me alejaba del cafe, segui buscando la moto con la mirada, pero ya no estaba. Aunque no podia asegurarlo, mi intuicion me decia que aquel tipo era el mismo que me habia acosado la noche anterior y, si de verdad era un ligon en busca de quien se le agarrara al ABS, sinceramente se me ocurrian formas mejores de iniciar esa conversacion.
Cuando la duena de la libreria volvio por fin de comer, yo estaba sentada en el escalon de la entrada, apoyada en la puerta, a punto de darme por vencida. Sin embargo, mi paciencia se vio recompensada, porque la mujer -una anciana carinosa cuyo cuerpecillo menudo parecia moverse solo por efecto de una enorme curiosidad- le echo un vistazo a la ficha y asintio de inmediato.
– Ah, si -dijo, en absoluto sorprendida, en mi idioma-, es del archivo de la universidad. Coleccion de historia. Creo que aun usan el catalogo antiguo. Dejame…, si, ?ves?, esto quiere decir «Baja Edad Media». Esto, «local». Y mira… -me mostro los codigos de la ficha-, esta es la letra del estante, la K, y este es el numero del cajon, el 3-17b. No dice lo que contiene. De todas formas, el codigo significa eso. -Resuelto el misterio, me miro como esperando otro-. ?De donde la has sacado?
– De mi madre…, bueno, de mi padre…, era profesor de universidad, creo. ?Tolomei?
La anciana se ilumino como un arbol de Navidad.
– ?Lo recuerdo! ?Yo fui alumna suya! El organizo toda esa coleccion. Era un desastre. Me pase dos veranos pegando numeros en los cajones. Pero… ?por que sacaria esta ficha? Se enojaba cuando la gente se dejaba las fichas por ahi.
La Universidad de Siena estaba compuesta por edificios repartidos por toda la ciudad, pero el archivo historico no andaba lejos, caminando a buen paso en direccion a la puerta de la ciudad, la llamada Porta Tufi. Me llevo un rato encontrar el edificio entre las discretas fachadas que bordeaban la calle; al final, lo que lo delato como centro docente fueron los restos de carteles socialistas que habia a la entrada.
Con la esperanza de pasar desapercibida entre el alumnado, entre por la puerta que me habia descrito la librera y me dirigi al sotano. Tal vez porque aun era la hora de la siesta -o porque nadie iba por alli en verano-, pude bajar sin toparme con nadie por el camino; el lugar estaba gozosamente fresco y tranquilo. Casi resulto demasiado facil.
Sin otra orientacion que la propia ficha, recorri el archivo varias veces, buscando en vano la estanteria que necesitaba. Segun me habia dicho la librera, era una coleccion independiente, y ni siquiera en su epoca se usaba mucho. Debia encontrar la zona mas recondita del archivo, cuestion complicada teniendo en cuenta lo recondito que me parecia el archivo entero. Ademas, las estanterias que veia no tenian cajones; eran estantes normales con libros, nada mas, y en ellos no habia ningun volumen etiquetado como K 3-17b.
Despues de dar vueltas durante al menos veinte minutos, se me ocurrio probar una puerta que habia al fondo de la sala. Era una puerta metalica blindada, casi como las de las camaras acorazadas de los bancos, pero se abrio sin problema, revelando una sala menor con una especie de microclima que conferia al aire un olor muy distinto, como de palomitas de chocolate.
Por fin mi ficha tenia sentido. Las estanterias estaban repletas de cajones, identicos a los que me habia descrito la librera. Ademas, la coleccion estaba organizada cronologicamente, empezando por la epoca etrusca y terminando -supuse- por el ano de la muerte de mi padre. Resultaba obvio que nadie la usaba jamas, porque una gruesa capa de polvo lo cubria todo y, cuando intente mover la escalera rodante, se resistio al principio, ya que el oxido de las ruedas metalicas las habia adherido al suelo. Cuando al fin se movio -chirriando en protesta-, fue dejando a su paso un pequeno rastro anaranjado en el linoleo gris.
Situe la escalera en la estanteria marcada con la K y subi para ver de cerca la fila 3, formada por una treintena de cajones de tamano medio, todos ellos bien altos y bien escondidos, salvo que se tuviera escalera y se supiera exactamente lo que se buscaba. Al principio me parecio que el cajon 17b estaba cerrado con llave y tuve que aporrearlo varias veces para que cediera. Muy posiblemente nadie lo habia abierto desde que mi padre lo habia cerrado hacia ya unos decenios.
En el interior encontre un paquete grande sellado al vacio en un sobre de plastico marron. Palpandolo con cuidado, note que contenia una especie de tejido esponjoso, como las bolsas de espuma de los almacenes textiles. Desconcertada, saque el paquete del cajon, baje de la escalera y me sente en el ultimo peldano a inspeccionar mi hallazgo.
En lugar de abrir el paquete rompiendo el envoltorio, clave una una en el plastico e hice un pequeno agujero. En cuanto se deshizo el vacio, el sobre parecio respirar profundamente y por el asomo una punta del tejido azul claro. Agrande el agujero y palpe el tejido con los dedos. No era experta, pero sospeche que se trataba de seda y -a pesar de su excelente estado- antiquisima.
Sabiendo que exponia de golpe algo delicado al aire y a la luz, lo saque del sobre despacio y empece a desdoblarlo en mi regazo. Al hacerlo, resbalo del pano un objeto que golpeo el suelo de linoleo con un sonido metalico.
Era un cuchillo grande en una funda dorada, oculto entre los pliegues del pano de seda. Al cogerlo note que tenia una aguila grabada en la empunadura.
Mientras estaba alli sentada examinando el objeto, oi de pronto un ruido procedente del otro lado del archivo. Consciente de que me habia colado en una institucion que posiblemente albergaba tesoros irreemplazables, me levante algo asustada y envolvi mi botin lo mejor que pude. Lo ultimo que queria era que me sorprendieran con las manos en la masa en el cuidado microclima de la camara acorazada.
