– …y tampoco es que sienta adoracion por ti.
El sonrio burlon.
– Pero aqui estas.
Me cruce de brazos y contuve una risa nerviosa.
– Se que no crees que soy Giulietta Tolomei, y ?sabes que?, que me da igual, pero esto es lo que hay… -Trague saliva para tranquilizarme-. Alguien intenta matarme.
– Quieres decir… ?aparte de tu misma?
Su sarcasmo me hizo recuperar la serenidad.
– Hay un tio que me sigue -dije tal cual-. Un tipejo asqueroso, vestido de chandal. Verdadera escoria. Supuse que seria amigo tuyo.
Alessandro ni se inmuto.
– ?Y que quieres que haga yo?
– No se… -busque una chispa de compasion en sus ojos-, ?ayudarme?
Chispa habia, si, pero de triunfo, mas que nada.
– A ver…, ?y por que iba a hacer yo algo asi?, dime.
– ?Eh! -exclame, indignada por su actitud-. Soy… ?una damisela en apuros!
– ?Y quien se supone que soy yo?, ?el Zorro?
Reprimi un grunido, furiosa conmigo misma por pensar que le importaria.
– Creia que los italianos nunca os resistiais a los encantos femeninos.
Lo medito.
– Y no nos resistimos… cuando nos topamos con ellos.
– Muy bien -dije, tragandome la rabia-. Quieres que me largue, y eso voy a hacer. Regresare a Estados unidos y jamas volvere a molestaros ni a ti ni a tu querida madrina, pero primero quiero averiguar quien es ese tio y conseguir que alguien le de su merecido.
– ?Y ese alguien soy yo?
Lo mire furiosa.
– Quiza no. Daba por sentado que alguien como tu no querria que alguien como yo anduviese suelta por la preciada Siena, pero… -hice ademan de irme- veo que me equivocaba.
Fingiendose preocupado, se inclino al fin hacia adelante y apoyo los codos en la mesa.
– Muy bien, senorita Tolomei, dime, ?por que crees que alguien quiere matarte?
Aun no teniendo adonde ir, habria salido de alli en ese mismo instante de no haber sido porque por fin me llamo «senorita Tolomei».
– Bueno… -me revolvi incomoda en el asiento-, ?que te parece esto? Me ha seguido por las calles, me ha desvalijado la habitacion y esta manana ha venido a por mi armado…
– Eso no significa que quiera matarte -dijo Alessandro, armandose de paciencia. Examino mi rostro un instante, luego fruncio el ceno-. ?Como esperas que te ayude si no me cuentas la verdad?
– ?Te la estoy contando! ?Lo juro! -Trate de buscar otra forma de convencerlo, pero la vista se me iba a los tatuajes que llevaba en el antebrazo derecho, y mi cerebro andaba demasiado atareado procesando ese impulso.
Ese no era el Alessandro que esperaba encontrar al entrar en el palazzo Salimbeni. El Alessandro que yo conocia era refinado y sutil, por no decir anticuado, y desde luego no llevaba una libelula -o lo que fuera eso- tatuada en la muneca.
Si me leia el pensamiento, no se le notaba.
– No toda. Faltan muchas piezas del puzle.
Me ergui.
– ?Que te hace pensar que hay algo mas?
– Siempre hay algo mas. Dime, ?que persigue?
Respire profundamente, consciente de que yo misma me habia metido en aquel lio y lo logico era que me explicara en condiciones.
– Vale -dije al fin-. Creo que por algo que me dejo mi madre. Una reliquia de familia que mis padres encontraron hace anos y querian que yo tuviese. Mi madre la escondio en un sitio donde solo yo
Lo mire desafiante y lo descubri escudrinandome el rostro con una especie de sonrisa.
– ?Y lo has encontrado?
– Me parece que no. Todavia. Solo he encontrado un cofre oxidado lleno de papelotes, un viejo… estandarte y una especie de daga, y, la verdad, no veo…
– Relatos, cartas, cosas asi. No me tires de la lengua. El estandarte, por lo visto, es un
– ?Un momento! ?Me estas diciendo que has encontrado un
Me sorprendio que lo entusiasmara la noticia incluso mas que a mi primo Peppo.
– Si, eso parece. Por lo que se ve, es muy especial. Y la daga…
– ?Donde esta?
– En un lugar seguro. Lo he dejado en el museo de la Lechuza. -Como no me seguia, anadi-: Mi primo, Peppo Tolomei, es el conservador del museo. Me ha dicho que el me lo cuidaria.
Alessandro gruno y se paso ambas manos por el pelo.
– ?Que? -inquiri-. ?No ha sido buena idea?
– ?Espera! ?Que pasa? -Me levante de mala gana-. No pretenderas ir a ver a mi primo con esa… arma.
– No es una sugerencia. ?Vamos!
Mientras avanzabamos aprisa por el pasillo, echo un vistazo a mis pies.
– ?Puedes correr con eso?
– Mira -dije esforzandome por ir a su paso-, que quede muy clara una cosa: no creo en las armas. Quiero que haya paz, ?vale?
Alessandro se detuvo en mitad del pasillo, saco el arma y me obligo a cogerla antes de que me diera cuenta siquiera de lo que estaba haciendo.
– ?Sientes esto? Es una arma. Existe. Y hay mucha gente ahi fuera que
Salimos del banco por una puerta trasera y bajamos por una calle abierta al trafico. No era el camino que yo conocia, pero seguro que nos llevaba derechos a la piazzetta del Castellare. Alessandro saco el arma en cuanto nos acercamos a la puerta del museo de la Lechuza, pero fingi no darme cuenta.
– Quedate detras de mi -me dijo- y, si las cosas se ponen feas, tirate al suelo y tapate la cabeza. -Sin esperar mi reaccion, se llevo un dedo a los labios y abrio la puerta despacio.
Obediente, entre en el museo unos pasos por detras de el. A mi juicio, no cabia duda de que exageraba, pero dejaria que llegara a esa conclusion por si solo. De hecho, el edificio entero estaba en absoluto silencio y no habia indicio alguno de actividades delictivas. Cruzamos varias habitaciones, arma en ristre, pero, al final, me detuve.
– Oye, escucha… -Alessandro me tapo la boca con la mano para silenciarme y, mientras estabamos los dos alli parados, tambien yo lo oi: un gemido.
Atravesando de prisa las otras estancias, dimos con el origen del sonido y, en cuanto Alessandro se aseguro de que no era una emboscada, entramos corriendo y nos encontramos a Peppo tirado en el suelo de su despacho, magullado pero vivo.
– ?Ay, Peppo! -grite, tratando de ayudarlo-, ?te encuentras bien?
– ?No! -espeto-. ?Claro que no! Creo que me he caido. No puedo apoyar la pierna.
– Aguanta… -Mire alrededor para ver donde habia dejado su muleta y repare en la caja fuerte, abierta y vacia-. ?Has visto al hombre que ha hecho esto?
– ?Que hombre? -Con una mueca de dolor, Peppo intento incorporarse-. ?Mi cabeza! ?Necesito mis pastillas!
