?Salvatore! Ay, no, espera, que Salvatore libra…?que dia es hoy?
– ?Espera! ?No! -Obviamente Peppo no queria una ambulancia-. Iba a cerrar la caja. ?Me oyes? Tengo que cerrar la caja fuerte.
– Luego nos encargamos de la caja -dije yo.
– La daga… esta en la sala de juntas. La estaba buscando en un libro. Hay que guardarla. ?Es malefica!
Alessandro y yo nos miramos. No era el momento de decirle a Peppo que era demasiado tarde para cerrar la caja. Era evidente que el
La cogi con fuerza y volvi al despacho de Peppo justo cuando Alessandro llamaba una ambulancia.
– Ah, si -dijo mi primo al ver la daga-, ahi esta. Guardala, corre. Trae mala suerte. Mira lo que me ha pasado a mi. El libro dice que esta poseida del espiritu del diablo.
Peppo habia sufrido una conmocion cerebral leve y tenia un hueso roto, pero la doctora insistio en dejarlo en observacion esa noche, conectado a varias maquinas por si acaso. Lamentablemente se empeno tambien en contarle con detalle lo que le habia ocurrido.
– Ella dice que alguien le ha dado un golpe en la cabeza y se ha llevado todo lo de la caja -me susurro Alessandro, traduciendome la animada conversacion que mantenian la doctora y Peppo, su malhumorado paciente-, y el dice que quiere hablar con un medico de verdad y que nadie le atizaria en la cabeza en su propio museo.
– ?Giulietta! -exclamo mi primo cuando al fin consiguio deshacerse de la doctora-, ?que piensas tu de todo esto? ?La doctora dice que alguien ha entrado a robar
– Me temo que es cierto -dije cogiendole la mano-. Lo siento. Ha sido por mi culpa. Si no hubiera…
– ?Y ese quien es? -Peppo miro con recelo a Alessandro-. ?No habra venido a cubrir la noticia? Dile que no he visto nada.
– Este es el capitan Santini -le explique-; el es quien te ha salvado, ?no te acuerdas? De no ser por el, estarias… destrozado de dolor.
– Ya. -Peppo no estaba dispuesto a abandonar su mal humor-. Ya lo conozco. Es un Salimbeni. ?No te dije que te mantuvieras alejada de esa gente?
– ?Chis! ?Por favor! -Trate de hacerlo callar, pero sabia que Alessandro lo habia oido todo-. Tienes que descansar.
– ?No! Tengo que hablar con Salvatore. Hay que averiguar quien ha hecho esto. Habia muchos tesoros en esa caja.
– Me temo que el ladron iba tras el
Peppo parecia desconcertado.
– Pero ?quien iba a…? ?Ah! -Con la mirada perdida, contemplo un pasado nebuloso-. ?Claro! ?Como no se me ha ocurrido antes? Pero ?por que iba a querer hacer eso?
– ?De quien estas hablando? -Le aprete la mano, intentando que dejara de divagar-. ?Sabes quien te ha hecho esto?
Peppo me cogio por la muneca y me miro con intensidad febril.
– Patrizio…, tu padre. Siempre decia que volveria. Que algun dia Romeo volveria y lo recuperaria todo…, su vida…, su amor…, todo cuanto le arrebatamos.
– Peppo -le dije, acariciandole el brazo-, deberias descansar. -Por el rabillo del ojo, vi a Alessandro sopesar la daga de Romeo, cenudo, como si percibiera sus poderes ocultos.
– Romeo -prosiguio Peppo, adormecido por el efecto del calmante-, Romeo Marescotti. Bueno, no se puede ser un fantasma eternamente. Quiza quiera vengarse asi de todos nosotros. Por como tratamos a su madre. Era… ?como se dice…
– Un hijo bastardo -dijo Alessandro, uniendose por fin a nosotros.
– ?Si, si! -asintio Peppo con la cabeza-. ?Un hijo bastardo! Fue un gran escandalo. Ella era una joven tan hermosa… Por eso el los echo…
– ?Quien? -pregunte.
– Marescotti. El abuelo. Era un hombre muy anticuado. Pero muy guapo. Aun recuerdo la comparsa del 65… Fue la primera victoria de
– ?Peppo? -le di una palmadita en la mano-. Hablabas de los Marescotti, de Romeo, ?recuerdas?
– ?Ah, si! Decian que tenia las manos malditas. Todo lo que tocaba… lo estropeaba. Los caballos perdian, la gente moria. Eso dicen. Por llamarse Romeo, ya ves. Lo habia heredado. Lo llevan en la sangre…, el conflicto. Necesitaba velocidad y ruido… no podia parar quieto. Siempre con los escuters, con las motos…
– ?Lo conociste?
– No, solo se lo que dice la gente. Su madre y el… se esfumaron. Nadie volvio a verlos. Dicen que el crecio salvaje, en Roma, que se convirtio en un delincuente y mato a gente. Dicen…, dicen que murio. En Nassiriyah. Con otro nombre.
Me volvi a mirar a Alessandro, y el me devolvio una sonrisa inusualmente sombria.
– ?Nassiriyah? -susurre-. ?Tu sabes donde esta eso?
Por alguna razon, mi pregunta lo encendio, pero, antes de que pudiera responderme, Peppo suspiro profundamente y prosiguio:
– Para mi no es mas que una leyenda. A la gente le gustan las leyendas. Y las tragedias. Y las conspiraciones. Esto es muy tranquilo en invierno.
– Entonces, ?no crees que sea cierto?
Peppo volvio a suspirar; le pesaban los parpados.
– ?Ya no se que creer! Ay, ?por que no viene el medico!
En ese momento, la puerta se abrio de golpe e irrumpio en la habitacion la familia Tolomei, que rodeo a su heroe caido entre gemidos y lamentos. El medico debia de haberles resumido la situacion, porque Pia, la esposa de Peppo, me miro de arriba abajo al tiempo que me empujaba para ocupar mi sitio al lado de su marido, y nadie dio senal alguna de gratitud. Para terminar de humillarme, cuando buscaba una excusa para largarme, la anciana
– ?Tu! -me gruno en italiano, clavandome el indice en el corazon-. ?Bastarda!
Dijo mucho mas, pero no lo entendi. Paralizada por su furia como un ciervo ante un tren a punto de arrollarlo, me quede alli, incapaz de moverme, hasta que Alessandro -harto del jolgorio familiar- me agarro por el codo y me saco de la habitacion.
– ?Uf! -exclame-. ?Que genio tiene! ?Te puedes creer que es tia mia? ?Que decia?
– Nada importante -me contesto, recorriendo el pasillo del hospital con el gesto de quien querria tener a mano una granada.
– ?Te ha llamado Salimbeni! -le dije, orgullosa de haberlo entendido.
– Si. Y no es ningun cumplido.
– ?Que me ha llamado a mi? Eso no lo he pillado.
– ?Que mas da!
– Claro que da. -Me detuve en mitad del pasillo-. ?Que me ha llamado?
Alessandro me miro con repentina ternura.
– Te ha dicho: «?Bastarda! ?No eres de los nuestros!»
– Ah. -Me quede cortada-. Claro, nadie cree que sea realmente Giulietta Tolomei. A lo mejor me lo merezco. Igual es una especie de infierno reservado para la gente como yo.
– Yo si te creo.
Lo mire sorprendida.
