voces en la que cada cual cantaba a su contrada y a sus heroes -incluidas las casas de Tolomei y Salimbeni, si participaban en la carrera-, pero ese ano parecia que muchos se habian sumado a los canticos del Aguila de los Marescotti.
Al oir todo aquello desde la tribuna, Tolomei se mostro preocupado. Solo entonces fray Lorenzo se aventuro a suponer que el gran hombre se preguntaba si habia sido buena idea llevar consigo al verdadero premio del Palio: su sobrina Giulietta.
Apenas podia reconocerse a la joven, instalada entre padre y futuro esposo, su regio atuendo en conflicto con sus palidas mejillas. Habia vuelto la cabeza una vez y habia mirado directamente a fray Lorenzo, como si hubiese sabido en todo momento que el estaba alli, observandola. La expresion de su semblante le produjo una punzada de compasion en el corazon, seguida de inmediato por una punzada de rabia por no poder salvarla.
?Para eso la habia salvado Dios de la masacre que habia sufrido su familia, para arrojarla a los brazos del mismo canalla que habia derramado la sangre de los suyos? Cruel era el destino, y fray Lorenzo se sorprendio deseando que ni ella ni el hubieran sobrevivido a aquel dia aciago.
Si Giulietta, expuesta en la tribuna a la compasion de todos, hubiera sabido lo que pensaba su amigo, habria convenido en que la boda con Salimbeni era peor destino que la muerte. Pero aun era demasiado pronto para ceder a la desesperacion; el Palio todavia no habia terminado, Romeo -por lo que sabia- seguia vivo, y el cielo aun podia estar de su parte.
Si a la Virgen le hubiera ofendido la conducta de Romeo en la catedral la noche anterior, lo habria fulminado en el acto; el hecho de que le hubiera permitido seguir con vida y volver a casa ileso debia de significar que queria que participara en el Palio. Claro que una cosa eran los designios divinos y otra muy distinta la voluntad del hombre que tenia sentado a su lado, Salimbeni.
Un distante retumbar de caballos hizo que la multitud que rodeaba la tribuna se contrajera de expectacion y estallara en un frenesi de vitores, gritando los nombres de favoritos y rivales como si los gritos pudieran conducir el destino. A su alrededor, todos se irguieron para ver cual de los quince jinetes entraba primero en la
Tras un instante de tensa emocion, miles de voces empezaron a corear la palabra:
Sin detenerse a saludar, Romeo se acerco al carro, aparto a los regordetes ninos cantores, provistos de alas y suspendidos de cuerdas, cogio la pica del
A nadie le importaba quien habia llegado tercero, cuarto y quinto; la multitud se volvio casi a una para ver que hacia Salimbeni con Romeo y el inesperado giro de los acontecimientos. Por aquel entonces no habia un solo hombre o mujer en Siena que ignorase el desafio de Romeo a Salimbeni y su promesa a la Virgen -de que, si ganaba el Palio, no haria ropa del
Al ver que Romeo se habia hecho con el
– ?Mi senor Tolomei! -bramo Romeo, blandiendo el
La multitud rugio escandalizada por la idea y los guardias apostados junto a la tribuna adoptaron una posicion defensiva. Algunos de los presentes desafiaron a los guardias e intentaron llegar hasta Giulietta, instandola a que saltara de la tribuna para poder llevarla hasta su Romeo. Pero Salimbeni puso fin al atrevimiento levantandose y sujetandola con fuerza por el hombro.
– ?Muy bien, muchacho! -le grito a Romeo, contando con que sus multiples seguidores lo apoyarian y cambiarian las tornas-. ?Has ganado! Ahora vete a casa, hazte un bonito vestido con ese
Pero la muchedumbre, que ya habia oido bastante, no lo dejo terminar.
– ?Verguenza deberia darles a los Salimbeni -grito alguien-, pisotear asi la voluntad de la Virgen!
Los demas respondieron de inmediato, desatando contra los nobles su indignacion, dispuestos a convertir la rabia en pendencia. Las viejas rivalidades del Palio no se habian olvidado del todo, y a los pocos imbeciles que aun vitoreaban no tardaron en acallarlos sus iguales.
El pueblo de Siena sabia que, si se unia frente a aquellos pocos, podria asaltar la tribuna y llevarse a la dama que obviamente pertenecia a otro. No seria la primera vez que los sieneses se rebelaban contra Salimbeni, y sabian que, si seguian presionando, los poderosos no tardarian en refugiarse en sus torres y recoger las escaleras.
A Giulietta, sentada en la tribuna como un marinero inexperto en plena tempestad, el hecho de que los elementos se enfurecieran por ella le resultaba a la vez aterrador y embriagador. Alli estaban, miles de extranos cuyos nombres desconocia dispuestos a desafiar las insignias de los guardias por procurarle justicia. Si seguian tirando, terminarian volcando el palco y los nobles caballeros se entretendrian en salvarse y en proteger sus finas tunicas de la chusma.
En ese pandemonium, Giulietta supuso que Romeo y ella podrian escapar, y la Virgen mantendria la revuelta el tiempo suficiente para que pudieran salir juntos de la ciudad.
Pero no seria asi. Antes de que el gentio cobrara impulso, un nuevo grupo de personas irrumpio en la
– ?Tebaldo! -gritaban, mesandose desesperados los cabellos-. ?Ay, pobre muchacho! -Cuando al fin llegaron al palco y encontraron a Tolomei de rodillas, rogandoles que le contaran lo que le habia ocurrido a su hijo, respondieron entre lagrimas, agitando al aire una daga sangrienta-. ?Ha muerto! ?Apunalado durante el Palio!
En cuanto asimilo el mensaje, Tolomei se desplomo entre convulsiones y todo el palco se espanto. Pasmada al ver asi a su tio, como poseido por un demonio, Giulietta reculo primero, luego se obligo a arrodillarse y a atenderlo lo mejor posible, protegiendolo del barullo de pies y piernas hasta que la senora Antonia y los sirvientes pudieron pasar.
– ?Tio Tolomei! -lo insto Giulietta sin saber que mas decirle-. ?Calmaos!
El unico que se mantuvo impasible fue Salimbeni, que pidio el arma asesina y la levanto de inmediato para que la vieran todos.
– ?Mirad! -bramo-. ?Ahi teneis a vuestro heroe! ?Esta es la daga con la que se ha dado muerte a Tebaldo Tolomei durante vuestra carrera sagrada! ?Veis? -senalo la empunadura-. ?Que conclusion extraeis?
Giulietta miro alrededor horrorizada y vio a la multitud observar incredula la daga y a Salimbeni. Aquel era el hombre al que querian castigar hacia un momento, pero la estremecedora noticia del crimen y la vision de la figura apenada del senor Tolomei los habian distraido. Ya no querian pensar, y se quedaron alli, boquiabiertos, esperando una senal.
Al ver como cambiaba la expresion de sus rostros, Giulietta supo en seguida que Salimbeni habia planificado la jugada de antemano para volver a las masas contra Romeo si este ganaba el Palio. La turba habia olvidado por completo la razon por la que queria atacar el palco, pero seguia alterada y buscaba un nuevo blanco para su ira.
La reaccion no se hizo esperar. Salimbeni contaba con seguidores mas que suficientes entre la multitud para que, al exhibir la daga, alguien gritara:
– ?Romeo es el asesino!
En cuestion de segundos, el pueblo de Siena volvio a unirse, esta vez movido por el odio hacia el joven al que acababa de proclamar su heroe.
Aprovechando el revuelo, Salimbeni se atrevio a ordenar el arresto inmediato de Romeo y a declarar traidor a
